La construcción de estereotipos psiquiátricos en el cautiverio de mujeres alienadas, 1915
Florencia Bernhardt florenciabernhardt@gmail.com
Universidad de Buenos Aires – Universidad de Luján – Argentina
Tercer Congreso Latinoamericano de Glotopolítica entre el 27 de septiembre y el 30 de septiembre de 2017 en Hanóver, Alemania: am Dritten Lateinamerikanischen Kongress der Glottopolitik. September in Hannover
Trabajo publicado en Reflexiones glotopolíticas desde y hacia América y Europa. La construcción de estereotipos psiquiátricos en el cautiverio de mujeres, Torres, 1915. En Elvira Narvaja de Arnoux, Lidia Becker, José del Valle (eds.). Berlín: Peter Lang. p.515-541.
Introducción
En la segunda época del siglo XIX, las políticas sanitarias del Estado Nacional ejercieron diferentes tipos de control sobre la población de nuestro país como consecuencia de problemas vinculados con las diversas epidemias de fiebre amarilla, además de otras enfermedades como tuberculosis y sífilis; esta situación no estaba ajena a la proliferación de conflictos sociales a los que se agregaba la conflictividad propia de la inmigración. Además, ciertas enfermedades estuvieron muchas veces relacionadas con desórdenes morales y policiales así como también fueron asociadas preferentemente a poblaciones de inmigrantes de origen europeo. Así, los médicos constituyeron una elite de poder complejamente entramada de relaciones políticas y sociales en torno a la enfermedad como problema social. En este contexto, el discurso médico sobre la salud mental ocupó un espacio destacado en el orden político a partir de la creación del Hospital Nacional de Alienadas, actual Moyano, primer hospital psiquiátrico creado en 1854. Fue fundado debido a la situación cada vez más compleja de las mujeres en cuanto a la salud mental, especialmente las pertenecientes a los sectores populares, como consecuencia de los sometimientos típicos de la condición femenina y de la época (Bayón, 2000), a lo que debe sumarse la compleja situación de las mujeres inmigrantes que debían adaptarse a un nuevo espacio, a una nueva cultura y, a veces, a una nueva lengua. Probablemente las situaciones de sometimiento físico y psíquico acercaron a las mujeres a mayores situaciones de alienación a medida que se aproximaba el siglo XX.
Una de las expresiones máximas del poder médico se manifestó en el diseño de proyectos de cautiverio: poco tiempo después fue creado el Hospicio de Las Mercedes para hombres, administrado por médicos psiquiatras y personal entrenado, bajo la dirección del Dr. Meléndez (Falcone, 2012).
En el marco de la presidencia de Julio A. Roca se profundizó la construcción de estos espacios a través de la instalación de “colonias” de internación psiquiátrica cuyo desarrollo se incrementó a medida que aumentaban la conflictividad social en la Capital Federal y el hacinamiento en cárceles y asilos, primeramente distribuidos en los márgenes de la ciudad de Buenos Aires, hacia finales del siglo comenzó su construcción en el interior del país.
La colonia de Open Door, localidad que tomó el nombre del método de tratamiento escocés, fue fundada en 1887 por el Congreso de la Nación para la implementación de un nuevo sistema de salud mental. Poco después, fue creada la colonia para retardados mentales, en Torres, para la derivación de retardados mentales, partido de Luján, objeto de nuestro estudio.
Las principales características de las localidades donde se instalaron las colonias de internación psiquiátrica fueron, en primer lugar, las grandes cantidades de hectáreas de tierra fértil –alrededor de 1000 ha entre ambas colonias-, que posibilitaba la producción agrícola y la construcción de enormes edificios construidos en medio de la naturaleza con facilidad para el ejercicio de control sobre las personas internadas, donde podían realizarse actividades de recreación y de trabajo al aire libre, según los modelos terapéuticos que Cabred había conocido en sus viajes por Inglaterra y Alemania (de Lellis y Rossetto, 2009); en segundo lugar, eran pueblos eran muy pequeños, casi despoblados, de escasa conflictividad social, por los que pasaba el ferrocarril y de esta manera, las estaciones o paradas de tren permitieron el fácil traslado de pacientes desde diferentes puntos, especialmente desde Buenos Aires1, como así también de mercancías que los internados producían y que entregaban al erario público como forma de contribución; por último, la instalación de los primeros hospitales psiquiátricos en los márgenes de la ciudad de Buenos Aires y luego las colonias de esta clase, ubicaba a las poblaciones de alienados a una distancia relativamente corta pero lo suficientemente lejana de la ciudad capital.
La estructura edilicia manicomial del Asilo Colonia Regional Mixto de Retardados estaba conformada por edificios en cuyo interior se alojaba a pacientes, divididos por sexo. Las mujeres derivadas procedían del Hospital Nacional de Alienadas. La mayoría tuvo diagnóstico de retardadez mental o idiotez, algunas fueron internadas por sus parientes u otros de manera temporal o definitiva, decisiones que no en todos los casos tenía que ver con la palabra médica sino con imposibilidades familiares de aceptar el retorno al hogar, como puede leerse en algunos documentos que se encuentran en el archivo institucional como cartas, telegramas y comentarios en las historias clínicas. La edad de estas mujeres era, generalmente muy temprana, es decir, niñas y jóvenes. El concepto de alienada entonces, se presenta como muy amplio y no cubriría solamente la enfermedad mental, si bien nuestra investigación está orientada a la representación de la alienación en mujeres.
