La discursividad alienista: matriz discursiva e ideología alienista en materiales académicos, ensayos sobre mujeres y archivos hospitalarios. Período 1876 y 1929. Estudio glotopolítico, histórico y sociológico
Proyecto de investigación
Universidad Nacional de Luján
Departamento de Ciencias Sociales
La discursividad alienista: matriz discursiva e ideología alienista en materiales académicos, ensayos sobre mujeres y archivos hospitalarios. Período 1876 y 1929. Estudio glotopolítico, histórico y sociológico
Directora de la investigación: Florencia Bernhardt
Período de trabajo: 2026/2029
Esta investigación toma como objeto de estudio la discursividad alienista sobre las enfermedades mentales atribuidas a las mujeres y las representaciones científicas que las avalaron en el período de 1876 a 1929. Las operaciones discursivas que se realizarán se orientan hacia la exploración de los géneros discursivos más destacados de un corpus organizado en tres grupos correspondientes a una selección de tesis de la Facultad de Ciencias Médicas del siglo XIX, ensayos científicos publicados en revistas de especialistas en el entresiglo y discursos inaugurales de las colonias psiquiátricas junto con documentación de ingreso de mujeres al asilo colonia psiquiátrica de Torres (Luján, Buenos Aires) en el período de 1915 a 1929.
En particular, la investigación aborda el estudio de la argumentación y la ideología, los objetos discursivos y la matriz discursiva producidos en el marco de las comunidades alienistas nacionales y se interroga acerca de la exitosa producción de los géneros discursivos que representaron a las comunidades y el valor de la escritura científica. La investigación está desarrollada en el ámbito de la glotopolítica y recurre, interdisciplinariamente, a estudios procedentes de la historia social, la sociología y estudios de mujeres.
Esta perspectiva, crítica e interdisciplinaria, articula saberes provenientes de las ciencias del lenguaje con aquellos referidos a las prácticas sociales en las que los discursos han sido producidos, es decir, la articulación disciplinaria ofrece la recuperación y el análisis de un archivo histórico desde su inicio en una comunidad discursiva designada como alienista, su estabilización como cultura hegemónica en los inicios del siglo XX y su práctica profesional en la colonia de Torres.
El corpus de análisis está delimitado por los géneros discursivos tesis de psiquiatras de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires (1876-1900), ensayos de las revistas Criminalogía Moderna (1898-1901) y Archivos de Criminalogía, Medicina Legal y Psiquiatría (1902-1913), discursos inaugurales y documentación psiquiátrica correspondiente a la internación de mujeres en el Asilo Colonia Montes de Oca, de Torres (Luján) desde su inicio en el siglo XX hasta 1929 así como también manuales e instructivos de enfermería y cuidados de pacientes.
El período de análisis establecido es en tres etapas que se corresponden con la construcción de la discursividad psiquiátrica del alienismo en el espacio académico, su consolidación como cultura científica en las publicaciones periódicas y su profesionalización en el espacio hospitalario asilar de encerramiento.
1.15. Monto solicitado al Departamento de Ciencias Sociales: $ (hasta 400 por año) XXX
1.16. Monto total del proyecto (monto consignado en 1.15 sumado a los montos obtenidos a través de otras instituciones): $ XXX
2. DESCRIPCIÓN DEL PROYECTO
2.1. Título del Proyecto
La discursividad alienista: matriz discursiva e ideología alienista en materiales académicos, ensayos sobre mujeres y archivos hospitalarios. Período 1876 y 1929. Estudio glotopolítico, histórico y sociológico.
2.2. Objetivos
A partir del análisis de los registros clínicos, ensayos científicos y documentación del Hospital de Alienadas y del Asilo Colonia de Torres:
- Caracterizar el campo científico en el que se inscribieron los tesistas, los objetos discursivos y los paradigmas designativos de esos objetos.
- Establecer los dispositivos científicos, ideológicos y argumentativos de las comunidades discursivas del alienismo en el entresiglo nacional.
- Reconstruir la matriz discursiva del alienismo psiquiátrico y criminológico desarrollada en las comunidades discursivas que participaron del campo científico del positivismo en el entresiglo nacional.
- Establecer las tecnologías discursivas, representaciones de ciencia y género y de la enfermedad mental femenina
- Evaluar los propósitos moralizantes y científicos de la escritura alienista.
2.3. Balance del estado del conocimiento sobre el tema
En este apartado están incluidos los principales textos orientativos sobre la temática tan amplia de anormalidad, locura, alienación, idiotez, tanto de trabajos extranjeros como locales. Las fuentes seleccionadas proceden de la historia social, de la sociología, la
psicología, la psiquiatría y la antropología y no presentan controversias importantes sino que son destacados enfoques. En algunos casos se presentan las principales líneas de investigación de los autores seleccionados y en otros a sus continuadores. En el campo del Análisis del Discurso es nula a investigación sobre el tema con excepción de la investigación y tesis de doctorado de Florencia Bernhardt (Proyecto Sigeva UNLu, 2022 y tesis de doctorado 2025 en evaluación). El aporte consiste en la articulación de las ciencias del lenguaje con la historia social y estudios de mujeres a partir del estudio de los principales géneros discursivos desarrollados por las comunidades alienistas. Fue realizado un recorrido argumentativo sobre las tecnologías del alienismo con relación a la normalidad/ anormalidad de las mujeres, las conductas exigidas y esperadas hacia ellas, las observaciones comportamentales en cuanto a la vida privada y al espacio social, régimen de castigo, reprimenda, o estigmatización, así como también se estudió la construcción argumentativa sobre la inferioridad biológica y jurídica de las mujeres.
Ese proceso de hegemonización discursiva del alienismo consistió en el otorgamiento del estatuto de cientificidad a un discurso de carácter coloquial, basado en creencias medievales, prejuicios contra las mujeres e ideología clasista y racista. La cientificidad estuvo generada por la presencia médica en instituciones hospitalarias primero y luego en otras de dominancia social como escuelas, cárceles, manicomios y asilos, institutos de internación de menores, etc., que hicieron visible el pensamiento alienista a través del régimen de creación y control de la discursividad social basada en fichas médicas, historias clínicas, fotografías y pericias criminales, interrogatorios pseudocientíficos, clasificaciones de enfermedades mentales y de delincuentes, etc. Este proceso de hegemonización regulado por la elaboración de géneros discursivos pertinentes para cada ocasión instauró la matriz discursiva alienista-positivista que se prolongó hasta avanzado el siglo XX.
En la primera parte de este balance se presenta “Estudios sobre la locura”, se incluyen estudios tradicionales y otros inaugurales como son los estudios iniciados por Michael Foucault en Francia, en particular el significado del surgimiento de la locura en la época clásica, el rol de las instituciones, el sentido del aislamiento, el castigo y la disciplina normativa. Su continuador Robert Castel y también Erving Goffman fueron muy importantes para la comprensión del sentido de la exclusión en la internación de personas diagnosticadas como “locas” u otras patologías.
Los estudios sobre positivismo en la Argentina fueron seleccionados a partir de textos procedentes de diferentes orientaciones de las ciencias sociales. Estos aportes son importantes para entender e interpretar los contextos para su vinculación con el análisis discursivo, de manera de correlacionar materiales verbales y visuales con acontecimientos históricos y pensamientos alienistas y positivistas.
Los aportes del orden nacional son principalmente los análisis de Vezzetti sobre la historia de la locura en nuestro país, él significado del alienismo y la criminología derivada de él; también fueron seleccionados conceptos y problemáticas de historiadores como S. Di Liscia, Armus y González Leandri que analizan la historia de la medicina en la Argentina y, en particular, Di Liscia se preocupa por la situación de las mujeres. A partir de J.C. Stagnaro son evidentes las tensiones entre los historiadores y los psiquiatras con relación al encerramiento manicomial de los siglos XIX y XX.
Con respecto a los estudios del positivismo seleccionados es importante aclarar que están relacionados con los estudios con los anteriores, no obstante, las principales fuentes para esta investigación fueron los aportes de R. Salvatore, O. Terán y J. Salessi.
El primer autor, Salvatore, explica la formación de una matriz positivista de tipo ideológica que fue instalada desde los espacios de poder institucional que construyeron los médicos-políticos. El segundo autor, Terán, explica la ideología positivista en cuanto a la construcción de la Nación argentina y cómo los supuestos darwinistas fueron trasladados al campo social especialmente a través de figuras como las de Ramos Mejía y José Ingenieros. El destacado libro de Salessi sobre el discurso médico explica el empoderamiento de la clase médica en los vaivenes del siglo XIX a partir de una mirada muy centrada en las prácticas políticas sobre las poblaciones inmigrantes y los sectores de más bajos recursos.
En el apartado titulado “Los estudios de mujeres y sobre mujeres” fueron seleccionados importantes estudios de la enfermedad mental desde la perspectiva de las mujeres. El recorte realizado contiene fuentes de dos clases. El primer grupo de fuentes corresponde a una selección de textos de De Lauretis, Stimpson y Navarro, Butler, Rubin, Scott, que me aportan a la comprensión de los conceptos sobre estudios de mujeres y de género en cuanto a la problemática de los intercambios sexuales y económicos entre hombres y mujeres, a las llamadas “tecnologías” de género y a los significados simbólicos, políticos, sociales e institucionales que implica la noción. Se incluyen los aportes muy destacados procedentes de los estudios de Donna Guy sobre nuestro país para la comprensión de la mirada médica patriarcal en la construcción del Estado.
