
http://eventosacademicos.filo.uba.ar/index.php/JNHM/XIII-VIII-2017
Florencia Bernhardt: Universidad Nacional de Luján; Universidad de Buenos Aires
fmebernhardt@hotmail.com
MT 36- BERNHARDT
La representación fotográfica de la enfermedad psiquiátrica femenina en las imágenes de principios de siglo 20 de la Colonia Nacional Montes de Oca –Torres-
Este trabajo inicia una investigación sobre la representación de la enfermedad psiquiátrica en mujeres de principios de siglo 20 en Argentina desde el punto de vista del análisis del discurso.
El objeto de estudio que tomamos es el libro de archivos fotográficos de 1915 de mujeres internadas de la Colonia Nacional Montes de Oca, institución creada bajo la ley N° 4956 del 28 de junio de 1906 con el nombre de “Asilo Colonia Regional Mixto de Retardados”, ubicada en la localidad de Torres, partido de Luján, Buenos Aires.
Esperamos realizar la caracterización y clasificación de algunos archivos fotográficos de la institución debido a que hasta el momento este material es la única evidencia del paso de estas mujeres por ese sitio, si bien se han hallado en las últimas semanas, de manera dispersa y aleatoria, algunos “archivos sociales”. Muchas de estas mujeres –niñas, jóvenes y adultas- vivieron toda su vida en la institución y de la mayoría de ellas no se tienen mayores datos. La colonia fue un lugar de abandono, hacinamiento y maltrato ya desde su inicio y recién en los últimos años comienza a vislumbrarse otra realidad con relación a la externación y a los hospitales de día. Nuestra tarea momentáneamente conceptualiza archivos de imágenes fotográficas que dan cuenta de situaciones terrible arriba mencionadas.
En la definición del término archivo se involucran varios elementos que lo constituyen y a vez, conforman su entorno. Un archivo es documento que pertenece a una “institución que los recibe, cataloga y resguarda, como el edificio en que esos documentos son conservados” (Goldchluk, 2009, p. 2). En este caso en particular, un archivo es una colección de documentos pertenecientes al género discursivo (Bajtin, 1985) “libro fotográfico” (de pacientes), formulados bajo pautas que caracterizan a la institución, al escritor, los médicos y sus colaboradores, y a quienes se estudia, los pacientes psiquiátricos, como también un archivo da cuenta de la realidad de una época y del contexto en el que fue producido. En particular, estos archivos son libros de imágenes fotográficas, con categorías preimpresas que deben ser completadas al ingreso del paciente y al egreso, en el caso de que lo hubiera. Las personas objeto son mujeres en situaciones particulares con relación a su relación social, familiar y mental, llamadas pacientes que, por motivos institucionales de la época, se las aísla en esta institución. (Derrida, 1997, Foucault, 2005).
Eirini Gregoriadou (2014) explica que la fotografía desde su invención, intentó parecer un documento fiel de la realidad, un documento legítimo, un instrumento científico en el que el positivismo creyó y que puso de manifiesto la identidad de la fotografía como documento o archivo y también su relación con los instrumentos de poder y conocimiento a través del uso de la imagen que hacen los aparatos de Estado. Por otro lado, Susan Sontag (Sobre la fotografía, 1977) explica el uso de la fotografía como control social por parte de los mecanismos de control que utilizan los Estados, como puede ser el uso de la fotografía en la identificación de las personas, en pasaportes, en el uso policial y también en situaciones de persecución o seguimiento.
En verdad, durante el siglo 19 la práctica fotográfica era frecuente en instituciones policiales, manicomiales y hospitales debido a la función y el uso de la fotografía. Como se puede ver en las imágenes de la Colonia de Torres, las fotografías de mujeres ingresadas a partir de 1915 son mayormente retratos procedentes del Hospital de Alienadas e imágenes de mujeres de pie –o sentadas en el caso de estar impedidas de permanecer de pie-, tomadas en el Asilo Colonia de Torres. Todas se ubican o se espera que lo hagan, en una escena y en un escenario similar. La misma pose, a veces resistida, que muestra la mayoría de las imágenes permite observar una misma significación de orden y control sobre el confinamiento de los sujetos femeninos que ingresan en la institución. A veces ese orden se interrumpe, es lo que consideramos el conjunto de signos que significan la resistencia de las mujeres al orden institucional, la deixis de mujeres.
Conformación del archivo
Nuestro archivo está constituido por
- Archivos fotográficos pertenecientes a un libro de ingresos de mujeres de 1915-
- Archivos de legajos de mujeres ingresadas a la institución con diferentes tipos de informaciones. Para este trabajo hemos seleccionado archivos fotográficos y boletines anamnésicos con diferentes características en su constitución.
