Sexto Congreso Latinoamericano de Glotopolítica- Santiago de Chile. 30 de septiembre, 1 y 2 de octubre de 2024 – Políticas del lenguaje en perspectiva histórica.
Florencia Bernhardt- UBA- UNLu – florenciabernhardt@gmail.com
Procesos naturalizadores del lenguaje psiquiátrico en las tesis psiquiátricas del siglo XIX de la Facultad de Buenos Aires
Palabras clave: tesis alienistas, comunidad discursiva, regulación lingüística, dispositivo psiquiátrico.
La comunidad médico-discursiva del alienismo (Beacco 2004), surgida en el siglo XIX en el marco de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, desarrolló un dispositivo psiquiátrico normativo de regulación lingüística (Arnoux et al., 2021) cuyas prácticas discursivas fueron homólogas a las políticas de Estado y, en algunos casos, se naturalizaron y permanecen vigentes.
La práctica discursiva médico psiquiátrica o “alienista” se caracterizó por la producción de modalidades discursivas propias, representaciones sobre la cientificidad de carácter más político que científico y expresiones ideológicamente disciplinarias sobre las enfermedades mentales, presentes en la construcción de los incipientes géneros discursivos de la comunidad, como fueron, en primer lugar las tesis médico-psiquiátricas de gran producción hacia los años 1880 y, posteriormente, los ensayos positivistas del entresiglo.
Cierta estabilización del género tesis (Bajtin, 1985) hacia los años 1880 facilita la observación de procesos naturalizadores del lenguaje psiquiátrico (Del Valle, 2007) que articularon la comunidad discursiva así como también es posible establecer relaciones de la clase médica con la clase política. Estos procesos se evidencian en diversas expresiones como comentarios o reflexiones en el cuerpo de la tesis, diferentes paratextos como dedicatorias, breves intercambios epistolares entre miembros de la Facultad, conformación de los tribunales de evaluación y formulación de preguntas a los tesistas. También, frecuentemente se identificó la ciencia médica con los valores políticos de raza, nación y moralidad. Se trata de expresiones que escenifican los dispositivos normativos y evaluativos que orientaron estas prácticas (Arnoux et al, 2010).
Oscar Terán en Positivismo y Nación (1987) afirma que los miembros integrantes del positivismo articularon su ideología en diferentes campos culturales y fueron parte del sistema de ideas de las disciplinas científicas. Su campo científico estuvo organizado en torno a publicaciones como ensayos, publicaciones periódicas. Su matriz dominante tuvo un rol hegemónico en la Argentina “por su capacidad de plantear una interpretación verosímil de estas realidades nacionales cuanto por articularse con instituciones que -como las educativas, jurídicas, sanitarias o militares- tramaron un sólido tejido de prácticas sociales en el momento de la consolidación del Estado y la nación”. (p. 11).
Dentro del campo científico, la psiquiatría o “medicina moral” fue parte del sistema de ideas del positivismo que constituyó un campo propio en el último tercio del siglo XIX en la Argentina. Organizados como comunidad discursiva, los médicos psiquiatras, por entonces alienistas, encontraron en el género tesis académica un espacio privilegiado para la práctica de la escritura científica a partir de la caracterización de objetos discursivos relacionados con la locura o la enfermedad mental, en mi corpus, la enfermedad mental asignada a las mujeres. El género discursivo “tesis” fue una intervención discursiva clave en el marco de la comunidad alienista, una estrategia de poder que construyó un dispositivo de control y disciplinamiento sobre la alienación, en este corpus, de las mujeres.
La tesis fue una comunicación escrita, científica y obligatoria que imponía la institución para obtener el título de doctor en medicina, condición necesaria para integrar un espacio en el contexto de la comunidad discursiva. Así, fue un mecanismo de legitimación y sometimiento institucional compuesto por diferentes miembros con roles jerárquicos como tutores, jurados, secretarios pertenecientes a la corporación médica, cada vez más importante, y que a su vez se incorporaban activamente a la vida política e institucional (Wilde, Coni, Ramos Mejía).
Desde el punto de vista de la composición, el género articuló recursos lingüísticos específicos con el ideario alienista-político, en la organización de un lenguaje psiquiátrico, precario pero en desarrollo paulatino que intervino en la regulación de las pautas tanto psiquiátricas como sociales.
