Retórica normativa disciplinar: mujeres bajo la mirada alienista en tesis de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires en los inicios de la modernidad: 1880-1892
Reelaboración de la ponencia presentada en XV Jornadas Nacionales de Historia de las Mujeres y X Congreso Iberoamericano de Estudios de Género29, 30 y 31 de mayo de 2023
Área Interdisciplinaria de Estudios de la Mujer y de Género – Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales –Universidad Nacional de Jujuy- Mesa 73: Mujeres, vida cotidiana y salud en los Siglos XIX y XX BERNHARDT, Florencia – UNLu; UBA florenciabernhardt@gmail.com
Resumen
El discurso psiquiátrico nacional comenzó su desarrollo a mediados del siglo XIX en el ámbito académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, espacio en el que sus integrantes conformaron una comunidad académica que se relacionó, paulatinamente, con otras instituciones del Estado con la finalidad de controlar enfermedades y conductas de acuerdo con las necesidades sanitarias y sociales.
La valoración de la subjetividad femenina frecuentemente fue establecida por el conjunto de la comunidad como enferma, desviada, alienada y amoral, como se puede leer en la mayoría de los trabajos científicos de la época. El médico Balbastro señala en su tesis de graduación la necesidad de vigilar las conductas femeninas para corregirlas en caso de necesidad:
Tenemos necesidad de esta clase de estudios, no solamente porque debemos tomar en cuenta los más diversos elementos étnicos, de lenguaje, costumbres, etc., sino porque también estudiando a la mujer, sabremos si en su educación, en sus hábitos y costumbres existen vicios o defectos que es necesario corregir (p. 8).
Así, el alienismo abordó todos los espacios femeninos a partir de la representación de un cuerpo enfermo correlativo de una moralidad enferma, normativizó los aspectos biológicos y mentales, íntimos y familiares de las mujeres y se asignó la tarea de controlar y enderezar las conductas, asignación correlativa de la cautividad femenina, por lo que entiendo que el orden psiquiátrico fue la base del poder del patriarcado.
En este trabajo realizo el análisis de algunas importantes estrategias discursivas utilizadas como fundamentos por el campo médico psiquiátrico para la validación científica de las enfermedades de carácter psiquiátrico. Me interesa analizar procedimientos retóricos como el uso de ejemplos, casos y observaciones, así como también el universo léxico y metafórico que apoyaron la articulación de una trama discursiva muy compleja que carecía de cientificidad y abundaba en prejuicios. Alarma la legitimación de un discurso pretendidamente científico y progresista que intervino en el conjunto social y doméstico del universo de las mujeres para trazar modelos hegemónicos desde el Estado, independientemente de sus deseos y necesidades. Observo los procedimientos retóricos en tres tesis representativas de dicha comunidad discursiva.
Introducción
El discurso médico psiquiátrico nacional se caracterizó por una gran producción de tesis doctorales desarrollas a partir de la refundación de la Facultad de Medicina, posteriormente a la batalla de Caseros, momento en que el alienismo, como comunidad científica poderosa, instaló una grilla discursiva hegemónica tramada institucionalmente (Salvatore, 2002) que produjo una compleja articulación de géneros discursivos relacionados como tesis, artículos, ensayos, informes e historias clínicas. La articulación de dichos géneros da cuenta de la formación de un lenguaje opresivo y novedoso sobre las mujeres que relaciona el universo científico con pautas morales, en otros términos, las formas del lenguaje expresaron una ideología médica represiva hacia las mujeres.
En este contexto, es pertinente analizar el lenguaje psiquiátrico en formación en el marco del dispositivo médico de la segunda mitad del siglo XIX a través del género discursivo tesis, instancia académica necesaria para la obtención del título de médico. Las tesis son documentos de enorme valor debido a que expresaron la formación académica y los valores del campo científico del alienismo: sus integrantes incorporaban conocimientos teóricos y comentaban prácticas profesionales a través de procedimientos como observación, diagnóstico, evaluación y tratamiento de las enfermedades psiquiátricas, en esta selección, relacionadas con las mujeres.
Debido a mi interés por analizar la conformación del lenguaje psiquiátrico en sus prácticas iniciales, interrogo cómo fue representada la “enfermedad mental de mujeres” en técnicas constitutivas de la demostración científica, en tres tesis de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires del último tercio del siglo XIX.
Las categorías de análisis corresponden a las modalidades de argumentación constituidas a partir del ejemplo, el caso y la observación como procedimientos argumentativos (Arnoux, 2008, 2012). Claramente, la relación entre el término “ciencia” y los modos de demostrar a través de un caso, una observación o un ejemplo fueron estrategias que articularon (Perelman, 1997; Arnoux, 2008) la intención pretendidamente progresista de la comunidad alienista con la construcción del campo científico propio. Debido a su relación con hechos históricos, el estudio tiene carácter interdisciplinario, cualitativo, de corpus de archivo (Arnoux, 2006; Angenot, 2012). Presentaré las técnica del ejemplo, el caso con observación y la observación así como también los procedimientos de analogía o correspondencias (Benveniste, 1989) y el uso de mitos o refranes (Barthes, 1999) dentro de las tópicas que articulan supuestos científicos con las enfermedades psiquiátricas femeninas. La utilización de estas técnicas apeló a otros procedimientos retóricos que denuncian el contexto de carácter opresivo que circulaba en esos ámbitos como son el uso de léxico axiológico y apreciativo en tensión con otro de carácter científico técnico, establecidos con valores de objetividad; además, las hipótesis -muchas veces presupuestas aunque compartidas entre los tesistas- establecieron posiciones desvalorizadas sobre las mujeres y enaltecidas sobre los médicos; por último, los textos producidos por esta comunidad tramaron un discurso psiquiátrico normativo asociado con valores de clase, raza, género sexual y herencia en el contexto de instituciones de salud mental, educativas y carcelarias: ciencia psiquiátrica, medicina moral, manicomios y enfermedad mental de las mujeres fueron sus principales objetos discursivos (Foucault, 2002; Arnoux, 2008).