La base se hace a partir de la observación de archivos fotográficos de libro de 1915. Corresponde al libro de ingreso de mujeres a la institución. La primera página del libro dice que consta de 224 páginas numeradas, Torres, agosto de 1915, fecha en la que se da inicio al libro de imágenes. Consta de 1283 cargas que representan aproximadamente 1000 mujeres. Decimos aproximadamente porque en el libro hay frecuentemente errores de varios tipos (nombres mal escritos, doble denominación en algunos casos, letra incomprensible) y páginas arrancadas. Tampoco existen otros archivos de ingreso o seguimiento de la época para comparar o completar la base, o al menos, no hemos tenido acceso a otros materiales. Las páginas ausentes indican necesariamente que hubo ingresos reiterados u otros registrados que se retiraron.
La base construida es de fundamental importancia porque constituye el único medio que puede preservarse para la búsqueda de la identidad de cada persona; esta clasificación se realizó con cuatro criterios: 1- por apellido, 2- por nombre y 3- por fecha de ingreso y fecha de egreso –en el caso de algunas pocas personas-. También se agregó 4- el criterio del número de la página en la figura la persona para facilitar la búsqueda en el interior del libro. A su vez, se cargaron apellidos escritos de dos maneras según el libro –es decir, se trataría de la misma persona- o con dos nombres diferentes pero con la misma fotografía. Estos objetivos, además, reposan sobre otro de carácter humano en tanto existe la posibilidad de identificar a una persona en un archivo digital, de manera veloz y ordenada y, por último, es de importancia en cuanto al derecho de la identidad como derecho inalienable tanto en el caso de mujeres adultas como mujeres niñas.
http://www.corteidh.or.cr/sitios/libros/todos/docs/ninosninas3.pdf
El libro tiene imágenes de mujeres y de niñas. Algunas veces la persona registrada tiene varias fotografías, de manera sucesiva o aleatoria. También hay veces que el que nombre de la persona está escrito de dos maneras o con variaciones de fecha. Esto podría indicar que alguien egresó e ingresó nuevamente y no se cargó el egreso -como en otros casos- o hay errores en la inscripción original. En el caso de diferencias en la escritura del nombre de la persona o de la fecha de ingreso hemos optado por ingresar ambas veces a la persona por si fuera buscada con uno u otro nombre o con una u otra fecha. A partir de estos casos se recomienda la búsqueda por nombre, fecha y aproximaciones. Otras personas no tienen nombre, el libro presenta un espacio vacío; en estos casos la persona solamente se puede identificar por la imagen. En algunos casos no hay imágenes que acompañan al nombre, y en otros, lamentablemente, se han arrancado las páginas. También hay algunas páginas en blanco directamente, posiblemente se dejaron así para ser completadas en otro momento (sería factible por la fecha).
También tuvimos problemas en el armado del archivo con la comprensión de la letra, a veces de difícil comprensión por la norma caligráfica ornamental de la época o la superposición de letras o reescritura sobre el nombre o por el paso del tiempo y el descuido del material. Algunas hojas fueron arrancadas, como las hojas 71, 83, 111, 115, 179, 217. La página 17 tiene 3 fotografías en vez de 12.
En la base consideramos el orden de las páginas, es decir, el orden por fecha de ingreso pero, como anticipamos, también las personas fueron caracterizadas por apellido, nombre, sexo. Se pueden agregar más categorías en tanto se encuentren mayores datos de ellas. Es factible, en un futuro, agregar alguna imagen de la persona. La base está armada para contemplar estos casos. El programa es Access pero al final presentamos un anexo en Excel con la finalidad de mostrar las cargas realizadas.
Sobre la base de datos de mujeres
El presente archivo que se adjunta al final en una tabla de excel es el resultado de la digitalización de la información de las 224 páginas del Libro fotográfico de la sección mujeres del asilo Colonia de regional mixto de retardados de Torres entre los años 1915 y 1929. Dicho libro presenta fotos de cada paciente y, debajo adjuntado (en muchos casos con información incompleta), su nombre, apellido y la fecha de un movimiento de dicho paciente, sea una entrada al asilo o una salida.
Luego de la digitalización se puede observar que la información en la gran mayoría de los casos es parcial e incompleta, faltan fechas tanto de ingreso como de egreso, hay mujeres
duplicadas, habiendo cargado más de 1500 se estima que la cantidad total de mujeres es de aproximadamente 900.
Además hay 39 mujeres que no tienen apellido y de esas 39, a 14 se les asignó un número identificatorio.
Gregoriadou (2014) menciona que en Vigilar y Castigar (1975), Foucault “localiza la emergencia de un nuevo mecanismo administrativo de registro, de documentación que empieza a regular, organizar y clasificar todo lo dicho en archivos” (p. 79). Este mecanismo se pone en relación con las prácticas policiales y psiquiátricas de la época. Se utilizan fichas con fotografías y textos que luego se archivan como instrumentos de control. La fotografía se convierte en “prueba policial, judicial, así como herramienta de diagnosis fisiognómica e incluso de reforma en la clínica psiquiátrica (…) su uso servirá en la clasificación y comparación de un individuo con otro, permitiendo de ese modo el control absoluto del hombre mediante su conversión en objeto de conocimiento” (p. 87).