Las diferentes propiedades asignadas al objeto discursivo enfermedad mental, naturalizaron una percepción de la identidad femenina y de enfermedades relacionadas con ellas con rasgos procedentes de un orden social que establecía valores despectivos. En términos cronológicos, dichos rasgos fueron el biológico y sexista de la herencia, de la herencia materna, y de la herencia materna a las mujeres, la debilidad e incapacidad de las mujeres, el racismo hacia las inmigrantes, el clasismo o la cuestión social y la delincuencia o peligrosidad, valores relacionados con la emergencia de nuevos grupos sociales en contraste con entornos tradicionales de la población, enfermedades como la tuberculosis, las epidemias de cólera y fiebre amarilla sumados a los cambios políticos a partir de 1880.
La lectura de una importante cantidad de tesis del siglo XIX me permitió segmentar el corpus en tres períodos, de acuerdo con las regularidades, los despliegues conceptuales, las transformaciones textuales en cuanto a la composición del objeto discursivo y a las ideologías lingüístico discursivas que lo han constituido (Arnoux, 2019).
Para esta ocasión, analizo los principales recursos que predominaron en cada período: el primer período hasta 1879 fue de hipótesis, máximas, sintagmas axiológicos y sistema de referencias basados en fuentes extranjeras; a partir de 1880, segundo período, momento coincidente con la federalización de Buenos Aires, predominaron las narraciones con valor argumentativo como casos u observaciones propias con citas locales y pocas citas extranjeras; y observaciones a partir de clasificaciones propias para el tercer período. La prevalencia de recursos por época no significa que fueran desechados en la época siguiente sino, por el contrario, se complejizaron correlativamente con el género discursivo del cual emergieron.
El primer período de composición, que llamo epistémica o formativa (1870), previo a la federalización de Buenos Aires, se caracterizó por la asignación de rasgos o propiedades a sus objetos a través de construcciones expositivas y máximas o hipótesis intercaladas con relatos históricos o filosóficos que discurrían sobre el origen de las enfermedades mentales o referían anécdotas vinculadas con la locura. El tesista definía confusamente la enfermedad y no hacía referencia a sus prácticas médicas1, se limitaba a dar cuenta del conocimiento adquirido durante su formación, de fuerte procedencia extranjera. Se mencionaban algunos ejemplos con la finalidad de ilustrar teorías extranjeras cargadas de juicios de valor.
Los estudios se destacaban por una medicina teórica de las tesis, de fuerte carácter textual. Es el período de la escritura académica. El objeto discursivo constituido en el campo psiquiátrico resultó ambiguo, de evidente precariedad científica: los enunciados que delinearon el inicio del campo y su trazabilidad marcaron una fuerte creencia en la ciencia a la vez que un desconocimiento de los fenómenos que pretendían estudiar. La evidencia de un vocabulario precientífico, coloquial fortalece la idea de que había consciencia entre los miembros de la comunidad discursiva de la precariedad del conocimiento psiquiátrico. El contenido de la ciencia psiquiátrica fue completado y abordado desde el campo social o político a partir de ideas comunes, prejuicios de la vida cotidiana o sociales, estrategia que observo en todo el corpus.
Desde los primeros tesistas la construcción del objeto discursivo enfermedad mental estuvo fuertemente vinculada con lo biológico por lo que expresaron hipótesis con ese rasgo sobre la locura: “es el resultado de una alteración de los órganos de la inteligencia, por más que dicha alteración no haya podido ser siempre comprobada en la autopsia”2: refutando así las teorías que hacían consistir la locura en una alteración del espíritu” (Maglioni, 1879, p. 7), aunque se dudara explícitamente del funcionamiento del aparato psíquico, a partir de Güemes (1879) se afirmaba el desconocimiento de los fenómenos. El contraste de modalidades aseverativa y dubitativa marcaría a su vez el contraste entre la creencia en la ciencia a pesar de su desconocimiento.