En este trabajo buscamos el significado del término “alienada” en el contexto del discurso médico político de internación para niñas y mujeres en los inicios de la psiquiatrización de la infancia y de las mujeres adultas, a través de las marcas discursivas –o deixis institucional-. Es importante entender que, junto con una nueva disciplina, hubo una formación discursiva que proveyó un nuevo lenguaje que comenzó a constituirse a finales del siglo XVIII en Europa y fue trasladado a nuestro país a poco menos de un siglo de la constitución científico- lingüística. Junto con esto, también la Argentina observó diferentes maneras no sólo de tratar la enfermedad mental sino a representarla a través de cuadros, dibujos, yesos y fotografías. El objeto de estudio preferencial son boletines anamnésicos y fotografías médicas. Nuestra investigación es de carácter interdisciplinario de análisis de discurso con especial referencia a la historia social sobre mujeres alienadas ingresadas al Hospital Psiquiátrico Colonia Montes de Oca de Torres, entre 1915-1918 hasta 1929, año de fallecimiento del Dr. Cabred.
Desarrollo
Boletín anamnésico
El género historia clínica está constituido por relatos e indagaciones realizadas por un médico o colaborador que ordena los datos de una persona, “paciente”. En ella constan diferentes tipos de datos como antecedentes familiares o herencia, hábitos, constitución física y psíquica, su medio ambiente y “siempre que sea posible, la etiología y evolución de la enfermedad” (de la Prieta Miralles, 2002, p. 36). La información de toda historia clínica da cuenta de la comunicación entre un médico y un paciente o la persona delegada por el paciente; se desarrolla en el contexto de una entrevista, de la observación y de antecedentes, es decir, hay información o datos de la historia clínica que proceden de una interacción o negociación entre dos partes.
Las primeras historias clínicas psiquiátricas en nuestro país pertenecieron al Hospital Nacional de Alienadas –a las que accedimos por la derivación de las pacientes a Torres, ingreso que realizaban con la historia clínica previa de la institución que la derivó- no son tan diferentes en lo que respecta a los vínculos entre médico y paciente: la historia clínica era un cuadro Nosológico de clara influencia lombrosiana con imágenes de carácter policial herederas de la tradición de Bertillon (Guinzburg, 2009). Estas plantillas preimpresas, que constituyeron el archivo psiquiátrico de la institución con relación a la entrada de mujeres, se puede ver un esquema dividido en dos partes, la primera o Cuadro Nosológico, constituida por un “diagnóstico deducido de los documentos que acompañaban a la enferma” [Imagen 1] un examen somático, una craneometría. Consiste en un listado de datos de filiación y craneométricos. También se acompañaba el documento con una o dos fotografías de la persona que sería examinada, de estilo policial, elemento que analizaremos más adelante.
La segunda parte correspondía a los antecedentes. Es un cuadro de 28 preguntas y respuestas formuladas hacia una 3ª persona, no a la persona sujeta de la internación, es decir, se excluyó a la mujer de la escena comunicativa ya desde el inicio de la relación: no fue una interlocutora válida para la administración. [Imagen 2]
La estrategia de la de indagación institucional fue declaradamente opresiva no solamente por el carácter unidireccional sino también por lo inquisitivo de la modalidad. La ausencia de interacción verbal deja en evidencia la perspectiva de la institución psiquiátrica: no había respuesta de las mujeres indagadas -o a quienes se les delegara la voz-, es decir ¿no tuvieron voz?, ¿fueron escuchadas? Las alienadas fueron anuladas como sujetos lingüísticos desde el inicio del tratamiento, su expresión queda manifiesta en el vacío de la página que probablemente se correspondía con el silencio inicial, propio o delegado.
El discurso de la historia clínica ubicó la voz de la institución en una especie de vacío verbal y visual representados con una escasa presencia de la voz del médico en algunas referencias al estado de salud o a comentarios sobre conductas y a evaluaciones de capacidades especialmente laborales. En algunos casos aparecía la firma del médico. En ningún caso encontramos la voz de la mujer o la delegación, ni en Alienadas ni en Torres. El discurso institucional fue hegemónico a través de sus representantes, los administradores médicos, ejecutores de una ideología de estado que encerró, como forma de ocultamiento y negación, lo que pretendía curar.
Las preguntas del interrogatorio expresaron diferentes tópicos ideológicos:
La enfermedad estaba mencionada de diferentes maneras como “pasiones dominantes”, “debilidades”, “tendencias”, “alteración mental”, “síntomas actuales”, “ataques, “antecedentes de la enfermedad (bebidas alcohólicas) “antecedentes familiares (hay personas histéricas o nerviosas)” y “antecedentes de la internación” -se preguntaba si “estuvo secuestrada en otros establecimientos”-. También se buscó la causa determinada de la enfermedad y otras alteraciones o enfermedades o padecimientos. Así, los supuestos ideológicos del interrogatorio expresaron ideas establecidas, estereotipadas, que nos permiten determinar los tópicos de la institución psiquiátrica en relación con las mujeres internadas, y situar las características del lenguaje psiquiátrico empleado: para denominar a la alienada “enferma” es el término utilizado en cada referencia, no hay otra mención de sujeto, ni referencias ni nombres, a veces se presupone el sujeto enferma; la alienación fue mencionada a través de términos como pasión dominante, debilidad, tendencia, alteración mental, ataque, recaídas, síntomas, afección, afección continua, periódica o paroxística, alteración, enfermedad, congestión cerebral, apoplejía, epilepsia; el tratamiento recibido estaba mencionado como tratamiento (“ha estado sometida”) sangrado, purgación, baños, nutrición; es decir, el lenguaje psiquiátrico propiamente dicho al que accedemos en los documentos da cuenta del estado inicial de la constitución de la disciplina.