Alphonse Bertillon (a partir de Gregoriadou, 2014), compaginó tablas de datos con medidas antropomórficas detalladas para la clasificación visual de los cuerpos, “la huella fijada en la fotografía y en el archivo contribuye a la identificación y a la autenticidad de la identidad, y nos hace pensar que su íntima relación reside en esta impresión latente que ambos registros encierran” (p. 90). Sabemos que Bertillon estaba ideando un archivo fotográfico importante a partir de la información de los criminales en base a las fotografías. Al respecto, dice Ginzburg en Mitos, emblemas indicios (2008):
La idea de un enorme archivo fotográfico criminal fue en un principio descartada, por los insolubles problemas de clasificación (…) Desde 1879, un empleado de la prefectura de París, Alphonse Bertillon, elaboró un método antropométrico, que ilustraría en varios ensayos y memorias, basado en minuciosas medidas corporales, que confluían en una ficha personal. (…) Bertillon propuso complementar el método antropométrico con el llamado “retrato hablado”, o sea con la descripción oral analítica de las “unidades discretas” (nariz, ojos, orejas, etcétera), cuya suma debería devolver la imagen del individuo, permitiendo en consecuencia el procedimiento de identificación…” (p. 215 y s.)
Las fotografías que presentamos a continuación corresponden a la imagen de perfil y de frente del creador de la fotografía policial moderna, junto con una ficha de datos físicos, luego a una mujer también registrada o “fichada” –de fichar, hacer la ficha o registro- de perfil y de frente. En ambas secuencias se puede observar una regla, sobre el costado izquierdo, para medir los datos que solicitaba la ficha. La regla, en otro tamaño, la vamos a encontrar en las fotografías del Asilo Colonia de Torres.
La tercera imagen es un cuadro de rasgos fisonómicos que permitían medir características de las personas.

Imagen 1: Fotografía de A. Bertillon, creador de la fotografía policial moderna. Su propia imagen de medio cuerpo de perfil y de frente constituye un modelo fotográfico para la criminología y la psiquiatría posteriormente. Tomado de http://www.playgroundmag.net/noticias/actualidad/fotografias-crimenes-Alphonse_Bertillon_0_1867013299.html 9/4/2017

Estas imágenes corresponden a un archivo policial-criminológico. Como la imagen anterior (Bertillon), se compone de una pose de medio cuerpo de perfil y de frente. La regla sobre la izquierda permite realizar mediciones antropométricas bajo parámetros clasificatorios de la criminalidad.

Tomado de http://www.playgroundmag.net/noticias/actualidad/fotografias-crimenes-Alphonse_Bertillon_0_1867013299.html 9/4/2017
La tabla fisionómica de rasgos también presentaba un espacio para las orejas. A partir de la tabla estaría clasificado todo rasgo criminal posible. Así, el positivismo asignó a la fotografía valores diferentes de los tradicionales estéticos, ahora el cuerpo podía ser archivado a partir de la observación mecánica que se realizaba con la cámara y a partir de registros estándares establecidos por la época. El hecho de que los cuerpos pudieran ser clasificados, y por lo tanto, controlados en diferentes categorías vinculadas con lo criminal -el método de A. Bertillon, que se utilizó en EE.UU. para la identificación policial- y que constituyera el modelo para la psiquiatría, otorga un nuevo significado para la historia de la fotografía: la fotografía institucional.
Además, las fotografías estaban acompañadas por textos escritos debajo de ellas, muchas veces, como veremos más adelante, son textos que se corresponde con el estudio de
la fotografía, de manera de justificar o demostrar la imagen, o la acompañan, por lo que estaríamos en presencia de cierta explicación, convalidación y autentificación de las imágenes con el registro escrito, es decir, la función de la escritura es, en estos casos, de control y verificación de la imagen (se analiza en el apartado siguiente). Uno es correlato de la otra.
También en el Asilo Colonia de Torres, hay historias clínicas que proceden de otros lugares, como el Hospital Nacional de Alienadas, espacio caracterizado por el hacinamiento que derivó la mayoría de las mujeres a la Colonia de Torres. Sabemos que en las derivaciones de una institución a otra se solicitaba la historia clínica junto con la fotografía, con las mismas características que las diseñadas por Bertillon. Al respecto dicen de Lellis y Rossetto (2007):
en un oficio dirigido al Ministro de Relaciones Exteriores y Culto Dr. Murature, le solicitó (Cabred) a la Sociedad de Beneficencia que enviara “…hasta doscientos retardados, de uno o ambos sexos, de seis años para arriba, de los que se asisten en los Hospitales dependientes de ella (…). Cada retardado debe ir acompañado de una historia clínica, con fotografías de frente y perfil1y con las impresiones digitales…” (p. 15)
Los libros de la Colonia de Torres analizados contienen 4 columnas de 3 filas de imágenes por columna, es decir, cada página tiene 12 fotografías. Además hay una o dos fotografías de la persona en la historia clínica. La imagen de la historia clínica no necesariamente es la misma que la del libro de fotografías.