Es indudablemente en el sistema nervioso que se desarrollan los fenómenos psíquicos, y si conociésemos perfectamente la estructura y disposición de aquel y su modo de funcionar, podríamos apreciar mejor los cambios que tienen lugar en su interior…; pero desgraciadamente estamos muy lejos de llegar a este grado de conocimiento, a pesar de los adelantos que se han hecho en los últimos tiempos en la anatomía y fisiología del sistema nervioso… (p. 19)
Parece realmente que es con el cerebro que pensamos y no con cualquier otra parte del cuerpo, pues después de un trabajo intelectual sostenido es en la cabeza que sentimos el cansancio, como es en los músculos después de un trabajo material prolongado. (p. 25)
No se cuestionaba la veracidad científica porque de todos modos aportaría al progreso, aunque no se supiera demasiado acerca de los fenómenos. La afirmación de abajo da cuenta del estado de precariedad científica con que se construyó el objeto discursivo enfermedad mental:
La medicina tiene también sus teorías y sus hipótesis sean falsas o exactas, son poderosas palancas que contribuyen a su desarrollo y progreso (Güemes, 1879, p. 11)
Enunciados que marcan la tensión entre la incertidumbre y la afirmación, no obstante, del conocimiento médico como verdadero y legítimo. Esos conocimientos les permitían afirmar que:
“… una joven encinta, asaltada de una inclinación irresistible a matar a su marido, le asesinó y saló su cadáver para comer durante muchos meses” (p. 39)
Hacia 1880 predominó una modalidad o composición de carácter experiencial o de desciframiento del objeto discursivo enfermedad mental en la que el tesista desarrollaba los conocimientos aprendidos junto con experiencias institucionales producto de las prácticas médicas en las que intervenía u observaba. Las tesis estaban orientadas a la resolución de problemas médicos, basadas en la observación de pacientes, lo que dio pie para el surgimiento de los textos de tipo procedimental. A diferencia del período anterior, se percibe la labor hospitalaria especialmente en el manicomio de mujeres (Alienadas). La observación era, en términos de Salessi (1995), una mirada de cuarentena, institucionalizada, enfrentada con la iglesia. El hospital había ingresado a la escritura de las tesis.
No obstante, había vacilaciones: Arce (1881), preocupado por el estado en que ingresaban las mujeres al manicomio, apelaba al orden social con máximas morales que avalaban la sexualidad dentro del matrimonio e instalaba la locura en la línea biológica de la herencia: los sintagmas impositivos, las máximas a modo de hipótesis expresaban la censura o represión de los deseos denominados como “caprichos” de las mujeres, el control de la sexualidad fuera de cause, los modelos conservadores de familia, la fundamentación del encerramiento manicomial como cura o solución. Esta normativa disciplinaria se profundizaría en el tercer período con la tesis de Balbastro. La referencia a la familia como “foco” de la enferma fue una tópica afín al lenguaje de las enfermedades contagiosas del período como fiebre amarilla, cólera o tuberculosis3. La herencia era el principal motivo de locura, término muy amplio que involucraba enfermedades mentales varias. El “aparato genital” femenino era motivo de desórdenes. Frecuentemente, los recursos que explicaban las causas de la locura se sustentaban a sí mismos y no tuvieron demostración sino anecdótica.
- “El celibato predispone a la locura” (p. 10)
- “La trasmisión de la locura por herencia de la madre, puede ser debido al padre o a la madre (pero…) sería más frecuente y más grave cuando reconociera por causa la madre” (p. 12)
- “… desde la fundación del manicomio hasta fines de 1880 y teniendo en cuenta el número de entradas, no nos son conocidas las causas de la locura sino en una quinta parte…” (p. 15)
- “En primera línea debemos citar como causa de locura los trastornos de la menstruación: la amenorrea, la dismenorrea y la menorragia”. (p. 18)
El procedimiento novedoso de este período fue la observación de pacientes, recurso que imponía otras formas de escritura en el género a través del desplazamiento de la mirada en los cuerpos “histéricos” o “enfermos”. Fue una escritura “escópica” o la función escópica de la escritura permitía la observación y anotaba los comportamientos corporales y mentales, los síntomas de enfermedad mental a partir de los criterios propios de normalidad, es decir, lo diferente de la norma era anotado como falla personal y social, por lo tanto, política. En esa búsqueda de indicios o pruebas de la enfermedad mental también se observaban los cuerpos muertos en las autopsias. La escritura de la observación o escópica detallaba los procesos, la observación se hacía experiencia escrita y la escritura era la evidencia. Al respecto, Foucault (2008) explica que así se incorporaban a la medicina psiquiátrica los procedimientos de la escritura.