El segundo grupo de fuentes, integrado por aportes de intelectuales argentinas, está constituido por materiales tomados de Barrancos, Martínez, Bayón, Pita y Castells que permiten acceder a la historia y significado de la situación de las mujeres que eran diagnosticadas con el estigma de enfermedades mentales o acusadas de delincuentes o de complicidad en el delito y que ingresaban a los psiquiátricos en el siglo XIX así como también a las características del encerramiento psiquiátrico y carcelario. Este recorte del objeto aporta coherencia al desarrollo histórico.
Por último, también serán consultados otros materiales procedentes de historia de la
psiquiatría, historia de la psicología, historia de las mujeres, historia social y estudios del discurso para adentrarme en el estudio de la problemática de la locura y del cautiverio psiquiátrico en nuestro país.
1.Estudios sobre la locura
Michel Foucault abordó los estudios sobre la locura en un inmenso recorrido registrado a partir de 1954 en “La constitución histórica de la enfermedad mental” (Enfermedad mental y psicología, 2016), texto en el que sitúa a la locura como una construcción occidental de carácter reciente que tiene el estatuto de enfermedad mental. Hasta ese entonces en la Antigüedad y Edad Media los locos eran considerados sujetos “poseídos” por fuerzas malignas u otro. A partir del siglo XVII se crean casas de exclusión para los locos en toda Europa, espacios en los que también se alojan a mendigos, delincuentes, etc., encerramiento que cumplió la función de silenciar la locura. En Francia particularmente a partir de la revolución francesa los espacios de encierro estuvieron destinados solamente a personas locas, momento en que adquieren una nueva significación, de carácter médico. Este tipo de reclusión se produjo tanto en Francia (Pinel) como en Inglaterra (Tuke y Wagnitz) y Alemania (Reil), reforma que significó “un doble advenimiento: el de un humanismo y el de una ciencia por fin positiva” (p. 137).
En Historia de la locura en la época clásica (2015) publicado en Francia en 1961 Foucault se interesa por el encerramiento de los tontos, locos y delincuentes en espacios comunes. Hasta el siglo XIX el problema de la locura era muy amplio y “polimorfo” y recibió diferentes interpretaciones y actitudes por parte de las iglesias, los estados y la medicina. Recién a partir del momento en el que desarrolla la idea de la locura como exclusión con la construcción de las casas de internación explica el sentido político de este gesto: “En el encierro que sufre el loco (…) están en juego no las relaciones de la locura con la enfermedad, sino las relaciones de la sociedad consigo misma”, problemática que elaborará posteriormente (p. 132). En el tomo II aborda las problemáticas de los médicos y de los rostros en la relación médico-paciente a partir de las tesis, los legajos, historias clínicas e imágenes y fotografías.
Posteriormente en El nacimiento de la clínica (2008) publicado en 1963 Foucault profundiza su interés por la relación de la medicina con la locura, texto en el que analiza la observación médica y el cuestionario que el médico le realiza al paciente como modos “mixtos” de alternancia entre lo visual de la observación y el lugar del lenguaje ocupado por el cuestionario o la observación de carácter “anatómico” y la enfermedad o locura. Establece que existe una correlación entre la mirada y el lenguaje médico forma un “cuadro” patológico pero también pedagógico por la verdad que formula y que espera ser
exhaustivo sobre el objeto que aborda (caps. 6 y 7). También en la 3ª conferencia de Brasil (1972) formula la hipótesis del hospital como tecnología disciplinaria para intervenir sobre los enfermos desde el punto de vista médico y administrativo. En Vigilar y Castigar (2015) desarrolla la temática del disciplinamiento, control y panóptico, de gran influencia en la tradición posterior. Los asilos colonia para la internación de personas con diagnóstico de enfermedad mental son ejemplos de estas tecnologías. También en El poder psiquiátrico (2014) Foucault ofrece herramientas invalorables para analizar la dinámica del asilo, del proceso de internación y la relación entre la institución, los médicos, los colaboradores y las personas internadas a través del análisis de la historia clínica, los espacios de encerramiento, la palabra médica, la escena de la interrogación, la organización de la anamnesis o clínica, la confesión, el relato, la argumentación, elementos que conforman el sistema de poder médico y muestran las marcas de saber: “Son ellas, y no el contenido de una ciencia, las que permitirán al alienista actuar como médico dentro de un asilo” (p. 221).
R. Castel (2009) se refiere a las instituciones psiquiátricas como espacios de administración del desorden que generó la locura en la edad de oro del alienismo y explica que la creación de asilos psiquiátricos tuvo la finalidad de administrar la enfermedad mental de la mano de los médicos. Así, los psiquiatras fueron los grandes administradores de la salud mental de la época. Castel caracteriza al alienismo como el grupo de médicos constituido a partir de las doctrinas del higienismo del cual toman distancia relativa en lo que concierne a la conformación de los espacios de internación de pacientes psiquiátricos, a los que llamaron en términos generales “alienados”. Con ellos surge una nueva tecnología para el tratamiento de la locura debido a que establecen la ampliación de los espacios de internación primero y la creación y construcción de espacios típicos de la visión alienista en los que se fomentan tratamientos de diverso carácter. Explica Castel que Pinel conectó tres características cuya articulación constituye la síntesis alienista: “clasificación del espacio institucional, organización nosográfica de las enfermedades mentales, imposición de una relación específica de poder entre médico y enfermo, el ‘tratamiento moral’” (p. 67), es decir, el ordenamiento del espacio hospitalario, que lo atribuye a P. Pinel. Alienista se denominó al médico que se ocupaba de la salud de las personas con problemas mentales y que avanzó hacia otros órdenes vinculados con la salud pública como fueron las tareas médicas en las instituciones de salud, luego la dirección de esas instituciones hasta estar a cargo y dirigir la construcción de edificios de encerramiento psiquiátrico y a cumplir funciones administrativas dentro del hospital.
Otro autor que trabaja en esa dirección con un aporte destacado es Irving Goffman quien en Internados. Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales (2001) ofrece una
cuidadosa descripción sobre el significado de las instituciones asilares, las características de la internación, los estereotipos culturales y sociales, las rupturas simbólicas del encerramiento de personas, la cultura del “interno”, la estigmatización, el despojo de los objetos personales, la relación con los parientes y las finalidades de la institución. Si bien estos ensayos se refieren a su experiencia en una institución psiquiátrica a finales de 1950, aportan significado para interpretar la internación asilar moderna. Al igual que Castel, Goffman explica que estas instituciones se caracterizan por presentar una organización burocrática de todos los órdenes bajo el sistema de vigilancia que promueve estereotipos antagónicos entre los diferentes espacios. En especial, resulta revelador el análisis que realiza sobre los procesos de admisión o borramiento de la historia propia (p. 29), de despojamiento y sumisión (p. 34) sobre los procedimientos de exhibicionismo (qué se muestra y qué se oculta) y falta de espacios íntimos para las personas internadas, así como la propia exhibición simbólica de este tipo de instituciones (p. 110); por último, realiza un análisis de los discursos sobre las condiciones degradantes de las personas internadas que justificarían las internaciones: “la significación implícita de las palabras es siempre una disminución típica de la personalidad del paciente” (p. 164).
En nuestro país fue realizada para esta investigación una selección a partir del destacado y extenso libro de Hugo Vezzetti (2006), La locura en Argentina, que recorre la historia de la medicina nacional. Libro del mismo nombre que el de Ingenieros (1920), explica la organización arquitectónica de los psiquiátricos como verdaderos dispositivos de control social que albergaban a tuberculosos, prostitutas, delincuentes, inmigrantes, etc. A su vez, realiza un análisis de la locura en la sociedad argentina desde Sarmiento a Ramos Mejía que destaca el pasaje de la cárcel al asilo bajo las reglas impuestas por el alienismo, de manera coincidente con Salessi (1995), otro de los autores tomados como aporte. Con relación al poder médico, Vezzetti, estima que “la naciente corporación médica se asume (…) como un factor esencial de la civilización y el progreso, y por ese sesgo propugna un sobre-investimiento político de su papel técnico.” (p. 38). Su libro deja en claro que la enfermedad mental fue tratada como una desviación moral vinculada con lo criminal, hipótesis demostrada una y otra vez a lo largo del desarrollo. En términos de Ricaurte Soler (1968), la característica fundamental de la teoría ética del positivismo argentino es la igualación entre determinismo biológico y sociológico: “lo biológico, concebido como la ultima ratio de todos los fenómenos humanos (…) se presentó como el núcleo de relaciones que explican el paso del determinismo de los fenómenos naturales al determinismo de los fenómenos humanos” (p. 208).
Para Vezzetti la tecnología de la locura que generó el alienismo no estuvo vinculada a una definición científico-médica de la enfermedad mental sino a los procedimientos de
internación, es decir, a la práctica asilar. Sus representantes destacados fueron Lucio Meléndez y Domingo Cabred, quienes trabajaron en el Hospital de Las Mercedes y luego Cabred desarrollará ampliamente dicha tecnología, con la proyección de más de 40 asilos y hospitales ubicados en diferentes lugares del país. También explica (1985) que el surgimiento de la criminología en la Argentina se debió a la labor de los positivistas procedentes de la Facultad de Ciencias Médicas y que se desarrolló a partir del auge de la psiquiatría. Esta perspectiva utilizó mecanismos de vigilancia y control social para encerrar, bajo el postulado de la peligrosidad, a sujetos considerados alienados, marginales, delincuentes o peligrosos. Esta nueva disciplina, la criminología, relacionaba la antropología de tipo criminal lombrosiana con la psiquiatría.