En algunos casos hay varias imágenes de la misma persona, mujeres, que son retratadas. En la observación y caracterización de los distintos elementos que se tornan significativos, encontramos que cuerpo, pose, mirada, fondo, son los elementos que producen significación o manifiestan algún rasgo significativo. Por supuesto que las fotografías son en blanco y negro. El libro o álbum que constituyen las imágenes es de gran tamaño también. Posiblemente funciona como registro o complemento de las historias clínicas. Estas imágenes son tomadas al ingreso de la persona en la institución.
Las imágenes son de cuerpo entero. Los cuerpos están vestidos con polleras y blusas o sacos y zapatos del estilo borceguí. En algunos casos hay delantales rayados o a rayas sobre otra ropa. El cabello está cortado generalmente, muy cortado o al ras, a veces cortado como hombre, a veces no hay cabello o está recogido. La inmediatez del corte, posiblemente realizado para la toma fotográfica, es evidente. No se ven largos ni lacios, o rulos. Algunas imágenes dan la idea de que se exponen hombres, se desambigua la imagen a través del nombre y de las faldas, en el caso de que hubiera pantalón y ausencia de nombre, da la imagen de hombre. A veces, en una o dos imágenes, hay sonrisa o algo que parece eso (Ramona Velarde, Rosa Naspetti), en las otras hay amargura, no seriedad sino depresión o angustia.
Con relación a la mirada de las mujeres, encontramos que los ojos y el rostro están mirando al frente, a veces está el rostro pero no los ojos, cerrados o mirando en 2ª o 3ª persona. En un caso (imagen de Carmen Sosa) la enfermera que sostiene a la pequeña mira a la cámara pero no la pequeña. La mirada es una construcción institucional, no hay fotografía en la que las personas miren en esas direcciones, con el rostro y con la mirada.
La pose principalmente es de pie, generalmente en posición frontal o de perfil, sentadas, algunas sostenidas por una enfermera. También es una construcción institucional que, como señalamos, se origina en la fotografía criminológica. La pose de la mayoría de las mujeres habla de cuerpos abandonados, deformados, sometidos, expuestos obligadamente.
El fondo de la imagen presenta lugares indefinidos, posiblemente paredes. Como la toma fotográfica trata de abarcar la totalidad del cuerpo, muchas veces se fotografía el piso, que se distingue con alguna clase de adorno en la baldosa pero el fondo no muestra imágenes.
Hay otros elementos, pertenecen a la tecnología de la institución como un aparato de medición de altura de las personas, al estilo escuadra o una silla para algunos casos. Es una gran regla con una madera para medir la estatura. No se ven otros objetos que den cuenta de “lo institucional”. El dispositivo fotográfico considera cuerpos, vestimentas, algún instrumento como regla y un fondo blanco. No hay ambientes institucionales como salas médicas, dormitorios, espacios de labores, etc. La fotografía espera dar cuenta de un cuerpo que muestra una enfermedad mental, la idiotez.
A partir del uso psiquiátrico de la fotografía entendemos que constituye un documento para ser analizado por la medicina. El discurso médico elaboró registros gráficos, litográficos y otros desde el siglo 15 y luego, a mediados del siglo 19 incorporó la fotografía (L. Robinson y D. Caballero, 2007) para describir el cuerpo –sano y enfermo- bajo una mirada clasificatoria taxonómica. Los avances del discurso científico médico ponen en evidencia una mirada normativa que transforma la enfermedad en una condición de “impureza y desviación, solo propia de los grupos sociales vulnerables. En cambio, el cuerpo sano era una condición propia de la “normalidad”, no solamente física, sino social” (L. Robinson y D. Caballero, p- 992), quienes afirman que la imagen médica
produce una transformación en la condición del sujeto a representar, donde el estado del sujeto, luego de una clasificación muta al estado de objeto. En este estado, solo es de interés percibir la condición del paciente como estado único, excluyendo cualquier otra condición o realidad del sujeto. Es decir, se percibe al individuo como un espécimen bajo un microscopio, del mismo modo que los naturalistas del siglo XIX catalogaron el mundo vegetal y animal en sus viajes. El cuerpo se convirtió en propiedad de la ciencia a partir de la industrialización a fines del siglo 18 en una nueva condición de los procesos de colonización que se vivieron en algunos territorios. (p.993)
Así, el sujeto transformado en objeto, es expuesto a la mirada médica con el objeto de descubrir, examinar, analizar diferentes manifestaciones de la enfermedad, según las categorías médicas. De ahí la importancia del archivo médico fotográfico para algunas instituciones relacionadas con la salud.