Todavía los alienistas asignaban mayores propiedades al objeto discursivo: Cabred afirmaba que la locura refleja, producida por un órgano (p. 6) -ya no por la herencia- era frecuente en la mujer debido a su predisposición al sufrimiento:
Digamos, ante todo, que la locura de origen reflejo es mucho más frecuente en la mujer que en el hombre. La mujer trae ya al nacer una predisposición a sufrir ciertas neurosis por ser su sistema nervioso más impresionable, y esta predisposición no es dominada en alguna sino por la educación o por la fuerza innata de su poder intelectual. (p. 14)
Había un sesgo biológico sobre la debilidad femenina que ocupó un gran espacio en el campo médico y psiquiátrico de la época como también en el campo social y en el literario4. La escritura basada en la técnica de la observación desarrollada fuertemente en la tesis de Cabred expresó la escritura de la vigilancia en las tesis del alienismo.
La tesis de Cabred (1881) presentó ocho observaciones de las cuales una no era propia y en las locales expresaba una marcada diferenciación de las mujeres por nacionalidad y por raza. La presencia de la voz francesa (Voisin) marcaría la cercanía de la medicina argentina con la europea y no la imitación de las prácticas. Tuvo una actitud completamente diferente con relación al registro de la palabra de las mujeres, a veces citado de manera directa y en cursiva: “… si ella no daba a luz su hijo, era porque ciertas personas la habían hecho daño, y que habían causado su muerte” (p. 36)
La primera cita de abajo tiene un alto valor documental porque refiere la palabra que una paciente le escribe a un amigo. Este registro es único en todo el corpus. La segunda cita impacta porque refiere la palabra directa de una paciente de la Salpêtrière tomada de Voisin. Ambos momentos recrean escenas que tienen no solo valor demostrativo de la enfermedad sino del sufrimiento de las pacientes. La última cita escenifica con discurso indirecto situaciones de diálogo.
Carta de una paciente a Señor F.T.B.
Estimado Señor: Ha de saber que desde hace dos años soy la mujer más desgraciada de la tierra. Sin haber hecho daño a nadie, ni cometido ninguna mala acción, soy perseguida incesantemente por enemigos que han jurado mi muerte, y que tienen tomadas sus medidas para lograrlo de un modo seguro. No vaya usted a creer, como mi familia, que son ideas mías puramente; tengo la mayor seguridad de que voy a ser la víctima inocente de esos pícaros bandidos que apenas llega la noche oigo (…). (p. 41)
(Cuarta observación, no propia, tomada de Voisin: María S.). Estado, el 16 de octubre de 1867: mujer delgada, cabello gris, fisonomía muy agradable, muy triste, tiene casi siempre la mano izquierda sobre la sien del mismo lado; limpia; conversación agradable. Por momentos se ocupa de cantar con el maestro de canto, y demuestra muy buena voluntad; palabra fácil, rápida, reconoce haber estado loca hace tres años y dice no serlo ya después de dos años. Me explica de la manera siguiente su razonamiento relativo a sus temores: “He venido aquí sin estar loca. Si yo salgo se me preguntará por qué he venido; se me someterá a un juicio, me pondrán presa y me matarán. (p. 47)
Después de instancias de mi parte, me cuenta otra cosa: “Estoy en cinta de 42 meses; he tenido relaciones con un individuo, después de la muerte de mi marido; mi embarazo ha sido constatado por una partera; siento que el niño se mueve; tengo mal de corazón; es una vergüenza para mí y mis hijos, vez un embarazo de 42 meses? ¿Lo cree usted? Tengo confianza en usted. (p. 48)
(Séptima observación, Rita R.). Cuando la trajeron al manicomio (…) Era imposible en los primeros días obtener ninguna contestación a las preguntas que se la dirigían; su única respuesta eran suspiros y llantos; entregada a sus ideas tristes se encerraba en un mutismo absoluto. (…)
(Más adelante) Refería entonces que veía su hijo en el cielo y que éste la hacía señas para que se juntara con él. Algunas veces solía decir que era una gran pecadora, que había cometido los pecados más grandes y que estaba segura de su condenación eterna, encerrándose después en un mutismo habitual.