M. Silvia di Liscia (2002) da cuenta del proceso de “psiquiatrización de las prácticas” médicas ajenas a la tradición médica oficial por parte de la elite de médicos y psiquiatras que a través del reformismo social intervinieron en la administración pública, hospitales, cárceles, y asentaron las bases positivistas sobre la validez del conocimiento científico y auguraron un gran futuro político, sanitario y social afirmado en la creencia de la eficacia científica y en un futuro esperanzador para la nación argentina a la vez que evidenciaba en sus escasos resultados la precariedad de sus conocimientos científicos. Por su parte, María Silvia Di Liscia en “Dentro y fuera del hogar. Mujeres, familias y medicalización en Argentina, 1870-1940” (2005), explica que hacia 1880 estaba instalado un discurso médico aleccionador que fomentaba la higiene como pauta cultural de la salud, el monopolio médico y la intervención social de la medicina científica. El proceso de medicalización, que incluyó la valoración de la limpieza, el orden y la salud pública a través del acceso a servicios médicos, fue protagonizado especialmente por mujeres a cargo de la higiene familiar, el hogar y la maternidad, además de la paulatina profesionalización de recursos humanos femeninos en la educación, asistencia social, obstetricia, visitadoras, etc.
Diego Armus (2000, 2007) y Ricardo González Leandri (1998, 1999, 2012), analizan la enfermedad como problema social, la formación médica en relación con las necesidades de los diferentes gobiernos y la cuestión social en la Argentina a finales del siglo XIX, momento en que se constituyen nuevos campos profesionales y se incentiva la creación de los primeros psiquiátricos en la provincia de Buenos Aires. Armus en La ciudad impura (2007) explica que la higiene ocupó un lugar central en todos los discursos del poder durante el último tercio del siglo XIX no solo en la ciudad de Buenos Aires sino también en otros espacios del país: “En ese contexto (…) se incubaron los discursos de la degeneración y regeneración, de la reforma y el cambio social profundo. La higiene estuvo en el centro mismo de esos discursos… (p. 31).
En cuanto a la psiquiatría argentina Juan Carlos Stagnaro (2006) señala cuatro períodos
para el estudio de la psiquiatría como son el período de la “Ilustración católica (1776-1820); la Ideología o Ilustración Revolucionaria rivadaviana (1820-1830); el Romanticismo o Positivismo Autóctono alberdiano (1837-1864) y el Positivismo o naturalismo evolucionista (1880-1910)” (p. 11), el último período es en el que se inscribe esta investigación. Explica que en los primeros años del siglo XX se produjo la pérdida del pensamiento positivista ligada a la crisis del modelo agroexportador y al ascenso político de los sectores medios y asalariados hasta la crisis económica mundial de 1929 que terminó con el primer golpe militar en la Argentina. En los años posteriores se registraron importantes acontecimientos en el campo de la psiquiatría porque, por un lado, se produjo la caída de los proyectos del Dr. Domingo Cabred y “el dispositivo psiquiátrico se estancó en un funcionamiento definitivamente manicomial del que no salió más” (p. 11); por otro lado, cobró auge la escuela criminológica argentina de los doctores Francisco de Veyga y José Ingenieros, iniciada a finales del XIX.
En general hay cierta tensión entre dos ideas o posiciones en la bibliografía sobre los manicomios y asilos. Una de ellas, de predominio en los estudios procedentes de la historia y de la sociología, plantean que la construcción de las instituciones psiquiátricas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX se corresponde con la necesidad que tenía el Estado Nacional de controlar y hasta de eliminar del centro porteño a inmigrantes desocupados, borrachos, prostitutas, etc., es decir, el surgimiento y auge de la psiquiatría en la Argentina estaría relacionado o encontraría un sentido a partir de resolver las necesidades del control social del Estado Nacional (Vezzetti, Terán, Marquiegui, Requiere). La otra idea, predominante en estudios procedentes de la medicina, la psiquiatría y de la psicología hace énfasis en los desarrollos de la medicina en cuanto a la diversificación de sus especialidades, en la refundación de la Facultad de Medicina, en la formación universitaria específicas de los médicos y farmacéuticos y también en el poder que fue cobrando la corporación médica a medida que el Estado argentino procuraba programas de acciones sanitarias contra la diversidad de enfermedades que asolaron a la población en diversas épocas, especialmente notables después de la caída de Rosas y con la llegada de las inmigraciones cada vez más importantes. Fueron significativas las reiteradas epidemias de fiebre amarilla, de cólera, la tuberculosis y, también, la alienación, muchas veces relacionada con problemáticas específicas de clase y origen. Es decir, la segunda mitad del siglo XIX se vio impactada tanto por las problemáticas sociales y sanitarias propias como por la compulsiva llegada de la inmigración que aportaría sus propias problemáticas para presentar un escenario de múltiples complejidades, especialmente en Buenos Aires.
Stagnaro (2015) explica que:
Es necesario analizar más de cerca, con instrumentos historiográficos más adecuados, los conceptos que, cargados de un fardo ideológico frecuentemente no
explicitado, tienden a presentar el nacimiento de la psiquiatría exclusivamente como una maniobra de apropiación de la locura en el campo de la medicina con fines de control social. Un correcto estudio de los hechos puede permitirnos descubrir que el surgimiento de la especialidad, aunque no se desembarazó de ciertas dimensiones heredadas inspiradas en el miedo a la locura y su marginación, que estaban ya inscriptos en nuestra cultura, constituyó una transformación positiva de la forma en que la sociedad occidental comenzó a ocuparse de la locura en las últimas décadas del siglo XVIII y XIX. (…)
Si bien la psiquiatría en la Argentina se constituye en un campo disciplinario a partir de los aportes del grupo de Lucio Meléndez -lo que Stagnaro (1997) llama La Primera Matriz Disciplinar de la Psiquiatría en Argentina-, indudablemente los psiquiatras del alienismo nacional no tuvieron un comportamiento exclusivamente destinado al estudio y tratamiento de las enfermedades mentales, sino que constituyeron una organización estatal que controló grupos sociales de diversas procedencias, especialmente alienados, idiotas, marginales y alcohólicos en instituciones manicomiales.
2. El positivismo en la Argentina
Ricardo Salvatore (2002) elabora la hipótesis de que la criminología positivista nacional creó una nueva cultura estatal en la Argentina a través de la elaboración de tecnologías de poder propias y de una retórica necesaria para su ejercicio a través de las posiciones clave que ocuparon sus enunciadores. Sostiene que el positivismo y la construcción del estado moderno estuvieron íntimamente relacionados a través de la generación de espacios institucionales y tecnologías de poder procurados por el propio positivismo. Analiza el proceso de “diseminación” de ideas, de métodos de investigación, de técnicas de control de comportamiento y las políticas sociales ideadas por ellos. Pensado como un “estado dentro del estado” o como una variante “disciplinaria-rehabilitadora” dentro del estado oligárquico, el modelo de estado imaginado por los positivistas (el estado médico legal) se convirtió en un componente duradero del poder político y social en la Argentina (p. 81). La hipótesis de que el auge positivista influyó en los procesos disciplinarios del estado conservador (sic) queda demostrada con los argumentos que afirman que el positivismo logró: 1) la incorporación de ideas, conceptos y políticas de control y tratamiento de conductas desviadas por parte de instituciones disciplinarias; 2) la incorporación por parte del estado de prácticas positivistas en lo conceptual, categorías y procedimientos criminológicos especialmente en áreas como la justicia, la educación y la salud mental; 3) las transformaciones en la conducción, las prácticas y los programas de las instituciones del estado afectaron el ejercicio del poder.
Salvatore considera a la figura de Ingenieros como el difusor y transformador de la criminología a través de sus prácticas y publicaciones y del modelo de investigación importante elaborado en base a las evidencias sobre el delito y el castigo, la anormalidad o enfermedad mental obtenidas en psiquiátricos y cárceles y que posteriormente publicaba.
Los casos clínicos fueron refuerzos de la validez de los principios y las historias de vida que contenían ayudaban “a los agentes externos (la elite, el público) a descifrar la mente, la cultura y las actitudes de las nuevas clases trabajadoras inmigrantes” (p. 86).
Sumado a esto, la creencia en la eficacia del método científico aumentaba a partir de las nuevas taxonomías, pruebas más agudas, investigación experimental y evidencias clínicas que el grupo producía. También sostiene que el positivismo local pudo realizar una reconfiguración de las ideas de Lombroso hacia una inclinación psicológica. La nueva mirada iba hacia las debilidades, anormalidades y psicopatologías. Lo que antes se llamaba “mala vida” ahora quedaba asimilado a una enfermedad del cuerpo, la mente y el espíritu y como tal, detectable mediante exámenes clínicos. “El delincuente nato de ayer era reemplazado por el individuo anormal y peligroso, inadaptado a la competencia social por los recursos económicos (…) Como resultado, el objetivo de controlar el delito terminaba por depender de los descubrimientos de la psicología y la patología” (p. 89). Las relaciones entre positivistas y conservadores fue posible con la construcción de alianzas que tuvieron la finalidad de obtener espacios institucionales para el despliegue de sus políticas mientras que otros espacios quedaban para la dirigencia conservadora. La colaboración entre ambos grupos se construyó en interacciones comunicativas y se solidificó por medio del lenguaje.
Su aporte fue la interpretación de la realidad social desde la mirada positivista y la propuesta de políticas sociales de acuerdo con el nuevo régimen del ejercicio del poder.