En el caso de la Colonia de Torres encontramos únicamente fotografías de los cuerpos: las mujeres ingresadas a la institución son fotografiadas de diferentes maneras, como se expondrá a continuación. ¿Cuál es el sentido y qué finalidad tienen estas imágenes?
El hecho de analizar fotografías como documentos históricos significa hacer una categorización de lo observable, es decir, de las técnicas, de la escenografía, de los objetos, del fotógrafo, de la institución. Son, entonces, fotografías médicas e institucionales a través de las cuales es posible entender a partir de Leyton Robinson y Díaz Caballero (2007):
el rol de la fotografía como un factor dominante que comprueba y demuestra los grandes logros de una ciencia humana. Pero también, abarca una serie de factores que nos hace mirar lo no percibido, la obscenidad de la objetividad, observar el discurso científico en su concreta realidad social y política y como ésta influye sobre las determinaciones científicas, neutrales, apolíticas que realiza el propio científico o en este caso, el médico. Esto se relaciona con la manipulación de los hechos y el sesgo de los juicios científicos de una época histórica, su neutralidad en los contextos donde se sitúa o irradia su conocimiento. La fotografía registra el pasado y su verdad épica, pero también “congela” los errores y prejuicios médicos de una época. (p.998)
El sujeto que se muestra en nuestro material “es la imagen de un sujeto enfermo la que termina mostrando la realidad social de la propia enfermedad.” (L.R. y D.C., 999). La realidad institucional fotográfica consiste en presentar mujeres forzadas a la pose, sea sentadas o paradas.
Se presentan las imágenes de
- Rosa Naspetti
- Cecila Danni
- Manuela Cuervo
- Valeria Mendoza
- María Esther
- Josefa Dellagiovanna
- Página con secuencias de imágenes (2)
Las imágenes de Rosa Naspetti (imagen 4, fecha de entrada 9 de marzo en el cuadro nosológico del Hospital de Alienadas y 19 de agosto en el legajo de la Colonia de Torres) se presentan de frente en la primera imagen y de perfil en la segunda. También en la primera imagen Rosa está mirando al frente, sonriente, con el cabello hasta los hombros, y en la segunda ya está rapada. La imagen que presentamos de Rosa Naspetti presenta gran similitud con la imagen criminológica presentada antes. En este caso, Rosa está de pie, mira más que hacia la cámara en un ángulo, un punto que escapa a nuestra visión, a un lado de la cámara. Viste un delantal oscuro, borceguíes, tiene la cabeza rapada. La mide una gran regla2 que marca aproximadamente 140 de estatura, es decir, es una niña. La imagen de Rosa muestra un contraste entre su rostro, sonriente, los ojos y la boca tienen cierta expresión de alegría, y los puños de las manos, tensos, exasperados. Hemos calificado de tensión entre la presión institucional y la resistencia de la niña a la gestualidad que hay en la imagen de Rosa. La fotografía se nos presenta como un enunciado en el cual podemos leer la relación entre el encierro y la niña, la deixis. La edad de la inocencia. Internada en un psiquiátrico. El resto de la escena se ve como de pared, paredón blanco, no hay ningún elemento que evidencie niñez, calidez, cuidado. Sólo control a través de la regla. Recordemos que en la fotografía criminal de Bertillon se introduce la regla como elemento de medición de los cuerpos.


En la imagen de Cecilia Danni (imagen 5) se puede observar la niña, muy pequeña, su estatura es de apenas 90 centímetros según la regla. También está rapada. La niña se toma con el brazo derecho de la misma regla, posiblemente para evitar caerse, y con la mano izquierda se toma el vestido o delantal que la cubre, oscuro, tal vez una señal, no sabemos muy bien de qué, ¿se toma el vestido para acomodarlo?, ¿entiende un rasgo estético en la toma? Su rostro manifiesta tristeza. La presión institucional se deja ver en una mujer, enfermera de la época tal vez, que la sostiene y a la vez, presiona para la toma fotográfica. Es interesante ver en la mujer el signo institucional, su ropa a falta de uniforme, no hay en ella elementos institucionales, profesionales, más bien, parece una internada más.