(Luego de curado su útero de metritis ulcerosa la paciente mejoró y fue dada de alta). (Cabred, p. 58)
Para Korn (1888) la locura estaba vinculada con el crimen, por lo que se propuso estudiar la relación “entre el crimen y los extravíos mentales, estudio altamente filosófico pero no indiferente al médico, llamado con frecuencia ante los tribunales, para emitir su dictamen…”, aunque de entrada explicaba que “los fenómenos psicológicos (… son) resultante de las evoluciones de un proceso fisiológico, sujeto como todos los demás órganos…” (p. 9), es decir, agrega, de acuerdo con los primeros estudios de criminología, el rasgo de “peligrosidad” no por lo libertino sino por lo criminal propiamente dicho5. Esta problemática, actualizada a partir de la publicación de las primeras obras de Lombroso en la década de 1870, ya estaba presente en la tesis sobre las causas de nulidad del matrimonio, de Loza (1876).
Raffo (1888) expresaba su interés por las locuras “denominadas simpáticas, el tipo más perfecto y de mayor interés para su estudio es la que se relaciona con los trastornos y modificaciones de los órganos de la generación; a esta clase pertenece la locura puerperal…” (p. 11)
Para Arévalo (1888) la histeria era una neurosis originada en el siglo XIV en Alemania y Holanda, contagiosa y peligrosa porque podía desencadenar una epidemia tal como se desencadenaron en Buenos Aires las diferentes y sucesivas epidemias de cólera y fiebre amarilla, además de la tuberculosis, es decir, la histeria fue asignada con el mismo estatuto que las “pestes” microbianas.
Garbiso (1889) mencionaba a las mujeres como enfermas y loaba la creación de la cátedra de ginecología para ocuparse de las enfermedades propias del sexo femenino además de interesarse por “hacer resaltar las funestas consecuencias que produce la alteración de síntomas o la ficción de ellos que colocan al médico en una situación por demás difícil” (p. 9) mientras que Firmat (1889) se mostraba sorprendido por el fenómeno de la histeria también como epidemia que “nos amenaza con su rápida invasión” (p. 7) y justamente afirmaba en términos metafóricos a la histeria como amenaza, peligro, invasión que deja víctimas, una etiología que se basó en el descubrimiento de que “vale más precaver que curar”, máxima alejada de las demostraciones científicas. Alertó sobre el peligro de la transmisión de la histeria como enfermedad contagiosa, apeló a la separación de los hijos de las madres y a la vigilancia médica para evitar la transmisión de la histeria a través de la lactancia: “No solo debe prohibirse en absoluto la lactancia materna, sino también la artificial y aconsejar la lactancia natural por medio de una buena nodriza, única probabilidad de librar al pequeño ser de la tara orgánica que trajo a la vida” (p. 17). La histeria vista como discapacidad por “tara”, es decir, defecto físico o psíquico que se hereda.
Si en el segundo período se relacionaban los fenómenos psicológicos con el crimen, en el tercer período propositivo o manipulativo la peligrosidad estaba extendida a otros ámbitos como las cárceles, la relación con la justicia, el carácter social de la higiene en expansión. El objeto discursivo “enfermedad mental” contenía el rasgo de peligrosidad biológica por la herencia, el desprecio de las razas y las clases sociales populares y el género sexual, “enfermedades” que tenían su correlato social a partir de las inmigraciones cada vez más frecuentes y de las enfermedades no controladas. La pobreza, la “mala vida” formaban parte de las enfermedades mentales. Al respecto, J. Salessi (1995) explica que hacia los años 90 se construirán los nuevos puertos para controlar a los inmigrantes con medidas científicas. Fue el pasaje de la cuarentena como mecanismo de control de enfermedades a la vigilancia panóptica como prevención de las enfermedades o “sistema de profilaxis higiénica internacional” (p. 97). También Hugo Vezzetti (1985) explica que los mecanismos de control sobre el concepto de peligrosidad eran el núcleo de una nueva disciplina, la criminología, relacionada con la antropología y la psiquiatría, “dispositivo de observación y clasificación, por el cual un retoño del alienismo cambia el manicomio por el espacio urbano, y extiende su interés por la conducta y las costumbres” (p. 171). La escritura se apuntaba a propuestas de resolución o intervención con clasificaciones y observaciones. En este proceso de desarrollo de las tesis es posible observar la institucionalización de las prácticas discursivas en torno a los objetos, el dominio del campo médico psiquiátrico, al principio, inexistente de poca consistencia, como afirmaron los propios tesistas. Estas composiciones fueron marcas o evidencias de la formación médica de los tesistas, de los paradigmas científicos en los que se inscribieron, de sus relaciones al interior de la comunidad discursiva y de sus aportes para la construcción del objeto discursivo enfermedad mental asignada a las mujeres.