Oscar Terán en Positivismo y Nación (1987) explica que el positivismo fue una ideología dominante o hegemónica en la Argentina que articuló diferentes instituciones como las sanitarias, educativas, militares, etc., es decir, en diferentes campos culturales y estatales y formó su propio campo científico, organizado en torno a publicaciones de diversos tipos como ensayos, publicaciones periódicas. Terán (1987, 2015) explica que la organización de la matriz dominante del positivismo tuvo un rol hegemónico en nuestro país en dos aspectos: “por su capacidad de plantear una interpretación verosímil de estas realidades nacionales cuanto por articularse con instituciones que -como las educativas, jurídicas, sanitarias o militares- tramaron un sólido tejido de prácticas sociales en el momento de la consolidación del Estado y la nación” (p. 11). Terán analiza el ensayo positivista como una “intervención discursiva exitosa” que explicaba los efectos negativos del proceso de modernización con la finalidad de reflexionar sobre las dificultades y, también, sobre el “problema de la invención de una nación” (p. 12).
Si bien el positivismo latinoamericano adhirió a posturas de carácter biológico también
consideró la posibilidad de enfrentar reformas sociales en términos de la dinámica del progreso, especialmente en los espacios de la modernización de la vida urbana que sufrían las inmigraciones y temían por la gobernabilidad. Estas situaciones condujeron a planteos relacionados con la construcción de una nación.
Dentro del positivismo predominaron los criterios del “darwinismo social” (Terán, 2015), concepción errónea de aparente cientificidad “dentro de la cual florecieron las interpretaciones del positivismo argentino” (p. 139) que consistió en una interpretación de los postulados darwinianos basados en la subsistencia de las mejores o superiores especies y no en las que mejor se adaptan al medio. Los adaptados no tienen necesariamente que ser los mejores o los superiores, pero el positivismo entendió que los adaptados eran los superiores y por lo tanto derivó la idea de progreso, la evolución de las especies fue relacionada con las mejores especies y no con la idea de supervivencia. Una de las más importantes ideas científicas que tuvo el positivismo fue adoptar la concepción que establece correspondencia entre caracteres hereditarios y capacidades morales e intelectuales, campo semántico en relación con las ideas de la superioridad de la raza blanca, ideología que avalará las relaciones sociales encontradas entre las diferentes clases sociales, en la forma de mirar al otro extranjero y también en la forma de percibir la cultura popular.
La participación de José Ingenieros en el marco de la cultura positivista genera en términos de ciencia, la idea de objetividad y experimentación -a partir de Spencer-. En términos de Terán, las bases creadas por Ingenieros para la construcción de un modelo social están jerarquizadas en tres estratos o sectores:
En la cima, las minorías poseedoras de ideales y del saber científico, encargadas de liderar los cambios sociales; luego las multitudes honestas, productivas y mediocres, auténticos baluartes del orden, y ambas separadas de los márgenes donde pulular los sujetos de la locura y el delito (a veces en las vecindades del anarquismo terrorista). De ese modo, Ingenieros entiende que la nave de la argentinidad podrá alcanzar el destino de grandeza que la torna excepcional dentro del contexto latinoamericano. (p. 154)
El inquietante libro de Jorge Salessi (1995) Médicos maleantes y maricas. Higiene, criminología y homosexualidad en la construcción de la nación argentina. (Buenos Aires: 1871-1914) Salessi aborda la problemática sobre las multitudes del entresiglo, cuestión fundamental que preocupará a los positivistas y que generará estrategias de control y vigilancia con la finalidad de garantizar la gobernabilidad del gobierno centralizado y regido por minorías. Plantea un modelo de país que fue transformado en un espacio de vigilancia y de control social nacional, moral y sanitario, a través de una mirada panóptica que sustituyó la vigilancia por cuarentenas y que incluyó la creación de “colonias” para el encerramiento multitudinario de personas en espacios alejados de la capital federal, bajo el sistema open door.
En específico trabaja la metáfora del país como cuerpo a partir de El matadero de Echeverría hasta iniciado el siglo XX. Pone de relieve la higiene como proyecto liberal de integración económica mundial junto con la diseminación de las nociones de género, clase social y respetabilidad burguesa. Desarrolla diferentes momentos del alienismo de acuerdo con los medios de vigilancia desde las cuarentenas impuestas por las epidemias de fiebre amarilla hasta la vigilancia panóptica y la imposición de hábitos de higiene así como también analiza la prolífica producción de ensayos, informes, libros de los higienistas que documentaron la constitución de un sistema de control social nacional, de manera coincidente con Salvatore (2002) y a partir de la noción del panoptismo de Foucault que resultó reveladora de la transformación de la sociedad argentina en una sociedad moderna, y por lo tanto, disciplinada.
3. Estudios de mujeres
Los estudios de procedencia extranjeras corresponden, en primer lugar, a “Los cuerpos dóciles” (Vigilar y Castigar, 2015), texto en el que Foucault explica que si bien en toda sociedad el cuerpo está atrapado en el interior de los poderes a partir de la edad clásica el cuerpo pudo ser sometido, utilizado, transformado y perfeccionado a partir de nuevas técnicas de control ejercidas por las disciplinas. A partir del surgimiento de los sistemas disciplinarios el cuerpo fue regulado, controlado y retenido dentro de la significación política en “una nueva “microfísica” del poder (…), como si tendieran a cubrir el cuerpo social entero” (p. 161). Estos sistemas establecen regímenes de leyes y mecanismos penales del tipo de “micropenalidad” del tiempo, de la actividad, de la palabra y del cuerpo que regulan todo tipo de conductas y que ante la falta el sujeto se encuentre en situación de castigo. También, lo que no se ajusta a la regla, la desviación o falta impone un castigo de tipo disciplinario, es decir, correctivo: es una regla que se impone como correctivo de las desviaciones, como un encauzamiento de la conducta que obedece al mecanismo de un doble sistema de gratificación y castigo para calificar a las conductas en una división elemental de lo bueno y lo malo o lo permitido y lo prohibido. Como última característica, este sistema punitivo distribuye rangos jerárquicos de ascensos y retrocesos a buenos y malos y lo que se castiga debe borrarse, desaparecer, de manera que todos queden sometidos por el mismo modelo de disciplina que subordina dócilmente
Para Foucault el sujeto está constituido por los discursos y las prácticas de poder (La arqueología del saber y La voluntad de saber, en Historia de la sexualidad) que se proporciona en diferentes formas de acuerdo con cómo el poder es ejercido y regula las formas de la sexualidad a través de tecnologías como la medicina, la ley, los mecanismos de control y vigilancia, las clasificaciones, los exámenes y las regulaciones sobre el cuerpo y la sexualidad. Durante el siglo XIX en Francia: “el sexo parece inscribirse en dos registros de saber muy distintos: una biología de la reproducción que se desarrolló según (…) una normatividad científica general, y una medicina del sexo que obedeció a muy otras reglas de formación” (p. 69). Para Foucault, la historia de la sexualidad es la historia de los discursos, afirmación en la que apoya la hipótesis de su trabajo en el cual plantea que la sociedad del siglo XVIII -burguesa, capitalista o industrial-, puso en acción “todo un aparato para producir sobre él -el sexo- discursos verdaderos” (p. 87).
En relación con lo anterior, los textos de Teresa De Lauretis (1992 y 1996) -que a su vez parten de Historia de la sexualidad de Foucault- sitúan la noción de tecnologías del género para establecer las representaciones ideológicas del género en los espacios discursivos según las posiciones más o menos hegemónicas de los discursos. De Lauretis se refiere así a los procesos sociales, históricos y culturales que construyen los mecanismos que generan las tecnologías de género. La categoría mujer ha sido pensada en un conjunto de relaciones que se derivan de categorías económicas y como categorías biológicas; vinculadas o separadas, en ambos casos los resultados de estas procedencias, exclusivamente binarias, ubicaron a la mujer en posiciones culturales o sociales de inferioridad respecto de los hombres en cuanto a su sexualidad, su labor en una economía, su lugar en la cultura.
Pero mujer/es no es una categoría biológica ni es tampoco una categoría cultural, en el sentido de que no es válido establecer un equivalente cultural de la categoría sexual porque se estaría significando lo mismo desde diferentes puntos de vista: los criterios de diferenciación sean biológicos o antropológicos siguieron siendo binarios, y por lo tanto, heterosexuales, en vez de plantear criterios alternativos. El género ya no debe ser pensado como una propiedad de un cuerpo sino como un entrecruzamiento de relaciones sociales, individuales, comportamientos, determinaciones, es decir, como un despliegue de tecnologías complejas.
Pensar mujer/es a través sexo mujer y género femenino es una categoría genérica por la homogeneidad en sí misma que sigue el planteo de las posiciones de la mujer/es en un orden simbólico que sigue siendo bipolar y opaca las diferencias relacionales que adoptan las mujeres entre sí. El género debe designar «el mismo aparato de producción mediante el cual los mismos sexos son establecidos. Género no es a cultura como sexo a naturaleza: el género es también el medio discursivo/cultural mediante el cual la naturaleza sexuada o un sexo natural se produce y establece como prediscursivo, anterior a la cultura, una superficie políticamente sobre la que la cultura actúa (Butler, 1997). La lectura de la sentencia de
Beauvoir «No se nace mujer, se llega a serlo», le permite a Butler (1996) hablar de la diferencia entre los atributos sexuales biológicos y la interpretación cultural del sexo. Ser mujer significaría una elección sobre el género a partir del sexo que se tiene. Se es un cuerpo y se llega a ser un género; ese movimiento es la forma cultural que toma el cuerpo original, que no es lineal pero que en cierto momento queda fijado; no se puede fijar el origen del género de manera definible porque es un movimiento incesante de relaciones culturales y psíquicas pasadas que el género organiza y sitúa a través de esas normas y hace vivir al cuerpo en el mundo.