En la siguiente fotografía (imagen 6) se puede ver cómo la mano de la enfermera toma de la oreja a Manuela Cuervo, niña también, posiblemente para que se quede quieta y el fotógrafo pueda tomar la imagen. El maltrato institucional, la pose forzada, el castigo posterior, la forma de la relación, evidentemente, quedan fotografiados. El poder médico-institucional se hace manifiesto en las imágenes a través de la pose de las mujeres, obligadas a hacer las fotografías, de ubicarse frente a la cámara de frente o perfil, etc. Las manos de las enfermeras o cuidadoras que obligan a mostrar la cara, a veces hasta tirando de la oreja como es el caso de Manuela Cuervo, la regla que mide la estatura de las mujeres, constituyen la representación del poder psiquiátrico, la fuerza que hace sumisa a la mujer que resiste, son los agentes de poder de la disciplina (Foucault, 2014).


Las imágenes de Valeria Mendoza, imagen 7, (fecha de entrada el 20 de junio de 1889 en el Hospital de Alienadas con diagnóstico de imbecilidad) también presenta dos fotografías, en este caso, la primera es de perfil, con una especie de capa o gorro, y la segunda de frente, con delantal blanco. La fotografía de la Colonia de Torres (ingresó el 21 de agosto de 1915) presenta diferencias con las anteriores, procedentes del Hospital de Alienadas: la fotografía es de cuerpo entero, Valeria Mendoza está de pie, una de sus manos toma a la otra en el centro del cuerpo, mira de frente, posa al lado de una regla que mide su estatura.
María Esther, imagen 8, (ingresada el 19 de agosto de 1915 a la Colonia de Torres) presenta una fotografía distorsionada: parece con la cara oculta, con las manos cruzadas, como caídas, los zapatos dejan en evidencia que está de frente, incomprensible: ella oculta la cabeza en la ropa. Tal vez, una de las imágenes más significativas por lo incomprensible de la toma. La negación a dar la cara a la cámara, que representa a la institución, se manifiesta violentamente. La deixis es completamente explícita y negativa. Se afirma en retirar la cara, justamente el punto de identidad de un cuerpo. Se aclara que la fotografía fue tomada en octubre de 1919. También hay una fotografía sin fecha y luego otra tomada en mayo de 1941, ya adulta. María Esther pasó su vida entera en Torres, donde falleció. El traje o delantal a rayas que viste María Esther recuerda la ropa de los presos.
La fotografía de Josefa Dellagiovanna junto a la regla, reclinada sobre ella, presenta una imagen que no difiere de cualquier otra joven, excepto por la presencia de la regla, índice institucional (Ginsburg, 2008). El delantal oscuro, la pared, la mirada ligeramente perdida y no directamente sobre la lente, indican la pertenencia institucional, ella no pertenece a ese lugar, el lugar la capturó.
En las secuencias de fotos del final da cuenta de las mujeres y de las niñas internadas, con delantales rayados, como las vestimentas de los presos de la cárcel de Ushuaia u otras. Algunas de esas imágenes varían, se presentan con vestidos y con un fondo rural o de árboles. En todas se ve la deixis de las mujeres que resisten al poder psiquiátrico, a la institución. A veces se cuela la mano dominante de la enfermera o colaboradora, siempre sujetando, tironeando, tensionando. Algunas son niñas, muy jóvenes, otras son chicas, adolescentes con los brazos en jarra o cruzados detrás de la espalda. Ninguna de las poses es placentera, feliz, acogedora. Tal vez, la pose más siniestra sea la de Clotilde Pucheta, ingresada el 28 de enero de 1922, posa con su (¿?) bebé en brazos, arropado. Clotilde parece haber accedido a la toma de la fotografía pero retuvo al bebé en sus brazos. ¿Por qué esta familia está internada? ¿Por qué no hay otro espacio para una madre y su hijo? ¿Cuáles son sus destinos? Preguntas que no tienen respuesta pero que ponen en evidencia el carácter extremo e inhumano de la internación psiquiátrica de mujeres, a principios de siglo 20 en la Argentina, y que también lleva a la preocupación por el destino de los hijos de las mujeres internadas.


El dispositivo de análisis fotográfico establecido por Leyton Robinson y Díaz Caballero (2007) considera que este tipo de imágenes son documentos de archivos visuales médicos, culturales e históricos. Si bien consideran que el analista debe definir las categorías de interpretación, nosotros seguiremos las que ellos proponen: las funciones médica, social, técnica, estética, política e institucional de la fotografía.
- Médico-social (marcos contextuales históricos, relaciones entre la medicina y la sociedad)
- Médico-estético (formatos fotográficos, registros e iconografía)
- Médico-institucional (intenciones o determinaciones institucionales. La institución que confecciona documentos visuales con ciertos objetivos.