Los principales tópicos que establecemos a partir de la lectura de las preguntas por los antecedentes son:
- El tópico del cuerpo de la alienada es un cuerpo alterado, con componentes biológicos deteriorados, es un potencial peligro que alteraría el programa estatal asociado a la idea del mejoramiento y fortalecimiento de la raza. Se desprende que la alteración mental dañaría dicho programa. Si la enfermedad es vista como alteración y como alteración física debe ser combatida; esto contradice las ideas de forjamiento del cuerpo como garantía de salud y el programa de fortalecimiento de la raza que predominó en la Argentina a partir del último tercio del siglo XIX, asociado a la aparición de la tuberculosis (Armus, 2007; Pita, 2000) y de la fiebre amarilla.
- Se justifica la privación de la libertad a las mujeres a través de dos tópicos relacionados: el tópico del encierro por su peligrosidad, es decir, para los otros la alienada representaba un peligro, enunciado que permite recuperar el fundamento de que la alienación como peligrosa, por lo tanto, debía ser controlada.
- El tópico de que la alienada expresaba su alienación a través de la violencia, es decir, una alienada era una mujer capaz de asesinar, suicidarse o incendiar, ubicaba la enfermedad en un plano criminal o de potencial La tecnología del encierro y su correlato, el tratamiento de curación a través del rezo y del trabajo, poco se diferenció de la cárcel.
- Relacionado con lo anterior, queda en evidencia el tópico de la inmoralidad de la alienación, es decir, la alienación fue inmoral, las alienadas fueron, la idiotez resultó inmoral.
- El tópico de la enajenación como enfermedad de carácter hereditario, principalmente el suicidio -como enfermedad-, los nervios, la enajenación mental o la histeria heredadas; lo que instaló la enfermedad en una explicación biológica hereditaria determinista.
- Es notable la idea de la interpretación ética de la enfermedad, es decir, los médicos vistos en una función políticomoral cercana a los cuidados o seguridad social. Esta tópica refuerza las anteriores con relación a la representación de peligrosidad de las alienadas, especialmente para el cuerpo social.
- Por último, señalamos la idea de desconocimiento etiológico y psíquico de la enfermedad, ítem reforzado por la indagación de carácter exploratoria, y en otros textos, por la cantidad de estudios elaborados en base al método de casos, que permitía describir el caso como modo de acercamiento: esas metodologías exploratorias y casuísticas mostraron la ignorancia del cuerpo médico sobre la “enfermedad” de las mujeres.
Años después, en los inicios del Asilo Colonia Mixto de Retardados, el Dr. Domingo Cabred –quien se había destacado en el Hospicio de Las Mercedes con profundas diferencias conceptuales con relación a los tratamientos que se practicaban en el Hospital de Alienadas (Falcone, 2012), construyó un nuevo diseño de historia clínica psiquiátrica. Muchas fueron derivadas de Alienadas al Asilo Colonia Regional Mixto de Retardados. Uno de los motivos fue la superpoblación de mujeres internadas, otros obedecían a la distribución de pacientes, preferentemente según las clases sociales (Pita, 2008; Requiere, 2010), hecho que significaba escenas de desarraigo y de pérdida familiar o de entorno para la mujer derivada, además, alejada de las comunidades afines y de los puertos en el caso de mujeres inmigrantes; otro motivo, fue la creciente internación de niñas y de niños, es decir, observamos los inicios de la psiquiatrización de la infancia en nuestro país, para niñas y niños. También, encontramos la internación de familias de dos o tres hermanas y hermanos, derivados de la capital federal.
Entendemos que a Domingo Cabred cuestionó el modelo de historia clínica procedente de Alienadas por lo que cambió elementos del interrogatorio para producir el propio modelo; también modificó los tratamientos. Su política de internación obedeció a criterios novedosos, que se expresaron semióticamente en dos discursos imbricados como fueron las reformulaciones o refundaciones de la historia clínica y de la fotografía psiquiátrica. En estas discursividades Cabred instaló, inicialmente, una estrategia política disciplinar diferente y profundizó las políticas implementadas en Las Mercedes. Si en Alienadas el rezo y el trabajo constituyeron el tratamiento para la alienación, en Torres la terapéutica tomó otros caminos.
En primer lugar Cabred rediseñó las historias clínicas tanto en lo que concierne a la indagatoria; en segundo lugar reformuló la fotografía del boletín anamnésico; en tercer lugar creó un libro de fotografías sobre las mujeres que ingresaron a la institución2.
El boletín anamnésico estaba dividido en dos partes, la indagación, grabada en un formulario y realizada por el equipo médico de la institución con la llegada de una “paciente”, y la imagen fotográfica, a veces recurrentes, de la persona indagada. Las mujeres fueron observadas en dos perspectivas, la indagación verbal junto con los antecedentes aportados por otra institución, y la perspectiva fotográfica. Son dos momentos documentados del ingreso.
Las historias clínicas fueron boletines anamnésicos que el mismo Cabred confeccionó (de Lellis y Rossetto, 2009) que se completaban en el momento del ingreso de las mujeres. Contenía información sobre la persona internada, datos de la institución de procedencia en el caso de tratarse de derivaciones y también datos propios, obtenidos en el momento del ingreso o de los primeros momentos de la internación; luego se agregaba información sobre la evolución y permanencia, de carácter médico no psiquiátrico y ocasional.