Butler plantea que S. de Beauvoir tiene una concepción de género de acto diario e interpretación, se refiere al acto volitivo por el que se asume el género. Llegar a ser género sería un proceso de interpretación de la realidad cultural, implicaría la elección e interpretación de normas ya establecidas, sanciones, no sería una tarea prescriptiva sino una tarea permanente. Butler plantea cómo las normas de género resultan constrictivas socialmente para el ejercicio de la libertad de género. El acatamiento o la desviación de género son enormes, no se puede existir en un sentido socialmente significativo fuera de las normas de género establecidas; extraviarse del género pone en cuestión la propia existencia: «La angustia o el terror de abandonar un género prescrito o de meterse sin derecho en otro territorio de género da testimonio de los constreñimientos sociales sobre la interpretación de género así como de la necesidad de que haya una interpretación, i.e., de la libertad esencial que hay en el origen del género»(p. 310). La alternativa de Beauvoir para la polaridad de género (descorporizado masculino y esclavizado femenino) es la noción de cuerpo como situación, que comporta un significado doble: como locus de interpretaciones culturales -realidad material localizada y definida en un contexto social- y como tener que asumir el conjunto de interpretaciones recibidas. El cuerpo es un locus del proceso dialéctico interpretativo de las interpretaciones históricas, es el nexo de cultura y elección; «existir» el cuerpo es asumir y reinterpretar las normas de género -constreñimientos sociales- cuya particularidad es la forma de politizar la vida personal. Siguiendo a Judith Buther, el cuerpo como situación personal cuestiona las nociones de cuerpo natural y de sexo natural, más delimitadas por las instituciones culturales que por la anatomía. Las consecuencias no formuladas de las afirmaciones de Beauvoir plantean si el género necesita estar vinculado al sexo o si este vínculo es una convención cultural. Si el género es una forma de existir el cuerpo y el cuerpo es una situación -un campo de posibilidades culturales recibidas y reinterpretadas-, tanto el sexo como el género parecen ser cuestiones culturales.
Marysa Navarro y Catharine Stimpson publicaron una muy importante colección de cuatro tomos sobre estudios de mujeres y estudios de género que abarca las principales contribuciones de las disciplinas que integran el campo social, especialmente de la antropología, el psicoanálisis, la economía y otros. En este marco son revisados los conceptos heredados de las concepciones del binarismo biológico y psicológico de sexo y género bajo el criterio de la diferenciación entre naturaleza o sexo y cultura o género. Estas concepciones culturales presentan categorías que son en apariencia complementarias pero en realidad excluyentes tanto desde el punto de vista biológico como cultural. De esta manera, las relaciones entre hombres y mujeres resultan asimétricas y con consecuencias en la organización y el conflicto social. A partir de relecturas de las teorías del psicoanálisis surge, como término para aportar al debate de la relación sexo-cultura, la sexualidad entendida como una erótica, como el deseo de la mujer en la cultura. El género, como la sexualidad, no es una propiedad del cuerpo sino un conjunto de efectos producidos sobre él, los comportamientos y relaciones sociales.
Uno de los ensayos más destacados y debatidos1 pertenece a Gayle Rubin, «El tráfico de mujeres: notas sobre la economía política del sexo» (1998) analiza los sistemas de opresión que padecen y han padecido las mujeres y expone la hipótesis de que no tienen que ver con las mujeres en sí mismas sino con los sistemas de relaciones en cada momento de la cultura. Su objetivo es estudiar el sistema de relaciones opresivas de las mujeres en la obra de C. Lévi Strauss y S. Freud, figuras centrales en los estudios culturales de occidente en cuyos estudios no tuvieron en cuenta las consecuencias que sus conceptualizaciones misóginas de las mujeres producen, aunque sí aportaron instrumentos teóricos desde los que se podrán observar los sistemas que las oprime.
La lectura de Rubin sobre Las estructuras elementales del parentesco de L. Strauss aclara que el funcionamiento interno de los sistemas de parentesco es un tema controversial en el campo de la antropología debido a las variaciones normativas de una cultura a otra. Cuando Lévi Strauss explica el concepto de matrimonio en realidad se refiere a «una sociedad que no asume un sujeto humano abstracto y sin género sino que, por el contrario, este sujeto es siempre hombre o mujer y por lo tanto es posible seguir los destinos sociales divergentes de los dos sexos. Como para Lévi Strauss la esencia de los sistemas de parentesco está en el intercambio de mujeres entre hombres, implícitamente construye una teoría de la opresión sexual” (p. 29). Rubin analiza críticamente el concepto de «intercambio de mujeres»: si las consecuencias del tabú del incesto organizan el origen de la cultura, la derrota histórica de las mujeres ocurrió en ese mismo origen. Lévi Strauss no tuvo en cuenta otros tipos de intercambios en otras culturas, ni otras culturas en las que el concepto no sería eficaz. Las transacciones entre los hombres expresan, además de que no sólo intercambiaban mujeres, que las mujeres no tienen los mismos derechos que los hombres ni sobre los hombres y que no tienen derechos plenos sobre sí mismas.
De la misma manera, al analizar la división sexual del trabajo, advierte que para Lévi Strauss es el mecanismo que establece la dependencia entre sexos, es decir, un tabú contra la igualdad sexual, pero este tabú es el que crea el género e impone un matrimonio heterosexual. La idea de género está impuesta como categoría excluyente frente a la naturaleza de los cuerpos, no es la expresión de diferencias naturales sino la supresión de las semejanzas. El sistema social, así, reprime lo que hay de «femenino» en el hombre y de «masculino» en la mujer, es decir, no sólo reprime a las mujeres en el intercambio sino a todos en una rígida división. El tabú del incesto presupone un tabú inicial, menos elaborado y anterior que es el tabú de la homosexualidad. «Una prohibición contra algunas uniones heterosexuales presupone un tabú contra las uniones no heterosexuales. El género no sólo es una identificación con un sexo, implica además dirigir el deseo sexual hacia el otro sexo. La división sexual del trabajo está implícita en los dos aspectos del género: los crea macho y hembra y los crea heterosexuales. La supresión del componente homosexual de la sexualidad humana, y su corolario, la opresión de los homosexuales, es por consiguiente un producto del mismo sistema cuyas reglas y relaciones oprimen a las mujeres” (p.39). Aclara Rubin que la antropología no explica cómo se fijan en las personas -en los niños- las reglas de sexo y género en la sociedad, pero sí el psicoanálisis, teoría que revisará y formulará una crítica. En los comentarios sobre el psicoanálisis freudiano analiza la confusión sobre la intención reparadora de los individuos que se “apartan” del camino biológico: la práctica clínica transforma la ley moral en ley científica: «el psicoanálisis se ha convertido a menudo en algo más que una teoría de los mecanismos de reproducción de los arreglos sexuales: se ha transformado en uno de los mecanismos” (p. 43), criterio que cuestionará como parte de la tarea de desmantelamiento del “aparato de coerción sexual”, se ha hecho necesaria una crítica al psicoanálisis». Señala Rubin que los documentos del psicoanálisis son un lugar esclarecedor para advertir el rechazo de Freud hacia los movimientos de mujeres y de homosexuales, y que las consecuencias de la teorización freudiana han sido habitualmente reprimidas.
Las afirmaciones que plantean que la feminidad es la consecuencia de la diferencia anatómica entre los sexos -determinismo biológico- y la inferioridad de los genitales femeninos es producto del contexto situacional. En algún sentido el complejo de Edipo es la circulación del falo en el intercambio familiar, el falo pasa de un hombre a otro hombre a través de la mediación de la mujer. En este sentido, el falo no sólo es lo que distingue a los sexos sino lo que confiere el estatuto de lo masculino en detrimento de lo femenino sobre el que los hombres adquieren algunos derechos. Las consecuencias son la identidad de género y la división sexual pero además, también el concepto de envidia de pene. El varón había renunciado a la madre por temor de que el padre lo castre, y a cambio de esta renuncia el padre le dará el falo. Hay una permutación simbólica de madre por falo que le permitirá
adquirir, en el contrato social, otra mujer. Pero en la niña es más complejo porque, además del tabú del incesto y de la división sexual en géneros descubre que el tabú es sobre todas las mujeres, a diferencia del varón que reposa sobre algunas mujeres.
Las reglas dominantes de la cultura heterosexual hacen que la niña entienda que las mujeres son amadas por quien posee un falo que ella, a su vez, no posee, es decir, no tiene un elemento simbólico para intercambiar por una mujer, como sí tiene el varón, lo que le conferirá sentimientos de inferioridad hacia su propia genitalidad. La niña reconoce la castración, se aparta de la madre y se vuelve al padre que sí tiene el falo; sólo que el padre no se lo otorga, sino que la ubica en un lugar simbólico de la cultura para que pueda acceder a la red de intercambio de los hombres.
De esta manera «la creación de la «feminidad» en las mujeres por medio de la socialización es un acto de brutalidad psíquica que deja en ellas un inmenso resentimiento por la represión a la que fueron sometidas. También es posible argumentar que las mujeres tienen pocos medios para expresar y actuar sobre su cólera residual. Los ensayos de Freud sobre la feminidad pueden ser leídos como descripciones de cómo se prepara psicológicamente a un grupo desde su más tierna edad para convivir con la opresión». La niña castrada se vuelve hacia su padre y descubre que el requisito para conseguir su amor es el estar castrada; entonces comienza a desear la castración, se convierte en deseo lo que antes era su desdicha, lo que dará lugar al deseo masoquista.