- Médico-político (la política como reguladora de aspectos médicos y sociales)
A partir de las imágenes seleccionadas del libro de mujeres de Torres encontramos:
1. Eje médico social. En las fotografías se observan mujeres y niñas retratadas con aspecto de marginalidad, alienación, enfermedad. Esta característica nos lleva a relacionar la “enfermedad” psiquiátrica –siempre tenemos en cuenta que las motivaciones por las que estas personas fueron internadas, obedece a parámetros de la época y la institución, por lo que nos exceden- con la marginalidad. Como se puede entender a partir del correlato, los legajos o las propias fotografías de egreso de la institución (en pocos casos), es posible considerar la innecesariedad de la internación o la internación por motivos ajenos a la salud o a un diagnóstico pertinente (“alienada” en base al diagnóstico, idiota). Algunos autores (Marquiegui, 2012) afirman que los motivos de la internación obedecen, en algunos casos, a otros motivos, como pueden ser desórdenes sexuales o alcoholismo. Rossetto y de Lellis (2009) relatan que el poder médico de la época obligaba a estas mujeres a realizar tareas bajo el precepto de la laborterapia como terapia sanadora que consistía en la prestación de servicios de lavandería, costura, limpieza, cocina, etc. Algunas de estas tareas están consignadas en legajos, de manera solapada, como en el de María Esther, quien pasó la mayoría de su vida en la institución. Estas condiciones seguramente contribuían al deterioro de la salud física y mental de las mujeres así como la cotidianeidad de los espacios y la falta de privacidad favorecía las situaciones de miseria y de violencia y el estado de cansancio extremo que hay en muchos casos. Detallamos algunas de las exigencias laborales mencionadas, y recordamos que hasta ese momento los pacientes recibían tratamientos sin medicación, basados en la combinación de un orden moral y el trabajo, en general “carpintería, herrería, hojalatería o zapatería, colchonería, escobería, costura, imprenta y actividades de índole rural tales como horticultura, jardinería y agricultura” (de Lellis y Rossetti, p. 16, tomado de la Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Regionales), es decir, cumplían muchas tareas y eran por demás productivos en su trabajo, como lo afirma también Rossetto.
También, observa Dellacasa (2000, p. 44, citado por Leyton Robinson y Díaz Caballero, 2007) que “muchas instituciones hospitalarias, desde sus orígenes, sirvieron como depósitos de marginalidad social donde se concentraban los sujetos no deseados (p. 1003) Así, las labores producirían mejoras en las conductas y harían productivo el sistema de laborterapia en tanto los internados producían los alimentos y los objetos necesarios para la vida en la institución y, además, retribuían al estado los gastos que insumían. Las mujeres internadas en Torres cumplieron todo tipo de trabajo, desde tareas rurales hasta tareas de limpieza y costura en el asilo, no obstante, no encontramos ese tipo de imágenes como mujeres que trabajan en el campo o en lo doméstico institucional o que prestan servicios de confección de ropa, etc.
Las mujeres internadas en el Hospital de Alienadas fueron distribuidas según parámetros que también incluyeron las clases sociales, es decir, las diferencias entre las mujeres internadas se vinculaba a la patología y a la clase social. Dice Marisa Requiere (2010) que el Dr. Piñero, director del Hospital de Alienadas, respondió a las Damas de la Sociedad:
“Considero que la enfermedad no admite distingos de clase, todas las internadas, vengan de donde vengan tienen los mismos derechos…” con el correr de los años las Damas de Beneficencia lograron concretar sus pretensiones, y las obras con los pabellones que albergaban enfermas de 1ra y 2da clase existían y no se hacían rebajas en los pabellones de 1ra y 2da categoría, debido a la modernización introducida en ese servicio. La distinción en categorías se observa en el Anexo de Lomas también, que era un poco más económico que el Asilo de la Capital, por eso las Damas aconsejaban a los familiares que no podían costear los gastos de la 1ra y 2da categoría del Asilo de
Alienadas que, acepten derivarlas al Anexo de Lomas construido para las enfermas crónica que según las Damas, obstaculizaban la asistencia de las agudas. (p. 6)
2.Eje médico estético. Observamos la misma cuestión estética de infelicidad en los rostros, de similitud de posiciones, de forzamiento para la pose. Algunas mujeres están desarregladas, otras forzadas, o mal vestidas así como en algunas se muestra el afán del arreglo personal previo a la toma fotográfica, o a veces hay un detalle como un moño en el pelo o un collar, que contrastan con el resto de la presentación de delantales irregulares, arrugados, sucios, borceguíes desatados o rotos, cabellos desarreglados o cabezas rapadas. Estas escenas ponen de relieve el abandono de las mujeres, el trato institucional, la suciedad, la falta de cuidado sobre el cuerpo y la ropa con la excepción de raparlas. El ojo del fotógrafo está enfrentado a la mujer fotografiada. La toma de la fotografía está mecanizada en el sentido de automatizada. No se considera la individualidad de quien se expone a la cámara y, a veces, es forzada. En otros casos hay indiferencia, en otros hay obediencia a la indicación de posar para la imagen.