El formato del boletín contiene 84 preguntas preimpresas divididas en tres partes, A (38 preguntas), B (18 preguntas) y C (28 preguntas). La primera parte indagó sobre el entorno y contexto familiar, la segunda sobre la enfermedad y la tercera sobre el rendimiento intelectual y desempeño lúdico de la persona analizada, si bien algunas preguntas podrían pertenecer a alguno de los otros campos. [Imagen 3]
Las preguntas de la sección A referían a de la constitución familiar, los antecedentes familiares, enfermedades, accidentes, operaciones, aspectos físicos y mentales, actitudes, conocimientos, tipo y nivel de instrucción, carácter, sentimientos, impulsos. Estas preguntas relacionaron un estereotipo biológico y uno moral: la debilidad mental congénita, la sordomudez, la histeria, el alcoholismo, la consanguinidad fueron ubicados en categorías biológicas evaluadas moralmente, es decir, la moral arrastró la herencia. También observamos el estereotipo de la delincuencia y del suicidio en lo que respecta a los antecedentes. Es decir, las preguntas fueron modelos estereotipados a partir de los cuales se evaluaba a una mujer para la internación. Este tramo del dispositivo sostuvo ideas preestablecidas como el boletín de Alienadas con respecto a la peligrosidad de la mujer, el determinismo biológicomoral y la herencia criminal. Formó parte de la memoria discursiva de la práctica psiquiátrica institucional (Maingueneau, 2005). Este segmento no se aleja demasiado de los tópicos de peligrosidad, violencia, moralidad y enfermedad. Hay elementos que comparten ambos boletines. No obstante, el tono y la diversidad de las preguntas van produciendo un giro en la orientación del interrogatorio como veremos en la segunda y especialmente en la tercera sección. ¿A qué se debe la enorme cantidad y diversidad de preguntas? Al respecto dice Falcone (2008) que Cabred fue “quien elevó al loco a la categoría de enfermo y humanizó y dignificó el trato de los alienados. La primera innovación que realizó fue la implementación del sistema de los médicos (…) aboliendo por completo las celdas, los medios violentos de contención, el chaleco, la ligadura de miembros y las duchas frías.” (p.163). A partir de la intervención de Cabred como director, las políticas del estado sobre la salud mental fueron encaminadas hacia la constitución de un modelo de alcance nacional con características más cercanas a la salud mental.
La sección B preguntaba sobre el parto, formación craneana, tamaño de la cabeza, desarrollo físico acorde con la edad, las fontanelas, maltrato, dentadura, época en que caminó y habló, enfermedades, convulsiones, babas, uso del baño, hasta que se hace la pregunta sobre la alienación (40) “¿En qué signo se ha reconocido la invalidez mental?”, posiblemente la causa de la internación. También preguntaba sobre alcoholismo, narcóticos, aspecto de orejas, oídos, paladar, cantidad de dedos en manos y pies, delirios, grado de debilidad intelectual, ideas que lo dominaban. Este segmento estableció una relación entre dos estereotipos discursivos: el de la debilidad mental y el discurso de los antecedentes familiares, de herencia biológica y moral. Se buscaban signos de monstruosidad, de ahí lo teratológico, reforzado en el discurso fotográfico. La degradación a la que se sometió al individuo en lo verbal, que buscó signos más visibles para facilitar un diagnóstico, proporcionar certezas y justificar la internación son elementos dispersos, probablemente relacionados con el entrecruzamiento mítico científico de la época como el “aspecto de las orejas; oído; aspecto de la nariz” (46), el sexto dedo de la mano o del pie “u otras deformaciones” (48), que tuvieron su correlato en la producción de imágenes de las internadas, especialmente abundantes en cuanto a lo teratológico, es decir, se relacionó la enfermedad mental o la alienación con la representación del cuerpo, lo monstruoso mental parecía corresponderse con lo físico y viceversa. No obstante, este tramo es diferente respecto del boletín de Alienadas, introduce novedades en las temáticas, se aleja de las tan detalladas mediciones del cráneo al estilo lombrosiano, pero mantiene el tópico de la herencia biológicomoral, buscó lo monstruoso de los dedos u orejas, con su correlato en la multiplicación de imágenes sobre con esos aspectos.
A diferencia de las anteriores, la sección C se ocupó del rendimiento intelectual, puso en evidencia estereotipos contradictorios que daban cuenta de la búsqueda de Cabred: tiempo de instrucción, edad en la que comenzó a leer, grado de comprensión, atención y reconocimiento de números y valores, música y canto, tipo de discurso, expresión de deseos, tipo de sonidos, carácter, grado de sociabilidad, afectividad, impulsos, etc. Esta sección permitiría reconocer que las interrogadas eventualmente podrían poseer recursos intelectuales, creativos o laborales, lo que cuestionaría la propia internación. Este tramo de indagación fue novedoso. Sus enunciados eran evidencia de la complejidad de la enfermedad, la posibilidad de que una alienada fuera creativa o que poseyera pensamientos o ideas, realizara actividades intelectuales, tuviera emociones, es decir, estas preguntas señalaban espacios antes no contemplados o considerados. De los saberes compartidos por ambas instituciones, la indagatoria de Cabred deja ver un incremento en el conocimiento o la búsqueda de saberes para tratar la alienación. Es, especialmente en esta sección, que la psiquiatría en la Argentina se preocupó o interesó por la condición “humana” de las mujeres; es en este espacio que Cabred produjo un quiebre o un corte en cuanto a la constitución de la historia clínica, el discurso médicopsiquiátrico elaboró preguntas como signos complejos e indicios (Guinzburg, 2008), que asociaron, a partir de una herencia determinista, la constitución física y mental con una moralidad delincuencial y clases sociales preferentemente bajas pero Cabred logró tomar distancia y puso en marcha un nuevo estereotipo psiquiátrico, evidente en los géneros discursivos boletín anamnésico y libro de imágenes.
También, la modalidad de la relación médico-paciente fue de gran tensión, violenta. El carácter desproporcionado de la escena comunicativa de la interrogación se correspondió, en la mayoría de los casos observados, con la página vacía de respuestas. ¿Hubo interacción verdaderamente? ¿Intercambio o negociación? ¿A quiénes fueron hechas las preguntas? La comunidad discursiva constituida por el médico indagador, portaba la palabra legitimada. Las alienadas no hablaban: ¿no podían?, ¿no tenían respuesta? La página en blanco o con ligeros comentarios médicos indicaría que no, además, las preguntas afirmaron, mediante el mecanismo de la presuposición e implicación lingüística (Ducrot, 1984) que carecieron de derecho a la palabra.