Joan Scott en “El género: una categoría útil para el análisis histórico” (1999) explica que la historiografía tradicional ha invisibilizado los estudios de mujeres de manera que su interés consiste en introducir la noción de género como categoría analítica, histórica, cultural y situada que exprese construcciones relacionales sobre la atribución sexual de las personas. La historia, como ciencia productora de sentido y de lenguaje ha desconocido la labor y las posiciones que ocuparon las mujeres.
Analiza la complejidad del término “género”, categoría que no supone desigualdades ni menciona a las mujeres como sujetos del género a diferencia del sintagma historia de las mujeres. También el término se utiliza para designar las relaciones sociales entre los sexos, uso que rechaza el paradigma biológico e instala al sexo como construcción cultural: “El empleo de género hace hincapié en todo un sistema de relaciones que puede incluir el sexo, pero que no está directamente determinado por éste ni tampoco es directamente determinante de la sexualidad” (p. 53), no obstante, los historiadores no han abordado explícitamente las diferentes clases de relaciones entre los sexos, por lo que la categoría no sería válida por lo que realiza una extensa crítica a diferentes perspectivas de los estudios históricos que, generalmente, han desconocido la categoría. Aporta una muy importante definición de género referida a un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en 1) la percepción de las diferencias sexuales y 2) como forma primaria de relaciones simbólicas de poder; de esta manera los cambios en las relaciones sociales “siempre corresponden a cambios en las representaciones de poder” (p. 65), dirección que no es necesariamente única.
Como elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en diferencias percibidas entre sexos, el género implica cuatro elementos interrelacionados como son 1) los símbolos que evocan múltiples representaciones (María, Eva como símbolos de mujer); 2) los conceptos normativos que basados en los símbolos como metáforas o doctrinas educativas, científicas, etc.; 3) la desestabilización y el debate sobre la representación binaria del género haciendo referencia a las instituciones sociales (“el género se construye a través del sistema de parentesco pero no exclusivamente a través de este” p. 67); el cuarto aspecto es la identidad subjetiva y no biológica sino culturalizada. Este esquema puede utilizarse para discutir sobre “la clase, la raza, la etnicidad o sobre cualquier otro proceso social” (p. 68). Por último, su (segunda) propuesta de género determina la noción de género como forma primaria de las relaciones simbólicas del poder, como campo en el que se determina el poder.
Donna Guy en El sexo peligroso, capítulo 3 “Enfermedad venérea, salud pública y delito” (1991) explica que la propagación de enfermedades venéreas puso a los reformistas urbanos del siglo XIX en una compleja situación porque no sabían cómo resolverla. En la lucha contra las enfermedades de esta clase y para el control de la prostitución participaron de manera muy comprometida los médicos higienistas, los políticos y la policía, situación que dejó en evidencia “cómo la enfermedad y el delito se identificaban y se interpretaban en términos de clase, género y moral” (p. 104). Explica esta autora que a partir de la unificación nacional en 1852 los doctores Rawson, Cantón y Wilde cumplieron roles de dirigentes políticos y de médicos y, de esta manera, la política “se volvió inseparable” de la salud pública.
Los diferentes esfuerzos por controlar la prostitución a lo largo de las décadas terminó con una ordenanza de Buenos Aires en 1875 que tenía la finalidad de proteger a las familias de las enfermedades venéreas. Las mujeres quedaban definidas por su “peligrosidad médica, su sexualidad y su función económica” (p. 243), sistema legal vinculado con las mujeres a partir del cual médicos higienistas, políticos y escritores se dedicaron a estudiar el género, las clases sociales y la nacionalidad argentinas. Para la autora, la relación de género y nación se relacionaron fuertemente y así la categoría de género quedaba vinculada con la idea de nación argentina a partir de la combinación de criterios morales y médicos con los que se abordaban derechos civiles y avanzaban sobre los derechos de la prostitución: “La clase se combinó no sólo con los problemas del género y la nacionalidad, sino también con el futuro de la familia argentina”, las mujeres de las clases bajas se dedicaban al comercio sexual por motivos de pobreza y los hombres de todas las clases sociales buscaban prostitutas, por lo que estaba en riesgo la familia argentina y las enfermedades venéreas fueron percibidas como un problema de clase. En coincidencia con Armus (2007) y reforzando su hipótesis Guy menciona que la cultura urbana de las novelas y las letras de tango reforzaban la relación entre clase social y enfermedad.
En el orden nacional fueron seleccionados los trabajos “Inferioridad jurídica y encierro doméstico” (2000) e Inclusión/Exclusión. Historia de mujeres (2001) de Dora Barrancos, materiales donde explica que desde el punto de vista legal las mujeres del siglo XIX estaban en inferioridad de derechos con relación a los hombres, es decir, privadas del ejercicio de plena capacidad civil. Inclusive con la codificación de los códigos civil y penal de 1869 y 1886 permaneció el uso jurídico de incapacidad de las mujeres frente a los hombres de la familia como padres, esposos, hijos, hermanos. La mujer soltera quedaba librada a la voluntad de los hombres de la familia, la mujer casada al esposo, la viuda podía ser tutora o curadora de los hijos. La inferioridad y marginalidad sociofamiliar tenía un correlato en la naturaleza, que la biología sacralizó y que la ciencia positivista instaló:
La incontable experiencia de la sociedad burguesa coincidió en la minusvalía del sexo femenino, tal vez azuzada por dos grandes ideaciones fantasmales, contradictorias pero sinérgicas para la óptica patriarcal: la incertidumbre acerca de la ingobernabilidad de las mujeres y la certeza de su inferioridad biológica. La atracción mutua de los términos se imponía y el resultado convenció a los varones sobre la necesidad de prevención: igualar a las mujeres frente al derecho era como pedir a la Naturaleza que se comportara con sus propias normas. Además, la Ciencia concurría a evidenciar las propiedades asimétricas del dimorfismo, comenzando por la más extraordinaria -o al menos la más productiva- de sus concepciones: el evolucionismo. Los sexos podían haber orillado la pérdida del rumbo normativo con estallidos como la Revolución Francesa -fenómenos caóticos que podían conmover toda sujeción-, pero la razón volvía por entero a su cauce y las leyes científicas explicaban la imperfección distributiva presentada por los sexos. (p. 112)
Es decir, no solo la mujer ocupó un lugar minusválido con respecto al hombre sino también señala cómo esa posición estaba relacionada el principio de ingobernabilidad o rebeldía, y el principio de inferioridad: la mujer en el ámbito sociofamiliar y en el ámbito natural estaba sometida o reducida, fenómeno que la ciencia utilizaría para su beneficio y contribuiría a su mayor sometimiento.
Una importante expresión del poder médico se manifestó en el diseño de proyectos de cautiverio psiquiátrico relacionado con el orden político (Pita, 2000). En esas casas de internación había problemas de hacinamiento en convivencia de diferentes patologías y grados de agresividad o violencia, no había suficiente atención por parte de los médicos debido al hacinamiento, ni controles posibles (Bayón, 2000) por lo que estas instituciones se transformaron en depósitos de mujeres por tiempo indefinido. Señala Bayón (2011) al respecto:
Un hospital proyectado para sacarlas de las calles y la cárcel y que terminó convirtiéndose en un depósito donde raras veces se curaba y siempre se malvivía. Creemos probable también que el discurso que trató de excluir a las mujeres del mundo laboral contribuyó a profundizar esta situación, al no ser consideradas como mano de obra útil o necesaria. (…) En cuanto al papel del Estado y la Sociedad de Beneficencia creemos necesario señalar que la representación social de la locura en esa época determinó que el loco era una persona sin utilidad, una carga pública que debía conformarse con lo que le daban. (págs. 9 y 10)
En este sentido el hospital psiquiátrico, en alguna medida, reemplazó a la cárcel: se transformó en un espacio nuevamente de hacinamiento y de maltrato, destino inexorable que parecen haber tenido todas las experiencias conocidas o comentadas en cuanto a este tipo de instituciones.
Dice Silvia Bayón en “Las locas de Buenos Aires”:
Este dispositivo comenzó a conformarse a partir aproximadamente de 1880 – después de la construcción de los hospitales de alienados para hombres y mujeres en Buenos Aires- deslindando modelos de normalidad y anormalidad. Mientras al principio la locura fue vista como un desorden moral, la relación de médicos argentinos con pares extranjeros, lo mismo que el desarrollo del espacio manicomial – que permitió la observación de conductas y el conocimiento directo de patologías -, produjo la construcción de un discurso específico. (…) por otra parte, al menos durante este período, el discurso científico no perdió de vista el ideal del hombre moral, del buen ciudadano que el sistema se proponía como objetivo. Además, debió enfrentarse con una realidad social en la que se creyó necesario intervenir para disciplinar, ordenar y en todo caso segregar en el hospicio a los que no se adaptaran a los moldes previstos. Tal como sucedió en otros países, los muros de los manicomios como centros de investigación y observación de locos y locas ponían, ladrillo sobre ladrillo, la separación entre lo normal y lo patológico. (p. 2)
En el caso de las mujeres inmigrantes la situación recrudecía al tener que adaptarse a un nuevo espacio, a un nuevo lenguaje, a una nueva cultura. El escenario que se presentaba de sometimiento físico y psíquico no está alejado de la alienación (Bayón, 2000). Además, las poblaciones que predominaban en las instituciones psiquiátricas procedían generalmente de sectores de bajos recursos por lo que debían devolver al Estado y a la institución los servicios que recibían a cambio de tareas de costura o limpieza. En general se fabricaban en esta institución los trajes para el ejército, es decir, el hecho de estar internadas suponía para las mujeres la retribución de los servicios de cuidado en horas de trabajo, aunque también, debido a que la responsabilidad del establecimiento estuvo a cargo durante la primera época de las monjas de las “Hermanas de la Caridad”, se exigía la dedicación a las prácticas religiosas. Las mujeres que procedían de familias con mayores recursos eran alojadas en mejores condiciones ya que podían pagar por su estadía. Así, el Hospicio de Mujeres Dementes tuvo una organización basada en la separación de mujeres por el nivel de peligrosidad según las diferentes patologías, pero también se basó en la discriminación por clase social y la obligación de la producción de insumos.