Predominará el recurso de la clasificación de alienados -como genérico-. La escritura basada en la técnica de la observación dio pie a la escritura panóptica-alienista. De acuerdo con Foucault (2008) y Salessi (1995) el pasaje de la cuarentena o del control de los individuos “por barrera” a la vigilancia panóptica -rasgo que se ampliará y que Cabred lo trasladará a las colonias- impuso nuevos mecanismos “móviles” de vigilancia.
La destacada tesis de Balbastro (1892) anunciaba un estudio de la mujer argentina con la finalidad de evitar la degeneración de la raza, investigar las posibles enfermedades, organizar métodos de control y “descubrir la influencia del medio en que vive en sus manifestaciones biológicas” (p. 9), entre otros objetivos. De esta manera, lo social se incorpora como rasgo importante al OD: la cuestión social y el control disciplinario en todos los ámbitos, hasta en el lenguaje: “Tenemos necesidad de esta clase de estudios, no solamente porque debemos tomar en cuenta los más diversos elementos étnicos, de lenguaje, costumbres, etc., sino porque también estudiando a la mujer, sabremos si en su educación, en sus hábitos y costumbres existen vicios o defectos que es necesario corregir” (p. 8)
Si Firmat alertaba sobre la peligrosidad de la lactancia, Hualde (1899) sobre la procreación: anunciaba en su tesis que la “loca moral” (p. 78) debía ser esterilizada debido a que
La loca moral es el azote y la vergüenza de las familias, el tormento de los médicos: desde jóvenes puede notarse en ellas manifestaciones ilógicas que un espíritu equilibrado aunque no sea hombre de ciencia en la que será compañera de su vida, para alejarse a tiempo evitando los sufrimientos y la deshonra que su unión le depararía (p. 78)
De esta manera, el sufrimiento y la deshonra masculinas estarían vinculados a la mujer asignada como loca.
Ingenieros (1900) se propuso estudiar la simulación de la locura “por parte de sujetos verdaderamente alienados; y, hecho más interesante aún, por parte de delincuentes verdaderamente alienados” (p. 12)
El lenguaje de la tesis se diferencia de las anteriores porque ha adquirido especificidad en cuanto al uso de los términos y la caracterización de lo psiquiátrico, psicológico y criminológico. Ingenieros habla de “tratados de clínica mental” (26), “salud mental” (27), “psiquiatría” (p. 28), “psiquiatras” (p. 28), “psicopatología” (p. 28), “aspecto clínico” (29), “literatura psiquiátrica” (p. 29) que coexiste con nomenclaturas como “fumista característico”, “mentiroso característico” y “vanidoso característico” (p. 31), términos del lenguaje cotidiano aplicados a la observación de casos.
En el tercer período la observación fue detallada, tenía la finalidad de obtener datos para una clasificación de individuos. En palabras de Ingenieros “no imponerse juicios ni diagnósticos apriorísticos. Y después de eso: saber observar” (p. 49). La estadística y la clasificación fueron recursos cada vez más elaborados. Sus complejas clasificaciones eran demostradas con análisis de casos. A continuación menciono parte de sus clasificaciones y luego una observación.
Tomé esta tesis debido a la importancia como figura cumbre del positivismo que va a continuar su tarea en las revistas de Pedro Gori y en la de De Veyga y suya. Ingenieros sintetizó la relación alienación y criminalidad y asignó rasgos morales a los problemas mentales tanto de hombres como de mujeres, a quienes les asignó el rasgo de temibilidad6.