Estas modalidades de relación de carácter impositivo, enunciaron los tópicos fusionados de tres poderes interrelacionados en la comunidad discursiva del asilo como fueron los discursos médico, psiquiátrico y policial, en una sola voz de fuertes características inquisitoriales. La palabra institucional relacionó el discurso médico con el discurso policial en la búsqueda de rasgos de delincuencia, origen social o familiar ilegítimo, fenómeno reforzado por el carácter aparentemente interlocutivo de la pregunta: despersonalizada, generalizada, impositiva y desmesurada con respecto a la información que brindaría.
También, el interrogatorio se instituyó más como técnica entre confesional –por lo íntimo- y judicial –por lo social- ejercida por la palabra acreditada en un doble registro de oralidad a las mujeres o familiares. Siempre, del lado de las mujeres, hay una situación de silencio, o al menos de no respuesta como forma de expresión de la alienación.
En El poder psiquiátrico (2014) Foucault afirma que uno de los elementos a través del cual el médico se atribuye las marcas del saber dentro del asilo es el interrogatorio: “la presentación del enfermo en el marco de una puesta en escena en la que su interrogatorio (…) actúa en el doble registro de examinador del paciente y educador de los alumnos” (p. 219). El interrogatorio garantizaba que la palabra médica fuera escuchada, que el médico legitimara su saber ante el paciente y los alumnos y que el enfermo desplegara su realidad de loco o idiota como tal (p. 320). Como género discursivo el interrogatorio (Bajtin, 1985; Bazerman, 2009) tiene valor en su puesta en escena ante un público de estudiantes, enfermeros, colaboradores y la niña o mujer examinada, que será internada. Así, la escena montada del interrogatorio como actividad discursiva impositiva, de carácter coercitivo, mostraba el poder médico a través de huellas, marcas, deixis de su saber. Si el estado delegó el poder de las instituciones psiquiátricas a los administradores médicos, una de las formas más concretas de manifestación de ese poder lo constituyó el lenguaje institucional de la escena de ingreso a través del interrogatorio y de la toma fotográfica.
El repertorio tópico del boletín mostró lo decible (Angenot, 2010) establecido por las formas de la hegemonía del discurso médico de la época. Lo decible fueron interrogatorios fundados en estereotipos del poder psiquiátrico. El diagnóstico de las mujeres fue establecido previamente como alienadas o idiotas: el poder médico las internó como fundamento o mecanismo legitimador.
Con relación al motivo “psiquiátrico” específico de la internación en Torres, la alienación o la retardadez, Foucault (2014) afirma que con el estudio de la idiotez o imbecilidad infantil se produce su psiquiatrización “y a partir de ello se generaliza el poder psiquiátrico (p. 232) en tanto “la idiotez era una enfermedad más fácil de comprobar en los niños; la demencia, en cambio, pese a ser una enfermedad muy semejante en su contenido, sólo se produciría a partir de cierta edad” (234) aunque la idiotez fuera considerada una especie de demencia en el siglo XIX. De esta realidad dan cuenta los cuadros nosológicos de los asilos que internaron niñas y niños desde edades muy tempranas: 5 y 6 años.
Advierte Foucault en la Clase del 16 de enero de 1974 (2014) que el siglo XVIII la idiotez dentro de la locura y que sus causas son las mismas que la demencia pero difieren una de otra por la intensidad del daño. La teoría psiquiátrica de principios del siglo XIX (Foucault, 2014) fija dos momentos de la elaboración del concepto de idiotez. Dice Esquirol que “La idiotez no es una enfermedad, es un estado en el cual las facultades intelectuales jamás se han manifestado o no han podido desarrollarse lo suficiente”, y dice Belhomme que “es un estado constitucional en el que las funciones intelectuales no se han desarrollado nunca” (El poder psiquiátrico, 236. También, la idiotez se vincula con “vicios orgánicos de constitución” (238), se inscribe en lo monstruoso mientras que la demencia presenta lesiones momentáneas o accidentales. Por último, idiotas y dementes presentan diferentes síntomas porque la idiotez no tiene pasado, no tiene registro de memoria y el demente sí, tiene restos de memoria o inteligencia.
En Memorias sobre la locura y sus variedades (Las enfermedades mentales, 2015 [1838]) Esquirol afirma sobre los imbéciles:
Los imbéciles están generalmente bien conformados y su organización difiere poco de la organización normal. Gozan de facultades intelectuales y afectivas, pero en un grado más débil que el hombre perfecto, y esas facultades pueden desarrollarse solo hasta cierto punto. Aunque reciban educación, los imbéciles no se elevan jamás a la altura de la razón, la dimensión y la solidez de conocimientos a los que su edad, su educación y sus relaciones sociales deberían permitirle alcanzar. (p. 100 y s.)
Los imbéciles son incapaces de prestar atención, sus sensaciones son débiles y fugaces, su memoria es poco activa y poco segura; su voluntad, sin energía; pueden combinar, comparar, pero no pueden elevarse a nociones generales y abstractas. No están privados del habla; y si algunos son mudos, expresan muy bien, por el juego de su fisonomía y por gestos, sus pensamientos, sus deseos, sus necesidades. Aprenden a leer y a escribir y a cantar, ejercen artes mecánicas, pero realizan de manera imperfecta todo lo que hacen… (p. 105)
Los imbéciles son inútiles; no producen nada, todos sus movimientos intelectuales y morales son provocados por impulsos externos. Solamente piensan y actúan por el otro; no tienen fuerza de voluntad; quieren y no quieren; no pueden seguir una conversación, menos aún una discusión; no sabrían llevar un proyecto hasta el final… (p. 105 y s.)