A las internaciones de mujeres con problemas de salud mental, es decir, “dementes” o “alienadas”, se suma la problemática de la internación de mujeres juzgadas con diferentes tipos de condenas y derivadas a la institución por la justicia primero y luego por la policía, lo que ocasionaba diferentes tipos de problemas entre las diferentes poblaciones de mujeres y también tensiones entre las cuidadoras, empleadas y directivas.
El siglo XIX otorgó la facultad de corrección y punición a una diversidad de instituciones de carácter ajeno al estatal como fueron la iglesia y otras instituciones, si bien las decisiones sobre los bienes de las mujeres fueron tomadas por los jefes de familia. El Código Civil de 1869, que rigió desde 1871, reconoció la mayoría de edad a los 22 años para hombres y mujeres, sin embargo, Romina Martínez (2010) explica que el artículo 55 inciso 2 estableció que la mujer casada era incapaz y estaba bajo la representación del marido debía ser obediente de su marido y que no estaba jurídicamente autorizada para disponer ni administrar de sus bienes.
El derecho penal tuvo como paradigma el modelo de mujer asociado al hogar, la familiar y la honestidad; el Código Penal aprobado en 1886 sostiene esos rasgos a través de la permanencia de normas con relación al orden familiar y maternal: las mujeres “honestas” podían ser detenidas en sus casas; el infanticidio tenía pena de reclusión de hasta tres años; el aborto hasta cuatro años. “Asimismo, el término mujer es utilizado en relación con el embarazo, el parto, es decir, con la mujer en su rol de madre. Maternidad, sexualidad y dependencia son las características de la mujer como objeto de represión y/o tutela penal” (p. 6).
Al respecto analiza diferentes casos significativos de mujeres que fueron encerradas en el Hospital de Mujeres Dementes no por motivos relacionados con la insania mental sino por disposición del cumplimiento de delitos, es decir, los dictámenes judiciales disponían el encerramiento de mujeres, cuestión que relaciona y pone de relieve la conexión entre el encerramiento de mujeres en instituciones psiquiátricas tanto por enfermedad mental como por delito o crimen. Algunos de los casos que demuestran esta situación -conflictiva- son el de Brígida Rueda, juzgada por infanticidio en 1855 y condenada a cumplir servicios de ocho años en el Hospital; los casos de Francisca Aurret o Constancia Labardén condenada a cumplir tres meses de servicio; Aurelia Segueiros condenada a cumplir un año de servicio; Micaela Fernández condenada a cumplir dos años de servicio. En muchos de ellos
se ignora el delito o la condena. Esta situación de convivencia de mujeres de diferentes procedencias por motivos de orden psíquico o mental, legal o social como era el caso de las mujeres que vivían en la calle, las dedicadas a la prostitución, las enfermas, las inmigrantes desvalidas, fue inquietante para el nuevo orden nacional.
Valeria Pita (2012) publicó a partir de su tesis doctoral La casa de las locas. Una historia social del Hospital de Mujeres Dementes. Buenos Aires, 1852-1890. Estos estudios fueron muy importantes aportes en términos de comprensión de la situación de las mujeres internadas en el Hospital de Alienadas, y a la vez como antecedentes de la creación de la Colonia Montes de Oca de Torres, espacio de derivación del Hospital. Explica Pita que a pesar de la construcción de la primera “matriz disciplinar psiquiátrica” a finales de la década de 1870 por parte del Dr. Meléndez y sus discípulos el hospital estaba a cargo de las monjas. Los principales tratamientos para las mujeres en Alienadas consistían en la realización de tareas manuales y de limpieza que les permitían sustentar los “tratamientos” puesto que la institución aunque era estatal cobraba por la internación y el otro tratamiento era el religioso.
Florencia Castells aborda las nociones de mala vida y temibilidad femeninas en los estudios criminológicos y psiquiátricos del entresiglo del XIX al XX. Explica cómo estas nociones fueron avaladas desde los puntos de vista fisiológicos y científicos a partir de F. De Veyga a Ingenieros. Además, estas nociones se vincularon con la alienación y anormalidad, las clases bajas, la prostitución, la complicidad y delincuencia y fueron ampliamente desarrolladas y “demostradas” en las revistas en las que participaron los positivistas.
2.4. Metodología de trabajo
Metodología
Perspectiva y período:
La investigación aborda la producción discursiva alienista relacionada con la enfermedad mental de mujeres en materiales producidos en período de 1876 a 1929. El recorte de diversas textualidades como son tesis académicas, ensayos científicos e historias clínicas y fotografías psiquiátricas se corresponden con el fin del siglo XIX y los inicios del siglo XX en nuestro país, en el ámbito de Buenos Aires. Así, el corpus presenta una cronología histórica y una orientación temática sobre el contexto del surgimiento del alienismo en la medicina nacional en relación con las principales estrategias discursivas referidas a tratamientos psiquiátricos, la demostración científica y la internación psiquiátrica de las mujeres cautivas en un asilo colonia.
Esta perspectiva corresponde al análisis del discurso como un campo interdisciplinario en el que se convocan voces procedentes de diferentes espacios disciplinares (Arnoux, 2006;
Bajtin, 1985; Foucault, 2002; Maingueneau, 2009) y a la glotopolítica, entendida como campo disciplinar que busca relaciones entre el lenguaje y la ideología o las diversas formas en que la sociedad actúa sobre el lenguaje Arnoux, 2009ª). Es una investigación de carácter cualitativo, de corpus de archivo, que aborda un conjunto de materiales referidos a la alienación o enfermedad mental de mujeres y analiza cómo se construye discursivamente el objeto discursivo bajo la formulación de hipótesis a partir de la exploración de la materialidad discursiva (Arnoux, 2008a, 2009) así como también la formación de una matriz ideológica discursiva. El corpus está formado por materiales heterogéneos que se abordan según la perspectiva del análisis del discurso que entiende que “las prácticas discursivas son hechos sociales y, en consecuencia, hechos históricos” (Angenot, 2012, p. 15). La categoría de discurso en un sentido amplio permite incluir una variedad de dispositivos y géneros (Arnoux, 2006; Maingueneau, 2007).
La determinación del período obedece a la selección de materiales de diferentes características pertenecientes a los géneros discursivos generados por la comunidad discursiva alienista y que tuvieron a la enfermedad mental de las mujeres como eje discursivo. En el catálogo de tesis médicas y en los ensayos de las revistas hay pocas tematizaciones sobre las mujeres, no obstante se ha confeccionado un corpus de tesis psiquiátricas que hacen referencia al universo femenino, correspondientes a la época de surgimiento y auge del alienismo como fue el período de 1876 a 1900; también hay una selección de ensayos sobre psiquiatría y criminología que hacen referencia a las mujeres y que demuestran los principios de construcción del género discursivo desde 1899 hasta 1912, seleccionados de dos revistas muy importantes como fueron Criminalogía Moderna y Archivos de Psiquiatría y Criminología aplicadas a las ciencias afines: Medicina Legal. Sociología. Derecho. Psicología. Por último, se ha incorporado al corpus una selección de materiales médico-profesionales de una institución psiquiátrica de 1915 a 1929 que presenta las características de las prácticas psiquiátricas de la internación de mujeres. De esta manera, el período abarca la producción de tesis en la época de formación de los primeros psiquiatras denominados alienistas, la producción de ensayos con comentarios sobre la anormalidad o alienación y rasgos fuera de norma o delincuenciales de mujeres y la práctica de la profesión en una institución creada que encerró a mujeres de acuerdo con la metodología de laborterapia y el método de open door.
La periodización de este corpus comienza con el inicio de la medicina moral vinculada con el alienismo, en el año 1876. Se tuvo en cuenta la constitución de la primera cátedra de Patología Mental de la Universidad de Buenos Aires, creada en 1884, que estará a cargo de los doctores Meléndez y Cabred2, así como también la primera dirección del hospital de hombres en 1876 – el Hospicio de las Mercedes, espacios donde fue desarrollada la primera matriz disciplinar de la psiquiatría argentina. También hay una selección de ensayos de las revistas Criminalogía Moderna y Archivos… y por último, una selección de legajos e imágenes de la Colonia de Torres.
Materiales:
1. Tesis:
Una selección tesis de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires dentro del período de 1876 hasta 1900. Son quince (15) tesis cuyos objetos discursivos se vinculan con la psiquiatría, la medicina moral, los manicomios, tratamientos para la alienación, estereotipos femeninos, la locura en las mujeres.
La selección de tesis es la siguiente3:
- Pedro Mallo, 1864: Algo sobre la enajenación mental.
- Mariano Y. Loza, 1876: Las causas de nulidad del matrimonio.
- Del mismo año Norberto Maglioni: Los manicomios.
- También del mismo año Luis Güemes: Medicina Moral.
- Gregorio Figueroa, 1879: Consideraciones medicolegales sobre La locura.
- Domingo Cabred, 1881: Contribución al estudio de la locura refleja.
- Celestino Arce, 1881: Curabilidad de la locura en el manicomio de mujeres.