3.Eje médico institucional. Las fotografías establecen una colección. Construyen una imagen de la institución en cuanto a ciertos objetivos corporativos. Las mujeres y las niñas ingresadas a la institución fueron cuidadosamente fotografiadas, especialmente al ingreso de pie, de cuerpo entero, de frente, algunas sentadas, algunas obligadas a mantener la posición por una enfermera y hasta por dos. Muchas fotografías fueron tomadas junto a una regla de tamaño considerable que medía la estatura de estas personas. La finalidad de las fotografías está asociada a la memoria institucional o al estudio médico o a ambos. ¿Es posible entender el paradigma psiquiátrico médico de la época? Además encontramos que se espera que la fotografía muestre no solamente los aspectos de la anormalidad o de rasgos físicos que den cuenta de la enfermedad desde el punto de vista corporal como lo anormal o lo deforme sino también los rasgos psíquicos.
4.Eje médico político. Algunas veces las fotografías permiten visualizar a cierta jerarquía de la institución, no aparecen los médicos junto con los pacientes sino algunas veces aparecen los colaboradores, por ejemplo, las enfermeras. Tampoco se las ve de cuerpo completo sino que se ven partes, las manos presionando la cabeza de una mujer que ingresa, las manos obligando a mirar a la cámara, las manos sosteniendo a quien no puede levantarse, las manos antes o después: desnudando un cuerpo, acomodando otro ante la regla. Estas imágenes muestran el ejercicio de un poder dentro de las estructuras manicomiales. La fotografía es forzada, obligada, no hay posibilidad de elegir tomarla o no tomarla. Es posible, así, relacionar la funcionalidad de la fotografía con procedimientos de represión, control social y hasta de criminología. El libro con imágenes de alienadas constituye un panóptico visual en el sentido de control, según expresan Leyton Robinson y Díaz Caballero (2007) a partir del estudio de fotografías de carácter similar que ellos realizan en Chile sobre la misma época, quienes, además, encuentran que, al menos desde mediados del siglo 19 con el uso de la fotografía como mecanismo de control social, que
la anormalidad es un rasgo constitutivo que “identifica” a este nuevo “monstruo moderno” (el delincuente). Su cuerpo anormal denuncia su sospecha en un posible delito. Lo especifica de la masa, lo desnuda a través del documento fotográfico. La fotografía de delincuente está analizada desde formas médicas que posteriormente en el siglo 20 serán los nuevos sistemas de vigilancia policial. Junto a la fotografía del inmigrante (pasaporte) son los nuevos sospechosos, de nuevas formas de peligro3. Rompen la moral, los límites de la naturaleza, de las fronteras, de los muros o cordones sanitarios y nacionales, etc. Roban las riquezas nacionales o privadas, un nuevo “bárbaro” que hay que identificar y la biología, la medicina y la fotografía van a participar de este nuevo sistema de reconocimiento del “anormal” que fue el delincuente… p. (1006/8)
Además, el hecho de que hacia 1883 Torcuato de Alvear fundara la asistencia pública de Buenos Aires junto con la creación de espacios específicos para la locura, pone de manifiesto que la creación de lugares como la Colonia de Torres es un elemento de progreso (Requiere, 2010). Marquiegui (2012) afirma que
“la fundación de las primeras instituciones psiquiátricas del país eran manifestación de ese mismo proceso de modernización, que opera en este caso en el campo de la medicina, de manera autónoma” (p. 152)
y que el
“enclaustramiento en las colonias asilo fundadas a principios del siglo XX no siempre obedeció a causas ni pura ni exclusivamente médicas, confluyendo en ese desenlace las prácticas de control y el interés de un estado que veía con alarma el desmesurado crecimiento de la población y la urbanización acelerada, que no podían dejar de vincular con la aceleración del conflicto social y el incremento de la emigración europea” (p. 152).

1 El subrayado es nuestro.
2 Algunos testimonios de Torres nos dicen que la regla aún se conserva en la institución como símbolo de la época.
3 Dedier Norberto Marquiegui de UNLu y Conicet trabaja desde hace más de 10 años la problemática del inmigrante italiano, sospechado de delincuente, encerrado como loco en la vecina colonia de Open Door, motivo de su creación por parte del gobierno de Julio A. Roca. Ver, entre tanto artículos, Marquiegui, D. (2012) “Un final no buscado: Los inmigrantes europeos entre la frustración del proyecto migratorio, el control estatal y la locura. Un acercamiento desde los libros de la colonia de alienados de Open Door (Inicios del siglo XX).”, Claroscuro. Revistas del Centro de Estudios sobre Diversidad Cultural 11: pp. 149-174. Recibido: 6 de Octubre de 2012 Aceptado: 12 de Diciembre de 2012 y (2014). También Marquiegui, D. (2014) El concepto de alienado desde la historia y los registros de la colonia nacional de alienados de Open Door, 1901-1930. UCA. Rosario. VI Taller de Historia Social de la Salud y la Enfermedad.