La transcripción deja ver que no había una etiología de la idiotez ni tampoco una asignación de origen común sí había confusiones y generalizaciones. Esquirol realizó una caracterización de la idiotez no muy diferente de la realidad que abordó el boletín de Alienadas primero y luego el de Torres, es decir, un siglo después de la preocupación de los médicos psiquiatras por la enfermedad, encontramos estudios descriptivos generales o narraciones de casos clínicos que designaron a la idiotez como una enfermedad mental, probablemente originada por un golpe en la cabeza (Pinel, (2012 [1804]), relacionada con la locura, diferenciada por la caracterización de conductas dispares. Notamos la categoría de “niño grande” con que Esquirol define al idiota, las ambigüedades con respecto a lo afectivo y la inutilidad en términos de producción intelectual: curiosamente, el hecho de no producir “nada” definía la inutilidad del idiota. Sabemos por el boletín de Torres que Cabred desconsideró este aspecto y que buscó, especialmente en la tercera sección, un conocimiento particular de cada persona, aunque no estén las respuestas a las preguntas. También sabemos que parte del tratamiento de Torres consistió en la realización trabajos, preferentemente manuales, como fueron la fabricación de escobas, colchones, vestimenta, ropa de cama, uniformes, además de tareas de cocina, albañilería e importantes tareas agrícolas, lo que marca una diferencia positiva de Cabred.
En el Tratado médico filosófico sobre la alienación mental (2012 [1804]) Pinel afirma:
IV. La lengua francesa es poco rica para expresar los diversos grados de la alienación.
- El autor de los Sinónimos franceses tuvo dificultad en querer trazar los matices de lo que llamamos en la sociedad loco, extravagante, insensato, idiota, imbécil, etc.; sólo indicaba el último término de la escala de gradación de la razón, de la prudencia, de la penetración, de la inteligencia, etc.; pero está lejos de elevarse a las nociones exactas sobre los diversos géneros de alienación. El idiotismo, al cual lo define como una falta de conocimiento, no es, si se lo considera en los hospicios, sino una abolición más o menos absoluta, sea de las funciones del entendimiento, sea de los sentimientos del corazón, puede obedecer a causas variadas: el abuso de los placeres irritantes, el uso de bebidas narcóticas, golpes violentos recibidos en la cabeza, un vivo pavor o un pesar profundo y concentrado, estudios forzados y dirigidos sin principios, tumores en el interior del cráneo, uno o varios ataques de apoplejía, el abuso excesivo de sangrías en el tratamiento de otras especies de manía. (…)
Finalmente, hay imbéciles en los que algunas facultades son más eficaces que otras que solo tuvieron un desarrollo parcial…. Denotan inteligencia con lo relacionado con sus deseos, sus aptitudes, pero son incapaces para todo lo demás. Aprenden un oficio, pero no saben más que eso; aprenden a leer, pero no pueden escribir. No los obliguen a recordar, a reflexionar, a prever, porque no producen nada, no inventan nada y no perfeccionan nada; así son los imbéciles parciales… (p. 106 y s.)
Así, Pinel también dejó en evidencia el desconocimiento etiológico de la idiotez y del lenguaje psiquiátrico, en formación, su correlato lingüístico y las consecuentes confusiones en cuanto a las categorías y tratamientos. Términos como loco, extravagante, insensato, idiota, imbécil, fueron vistos como “sinónimos”, pero en realidad expresarían diversos géneros de la alienación. Pinel clasificó tipos de idiotez y consideró aptitudes intelectuales opuestas a Esquirol -pueden leer pero no escribir- y laborales. También hizo una asociación con los locos y ofreció un interesante recorrido histórico –que omitimos pero puede leerse en el Tratado…, sobre la relación entre cortes, reyes, locos e idiotas.
Un siglo después, encontramos elementos comunes con la Colonia de Torres: el estereotipo ratificó la moral de la enfermedad, de base probablemente genética que se asignaba a las mujeres y niñas que ingresaban a Torres, como idiotas en diferentes grados. La historia clínica institucional tenía objetivos comprensibles desde las necesidades de la institución puesto que no estuvo elaborada en función del tratamiento de un paciente sino que da cuenta de una disciplina en formación.
La búsqueda de tópicos ideológicos en el formulario de Torres nos permitió encontrar diferentes paradigmas entrelazados que constituyeron una red de discursos con relaciones de delimitación recíproca correspondientes, al menos, a tres formaciones específicas que se corresponden con
- la ideología médicomoral de una sexualidad femenina desviada de una finalidad reproductiva –discurso médico psiquiátrico-. Este tópico se vincula con el de Alienadas.
- la ideología determinista de un antecedente biológico criminal –discurso médico criminológico. También se vincula con la topicalización anterior.
- la ideología políticoinstitucional de la internación/enajenación, inclusive, del inicio de la psiquiatrización de la infancia en nuestro país. Tópico relacionado con Alienadas.
Entendemos que Cabred en su rol de director-administrador del Asilo de Torres, construyó un dispositivo discursivo de base médica que se orienta a lo psiquiátrico desde una perspectiva experimental y humanista, a diferencia del dispositivo anterior, también en el género libro de fotografías, como veremos a continuación.
Lo paradójico del discurso médico psiquiátrico consistió en la opresión misma de la enfermedad: la institución relacionó el discurso de la psiquiatría con el discurso de la criminología y los tratamientos para su curación eran jornadas laborales extensas y vida comunitaria al aire libre. En este sentido accedemos a complejas relaciones entramadas de internación/enajenación: se internaba a una persona por un padecimiento psíquico que recibía un trabajo y un alojamiento a cambio de un tratamiento moral en que se superponían y entrecruzaban discursos contradictorios sobre la enfermedad, una articulación compleja de formaciones discursivas.