- Alejandro Korn, 1883: Locura y crimen.
- Fernando Raffo, 1888: Locura puerperal.
- Salustiano Arévalo, 1888: Apuntes sobre la influencia de los medios morales en el tratamiento de la histeria.
- Ignacio Firmat, 1889: Notas sobre el tratamiento de la histeria.
- Martín Garbiso, 1889: El médico ante la mujer.
- Arturo Balbastro, 1892: La mujer argentina.
- José T. Borda, 1897: Algunas consideraciones sobre el pronóstico de la Alienación Mental.
- José R. Hualde, 1899: Profilaxis de la locura.
- José Ingenieros, 1900: Simulación de la locura por alienados verdaderos.
2. Artículos de publicaciones periódicas:
2.1. Una selección de ensayos de las revistas Criminalogía Moderna (1898- 1900) y Archivos Criminalogía, Medicina Legal y Psiquiatría (1902), luego de Archivos de Psiquiatría y Criminología aplicadas a las ciencias afines (1903- 1913)4.
Revista Criminalogía Moderna:
Editoriales correspondientes a varios números (1, 2 y 4)
Guía del Estudiante (varios números)
Año 1, nro. 1: “El suicidio”, Víctor Arregine.
Año 1, nro. 1: La princesa de Chimay por Arturo Riva.
Año 1, nro. 1: El crimen de 9 de Julio por Curioso.
Año 1, nros. 2, 5 y 6: El ideal de la ciencia.
Año 1, nros 1 y 2: Pro Scientia.
Año 2, nro. 4: La antropología crimina.
Año 2, nro. 3: “Envenenadora de seis maridos”.
Año 2, nro. 7: “La dismaternidad de la mujer delincuente”, C. Lombroso
Año 2, nro. 9: “Madres Criminales”, Ricardo del Campo
Año 2, nros. 10 y 11: El tipo criminal de la mujer delincuente”, Pio Viazzi.
2.2. Revista Archivos… (1º y 2º período):
Año 1: “Valor de la psicopatología en la antropología criminal” J. Ingenieros
Año 1: “Las teorías de Lombroso ante la crítica. Apéndice del artículo precedente” (p. 334 y ss. año I) J. Ingenieros
Año 1: “Inversión sexual congénita” De Veyga en (p. 44)
Año 1: “El histerismo en la criminalidad” F. Netri (p. 145)
Año 2: “Psiquiatro o psiquiatra. Absolviendo una consulta” P. Groussac (p. 65)
Año 2: “En disidencia con Groussac”, J. Ingenieros (p. 69)
Año 2: “Locura en el embarazo”. J. Ingenieros y E. Cantón
Año 3: “Fetiquismo y uranismo femenino en los internados educativos” Víctor Mercante
Año 4: “Incapacidad civil de las histéricas” de L. Ayarragaray y C. Benites
3.Documentación sobre la colonia
3.1. Discursos inaugurales:
El discurso del Dr. Domingo Cabred de la inauguración del Asilo Colonia de Torres (1908), discurso de carácter fundacional y político que presenta la aplicación del modelo de internación psiquiátrico como solución a la enfermedad mental a través de la educación para la laborterapia.
3.2. Documentación del archivo de Torres: boletines anamnésicos y fotografías
Esta documentación fue obtenida a partir de la búsqueda de documentación de la Colonia de Torres, Luján, durante el año 2017. El archivo tiene dos componentes, uno de carácter lingüístico constituido por boletines anamnésicos institucionales y legajos de pacientes derivadas del Hospital de Alienadas (actual H. Moyano); y otro archivo de carácter icónico como son las imágenes de los legajos procedentes de Alienadas, una selección de fotografías con diferentes escenas de la institución de la época de la dirección de Cabred, y un libro de fotografías de carácter médico profesional que registra una diversidad de imágenes de las mujeres ingresadas en la institución.
El material de esta investigación supuso el ordenamiento y posterior análisis discursivo de la documentación pertinente de la institución, de manera que cuento con un archivo propio constituido en el marco de una pasantía realizada por Bernhardt en la Maestría de Análisis del Discurso de esta Facultad durante el año 2016, dirigida por la Dra. Elvira Arnoux (Expediente 28.526/17) que consta de 40 boletines anamnésicos generados en la institución al ingreso de las mujeres junto con un libro de 1000 imágenes fotográficas de las mujeres asiladas, ambos ya clasificados; además, el archivo está constituido por un corpus complementario de notas de médicos, indicaciones, fichas clínicas, odontológicas, exámenes bioquímicos, fichas de derivación de otras instituciones y controles médicos periódicos, es decir, materiales de circulación interna de la institución, así como también escasas correspondencias como cartas y telegramas. A partir de la observación de archivos fotográficos de libro de 1915 fue realizada una base de datos sobre las mujeres que fueron ingresadas a Torres.
Métodos y procedimientos
Los materiales serán analizados de acuerdo con las herramientas metodológicas correspondientes a los objetivos como son las estrategias argumentativas con relación al logos (Perelman, 1997; Amossy, 2010), las estructuras, técnicas argumentativas, las tópicas y recursos argumentativos recurrentes (Perelman, 1997; Arnoux, 2006; Angenot 2010), las estrategias de denominación de los principales objetos discursivos referidos a la enfermedad mental de las mujeres (Foucault, 2002; Arnoux, 2006), el sistema de citas y las relaciones de tensión y oposición mediante los cuales se construyeron los modelos científicos, de divulgación y profesionales (Ducrot, 1986; Di Stéfano y Pereira, 2019) así como también la relación interdiscursiva con el campo de la salud en general y con el legal-criminológico (Arnoux, 2006, Maingueneau, 2007) y el ideológico (Althusser, 1988; Eagleton, 1997; Gramsci, 1970; Voloshinov, 2009; Williams, 2000).
La noción de “comunidad discursiva” (Maingueneau, 2002; Beacco, 2004) será utilizada
para caracterizar la comunidad discursiva del alienismo, las relaciones jerárquicas entre los miembros de la comunidad, los rasgos descriptores del discurso científico y del discurso inaugural de la colonia de Torres y los pactos de lectura entre los miembros de la comunidad.
A partir de La arqueología del saber (2002) y El orden del discurso (2005) de M. Foucault serán analizadas las características las actividades discursivas según reglas y procedimientos de control del objeto discursivo así como temas de aparición frecuentes, reiteraciones, formas o enunciados de discursos y sistemas de legitimación y ordenamiento de la palabra médica, léxicos, zonas de convergencia de los paradigmas psiquiátricos y policiales presentes en la discursividad institucional de los géneros analizados.
En toda la investigación se adoptará una posición crítica frente al carácter androcéntrico y discriminatorio que sostuvo el alienismo argentino con relación a la clase social, la raza y las conductas no convencionales de las mujeres que fueron vinculados con la anormalidad y las enfermedades mentales (Barrancos, 2000; Ben, 2000; Goffman, 2001; Pita, 2012). En todos los casos se realizará un primer paso descriptivo de la documentación, un segundo paso analítico a partir de fuentes, un tercer paso interpretativo y conclusiones.
2.5. Resultados esperados al finalizar el proyecto
Al finalizar el proyecto se espera ofrecer un material que explique y analice el campo científico del alienismo, sus dispositivos ideológicos discursivos, sus esquemas argumentativos y la relación de estos objetos con las tecnologías de género, específicamente sobre mujeres.
2.6. Bibliografía Preliminar
1. Lingüística y Análisis del Discurso
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2.Imagen y Fotografía
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3.Historia social, sociedad y enfermedad
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3.APORTES A LA ACTIVIDAD ACADÉMICA
Describir detalladamente los aportes concretos de los resultados del presente proyecto a la actividad docente.
Los aportes de esta investigación con relación a la actividad docente se relacionan con la posibilidad de organizar seminarios interdisciplinarios en las carreras de Historia y de Trabajo Social con relación a los períodos del alienismo nacional.
Específicamente, esta investigación es un aporte para la preparación de estudiantes de Trabajo Social en cuanto a la práctica y formación para el trabajo en comunidades terapéuticas y estudios de mujeres y de género.
También es un aporte muy destacado en cuanto a la formación de los estudiantes de la carrera de Historia en cuanto a la historia y actividad del alienismo en relación con las instituciones políticas, sanitarias y a los estudios de mujeres y de géneros.
Desde el punto de vista metodológico, esta investigación ofrece una perspectiva original de análisis de documentación y de primeras fuentes. Además la investigación permitiría relacionar a los estudiantes de las carreras mencionadas con las problemáticas de la historia local o regional.
También puede ser un aporte interesante para la carrera de enfermería desde el punto de vista de los significados ideológicos del discurso médico alienista.
1 Debate que retoma Joan Scott (1999) para su análisis de la categoría de género.
2 A la muerte de Meléndez, Cabred dirigirá el hospital psiquiátrico y la cátedra y posteriormente diseñará los principales espacios hospitalarios dedicados a las enfermedades mentales tanto para hombres como para mujeres (Loudet y Loudet, 1971; Stagnaro, 1997; De Lellis y Rosetto, 2009; Falcone, 2012). La Colonia Montes de Oca, de Torres, fue creada en el marco de la ley n° 4956 del 28 de junio de 1906 con el nombre de Asilo Colonia Regional Mixto de Retardados. Su apertura fue el 31 de julio de 1915. http://cmdo.gov.ar/?page_id=2
3 No descarto la incorporación de otras tesis médicas orientadas al estudio de enfermedades asignadas a mujeres.
4 Es posible que incorpore otros ensayos a los listados arriba.