Estudiaremos separadamente el grupo de hechos que constituye la simulación y la disimulación de la locura en los verdaderos alienados; no sin insistir en que unos y otros fenómenos … son igualmente, simulaciones: en un caso de la enfermedad y en el otro de la salud. (p. 27)
Para distinguirla de la simulación en los individuos no alienados, consideramos cómodo y útil llamarla sobresimulación, cuando se produce en alienados verdaderos. (…) desde el punto de vista jurídico y clínico, la alienación mental es una entidad típica y se diferencia de las anomalías psíquicas atípicas que ni siquiera gozan del beneficio legal de la atribución de irresponsabilidad… las anomalías psíquicas, encontradas frecuentemente en los simuladores, no son más que anomalías que le son propias como delincuente; y que el simulador no es tal en virtud de sus anomalías psíquicas sino a pesar de ellas. (p. 29)
Creemos, a priori, que cuando estudiemos las alienadas, principalmente las histéricas, encontraremos numerosísimos casos de sobresimulación… (p. 30)




Conclusiones
Los recursos de las tesis del alienismo organizaron el lenguaje psiquiátrico como un instrumento normativo sobre los comportamientos femeninos en el campo científico, personal, social y político hacia las mujeres. Así, el lenguaje psiquiátrico fue una tecnología estratégica del poder médico legal que intervino en el ámbito de las mujeres que se salían de la normativa social para determinar enfermedades mentales, aislamientos familiares y hasta encerramientos psiquiátricos funcionales al aparato estatal puesto que el positivismo intervino en todos los ámbitos del poder político: educación, justicia, establecimientos carcelarios, hospitales, manicomios, etc.
A partir de Arnoux (2008, p.15) sobre las ideologías lingüísticas “-entendidas como sistemas de representaciones sobre el lenguaje- y las intervenciones sobre el lenguaje asociándolas con posiciones sociales e indagando en los modos en que aquellas participan en la instauración, reproducción o transformación de entidades políticas, relaciones sociales y estructuras de poder”, es posible entender que la producción del género discursivo “tesis” elaboró una matriz estratégica o un sistema de representaciones discursivas que aportó de grillas clasificatorias, taxonomías complejas de enfermedades mentales, con relatos y descripciones sobre debilidades, anomalías, conductas fuera de norma y pautas biológicas sexistas y clasistas sobre las mujeres, afirmaciones pseudocientíficas construidas desde el desarrollo del género discursivo en el último tercio del siglo XIX que impactaron en la constitución del estado moderno.
Resulta muy interesante observar cómo un discurso que carecía de cientificidad y expresaba dificultades para su construcción pero se legitimó como científico y progresista. La organización discursiva de la comunidad alienista, la intensidad de la circulación de las tesis, los sujetos involucrados en ella tanto en el carácter de constituyeron una cultura hegemónica que intervino en todos los espacios del nuevo modelo de país.
1 Las prácticas médicas de los estudiantes se realizaban en los hospitales y formaban parte de la formación, como se puede leer en los subtítulos de las propias tesis o en las dedicatorias. La excepción fue la tesis de Maglioni (1879) que redactó una propuesta de gestión hospitalaria manicomial.
2 Los subrayados son míos.
3 Explica D. Armus (2007) en el capítulo “La tuberculosis en femenino” que a partir de 1880 se redobló “una serie de esfuerzos explicativos que iban de las interpretaciones basadas en las tesis hereditarias a otras especialmente atentas a las dimensiones psicosomáticas y sociales. Con ellas proliferaron imágenes, asociaciones y metáforas (…) que dieron sustancia a una suerte de “subcultura de la tuberculosis”. (p. 107). Agrega más adelante que a partir de la década de 1920 la tuberculosis en relación con las mujeres se asoció con la neurastenia y se psicologizó. (p. 107).
4 Un comentario de D. Armus (2007) sobre la debilidad de las mujeres es que a pesar de las creencias en las tesis de la afectación que producía la tuberculosis en las mujeres, la cifra de muertos fue superior en los hombres: “… un hombre debilitado y tuberculoso devenía en la negación del ideal de hombre. En algún sentido y asociada a la neurastenia, la tuberculosis feminizaba al hombre enfermo…” (p. 116)
5 Además del tipo de crimen que podía cometer una mujer por locura del embarazo, “fantaseados” en los ejemplos de Güemes (1879) o Raffo (1888), no fue infrecuente el aborto, considerado como crimen a partir del primer código penal argentino de 1886, ni el infanticidio. De esta manera la medicina alienista se ligaba con la legal.
6 Florencia Castells (2017) estudia el concepto de temibilidad femenina en la publicación de Archivos de J. Ingenieros.
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