Archivos fotográficos
El positivismo consideró a las fotografías como instrumentos privilegiados de evidencia de lo real, especialmente en lo que concierne a la desviación, la impureza, la degeneración de los sujetos, ahora objetos científicos que podían no solo narrarse sino mostrarse. El ejercicio discursivo del poder psiquiátrico fue una construcción científica procedente de, al menos, dos espacios, primero los libros de Esquirol3 y otros psiquiatras europeos que presentaban dibujos de alienados y muestras de yeso como evidencia y conocimiento de la enfermedad mental, y el segundo, los hospicios porteños y la fotografía policial.
Estos modelos fueron tomados dinámicamente por Cabred quien los desarrolló acercándolos a modelos procedentes de prácticas de carácter social utilizadas en Buenos Aires a través de exposiciones y de revistas. Es decir, el ejercicio de la fotografía tomó, en este caso, la representación médicopsiquiátrica para generar representaciones propias, que consideramos como la constitución de la imagen psiquiátrica en la Argentina.
Las imágenes fotográficas de las mujeres internadas se encuentran en el boletín anamnésico y en un libro de fotografías (1915-1929). En el caso de las mujeres derivadas de Alienadas encontramos dos construcciones de imágenes, la primera de carácter policial, constituidas bajo los parámetros policiales de Bertillon, de frente y perfil (Foucault, 2008; Ginsburg, 2008), y la segunda, de formato diferente, fue ubicada en una página dividida a dos espacios que presentaría la fotografía a la entrada y al lado la fotografía de la salida. En estas imágenes producidas en Torres vemos cómo el Dr. Cabred se distanció de los estereotipos policiales para constituir un modelo de fotografía psiquiátrica, posiblemente el primero en Argentina ya que el de Alienadas está tomado de La Salpêtrière. Así, uno de los usos que tuvo la fotografía de Torres fue el de la construcción de un estereotipo psiquiátrico. Cabred conformó su modelo de fotografía psiquiátrica a lo largo de los años, en sus viajes y con su propia experiencia en el Hospital de Alienadas. Sus imágenes se alejaron del modelo delincuencial o criminológico de otras instituciones, pero aunque la imagen justificaba el encierro, se transformaba en la prueba o index (Dubois, 2015) de la idiotez, de lo teratológico y la locura, también marcaron el fin de la fotografía psiquiátrica bajo los cánones de la fotografía delincuencial.
Creemos que es posible analizar estas imágenes del dispositivo de ingreso y del libro de fotografías desde el punto de vista de la mirada médica y de la institución. También, la toma fotográfica, “el acto fotográfico” y los sujetos femeninos que se manifiestan ahí son enunciados fotográficos que expresan la tensión o resistencia a la institución que las encerró.
El ojo que observó a estas mujeres vio siempre un cuerpo enfermo, anormal –con grados de anormalidad- y como tal, ese ojo buscó signos del padecer que deben mostrarse, dar cuenta de la enfermedad y justificar el encierro, especialmente si consideraron que el desorden psíquico tuvo una composición moral y biológica. El cuerpo fue examinado, interrogado en lo verbal y en lo visual.
El dispositivo fotográfico de Cabred presentó tres etapas:
El primer período de estereotipo policial-criminal tomado de Alienadas, con algunas similitudes a las imágenes de Charcot, presenta poses forzadas, medidas con reglas, en interiores, aunque utilizó la medición de la regla casi todo el período de Torres. Se mostraban mujeres de pie, en general de frente, de cuerpo entero, algunas debieron ser sostenidas o debieron posar sentadas. 1915. Muchas fueron forzadas a la toma fotográfica que muestra la tensión representada metonímicamente por la enfermera manifiesta estrategias de control físico para someter a las mujeres al acto fotográfico. Encontramos dos retóricas predominantes, la toma aceptada o consentida –implícitamente forzada- y la toma explícitamente forzada. Dentro de estas categorías encontramos grados de aceptación o forzamiento. En general hubo tensión y forzamiento para la toma, visibilizados e
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indexicalizados por la mano de la enferma como representante de la institución. También encontramos imágenes de forzamiento en rostros de rechazo o miedo o en rostros con sonrisas. De este período hay escasas imágenes sin la regla de medición, son imágenes de una niña sentada en una silla, posiblemente porque no puede permanecer de pie, y otra niña al aire libre, sostenida por la cabeza por alguien, un hombre con una gorra que, pareciera, es el guarda de ferrocarril pero no tenemos mayores datos. Esta primera etapa es de 1915 a 1920 [Imagen 4: Dominga Dellagiovanna].
El segundo período de estereotipo psiquiátrico, con búsqueda de rasgos de alienación propiamente dicha. Imágenes de perfil con mujeres sentadas en una silla y la regla o al aire libre, preferentemente de frente, de menor presión institucional o mediación de enfermeras en estas últimas tomas. Se destaca el fondo de campo o de edificio para presentar dos retóricas: la del encierro y la de la libertad simultáneamente. El significado de las imágenes es de sanación, de curación bajo los principios de la curación con el aire sano del campo. Las imágenes en encierro repiten rasgos como testimonios. La presencia del paisaje predominó en épocas más cálidas; en los otros períodos no se observa la adaptación del paisaje a la época del año. A propósito de los espacios de internación mostrados es curioso que no aparecen, en estas imágenes, espacios de trabajo en el campo o en los talleres. Esta etapa es de 1921 a 1925 [Imagen 5: Julia Rivero].
El tercer período de estereotipo social retratístico, con influencia de los fotógrafos del Río de la Plata, sur de Brasil y Paraguay (Cuarterolo, 2009), con presencia de rasgos de poses sociales, complicidad de la pose o placidez de la pose en algunos casos. Predomina la fotografía de frente, o frente y perfil de la misma persona; se abandona el exterior. En el invierno se observa la presencia de un –único- poncho que se colocaba a cada mujer antes de ser fotografiadas, elemento de distensión y simpatía entre ellas. También hay abundantes imágenes que muestran obsesivamente lo teratológico o “deformaciones”. El esquema obedece a los retratos, no son imágenes delincuenciales sino psiquiátricas que, creemos, constituyen el modelo de fotografía psiquiátrica en la Argentina. 1925/6 y 1929 [Imagen 6: Consuelo Sáenz].
Una inquietud que surge se vincula con la memoria de la imagen. ¿Qué sabían de imágenes fotográficas estas niñas y mujeres? ¿Qué experiencias tenían de las tomas, propias o ajenas, es decir, de haber asistido al acto como protagonistas o como testigos? ¿Y con el retrato o grupo familiar? Esta reflexión surge a partir de la observación de algunos gestos y poses, hay una memoria de la pose, una estética que muchas de ellas saben. Habrá, entonces, una memoria, psicológica, que estas mujeres tienen y que repiten, y una memoria discursiva (Maingueneau, 2005) generada en los intercambios, habrá formas imaginadas de la pose y de los gestos del rostro, que contrastan con la memoria institucional que se está construyendo de la imagen psiquiátrica, en contraposición a la imagen psiquiátrica de Alienadas. Decididamente encontramos una memoria institucional que se construye a lo largo del período y diferentes memorias de las alienadas: algunas sonríen, se adornan, se preparan para la pose, otras se resisten, contrarian la memoria estética, se instalan en la memoria institucional.
Conclusiones
La institución psiquiátrica en nuestro país instrumentó un dispositivo legitimador del encierro que justificó su práctica médicopsiquiátrica, administrada por representantes del estado. Algunos de los mecanismos que fueron utilizados para ingresar a las mujeres en el Asilo de Torres fueron el interrogatorio inicial y la fotografía.
El interrogatorio, como género discursivo dirigido a un destinatario ausente, deja en evidencia las características inquisitoriales/policiales que el poder médico tuvo ante las mujeres que ingresan a la Colonia tanto como las formas de constitución de un lenguaje, más cercano a lo policial que a lo psiquiátrico: el dispositivo igualó a los interlocutores en un genérico “alienada”. También dejó en evidencia el desconocimiento de la enfermedad a través no solamente del tipo de preguntas de características policiales no psiquiátricas, con referencias cargadas de tópicos ideológicos criminológicos y religiosos sino también a través de la persistente modalidad de indagación de carácter exploratorio que no hace más que explicar lo que se ignoraba: la idiotez, la alienación. El resultado se vinculó más con lo humanitario que con lo científico.
Estas mujeres no tuvieron derecho a nada, tampoco a la palabra. Ninguna de las preguntas del interrogatorio tiene sentido de curación o tratamiento sino que justificaron el poder de la palabra médica. No obstante, a pesar del fracaso de su proyecto, Cabred fue recordado como un adelantado en la psiquiatría por su trato hacia los internados, primero en el Hospicio de Las Mercedes, luego en Open Door y en Torres, espacio donde diseñó una terapéutica diferente, en relación con tareas terapéuticas y con la introducción de la perspectiva protocientífica frente a los manejos más ligados al culto religioso del Hospital de Alienadas.
También la fotografía se constituyó en un procedimiento de represión y control institucional, reproductor del orden político. El libro con imágenes de alienadas fue un panóptico visual de enfermedades mentales, familiares y sociales. La escena de opresión institucional y de rechazo femenino se ve en las fotografías que muestran la resistencia en la deixis: la configuración de rasgos, actitudes, poses y otros son signos de la resistencia de estas mujeres, expuestas como alienadas por el dispositivo. La alienación estuvo en el trato, en la fuerza, en el horror, en el encierro, el maltrato y la esclavización, sin menoscabo de los problemas psiquiátricos que algunas pudieran tener. La toma de la fotografía mecanizada, automatizada no consideró la individualidad de quien se expone a la cámara y, a veces, es forzada, o muestra indiferencia u obediencia a la indicación de posar para la imagen.
Sin embargo, Cabred construyó el modelo psiquiátrico de la historia clínica y de la fotografía en nuestro país contradictoriamente con los estereotipos de lo cognitivo desde el punto de vista médico, lo afectivo en el prejuicio y la hostilidad hacia las mujeres y lo comportamental del encierro. Esta construcción legitimó la práctica institucional: el estereotipo fue el instrumento que las categorizó como alienadas a través de construcciones imaginarias y colectivas definidas primero por la criminología luego por la psiquiatría de la época.
La pregunta acerca de los significados de la alienación se responde en lo social, político e institucional, no tiene respuesta en la enfermedad. Alienada significa mujer o niña aislable, asilable, secuestrada, cautiva más allá de la enfermedad y su etiología.






1 Encontramos relación entre la creación de colonias y estaciones de trenes también en otros lugares, por ejemplo, Daniela Arbex (2016) señala que en Minas Gerais, a la estación Bias Forte llegaban los “trens de doido” “termo criado pelo escritor Guimaraes Rosa para referir-se ao camino para a norte no Colonia…” (27).
2 Sabemos por la observación y por otras fuentes (De Lilis y Rossetto, 2009) que Cabred tenía una relación muy fuerte con la fotografía no solamente para el ingreso de hombres y mujeres sino que también en ocasiones especiales como actos o inauguraciones, en las que lo acompañaba un fotógrafo que tomaba imágenes de manera permanente.
3 En Las enfermedades mentales, Esquirol (2015) menciona el acto de la realización de dibujos y la construcción de figuras de yeso. Algunas de esas escenas tienen profunda similitud con la escena fotográfica.
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