Desarrollo
La constitución del lenguaje médico sobre las mujeres elaboró componentes de enfermedades mentales a través de definiciones, enumeración de síntomas, clasificaciones y tratamientos médicos que, muchas veces, carecían de pertinencia científica. Algunos tratamientos indicaban la respiración de aire puro, baños de sol, buena alimentación y descanso, así como hubo otros de carácter represivo: aislamiento, encerramiento, camisa de fuerza, baños de agua fría, transmisión eléctrica, imanes o hipnotismo según se debieran “cortar los ataques” de histeria o “dominar la neurosis” indica la tesis de Ignacio Firmat (1889). La compresión de los ovarios (p. 38) fue otra técnica tortuosa recomendada. En Notas sobre el tratamiento de la histeria (1889), Firmat dice:
Generalmente cuando se consigue se ve el enfermo tranquilizarse, pasar el estado letárgico durmiendo con un sueño más o menos tranquilo hasta que es despertado, la aplicación de este medio en el Hospital de Clínicas ha dado en algunas ocasiones excelentes resultados y fuera de allí he visto entre los clientes de un distinguido médico una histérica, de diez y siete años, sin antecedentes hereditarios, con ataques que se repetían con quince o veinte días de intervalo unos de otros, que cesaban por la compresión de los ovarios para reaparecer en cuanto esta era suprimida y en la que, después de varios experimentos se conseguía el hipnotismo y la cesación del acceso colocándole entre los dos ojos en la raíz de la nariz, la cubeta de mercurio de un termómetro axilar para fijar la mirada.
Las inhalaciones de cloroformo, de éter o de nitrito de amilo suelen contener rápidamente los ataques de histeria, siendo necesario en algunas ocasiones prolongadas durante cierto tiempo por ser común hallar en estos enfermos una resistencia exagerada para los agentes anestésicos. (p.38).
El párrafo menciona un ejemplo que confirma el éxito -relativo- del tratamiento de la hipnosis por los efectos de tranquilidad producidos a un paciente a pesar de las restricciones mencionadas por los sintagmas “cuando se consigue” y “en algunas ocasiones”. Su efectividad está reafirmada con otro ejemplo que deriva del fracaso de la aplicación de la técnica de compresión ovárica a una joven mujer -nótese el uso de los apelativos “cliente” y en particular “histérica”- y el éxito de la hipnosis. Los dos ejemplos, el primero genérico y el segundo particular tienen la función de reforzar la afirmación del beneficio de la hipnosis, sugiere la toma de decisión (Arnoux, 2009) como una alternativa probable ante la dificultad de un tratamiento médico. También, el ejemplo legitima la práctica médica -masculina- que adquiere valor por el resultado, no menciona procedimiento ni fundamento o demostración con el “ataque de histeria” -que tampoco sabemos en qué consiste- con el tortuoso tratamiento de la compresión ovárica ni con el ejemplo, pero construye una relación entre ovarios y enfermedad, asigna componentes ováricos a un “ataque de histeria” comprimida violentamente, con resultados menores mientras que la hipnosis resulta un mal menor y definitivo. El contraste de los delocutivos masculino – “médico distinguido”- y femenino – “histérica”- señala los valores de género: la mujer está designada despreciativamente por la enfermedad.
Las expresiones sintagmáticas referidas a las enfermedades mentales procedían del lenguaje biológico. La tesis de Firmat (1889) establece correspondencias entre el sistema u orden biológico y el sistema u orden psíquico: no es posible extirpar la histeria de raíz, metáfora frecuente y continua en el discurso médico y social. La conclusión ratifica el desconocimiento de la afección y la imposibilidad clínica de curarla. La técnica de ejemplos produce cierta legitimación retórica: se atenúan los síntomas, se reconocen los límites del “tratamiento” a través de un lenguaje precario o popular, metaforizado que sentencia: “no tiene cura”. Sin embargo, la histeria no está definida. Las tesis abordaron enfermedades indefinidas, presupuestas, de caracterizaciones sencillas. En Firmat (1889) resulta difícil encontrar una definición “científica” sobre la histeria, en cambio abundan las expresiones de carácter metafórico: la histeria es “amenaza”, “peligro”, “invasión que deja víctimas”, la personificación de una entidad que ataca:
Con esto terminamos aquí la exposición del tratamiento farmacéutico de la histeria, y al llegar al fin no puede menos de hacerse notar que todo lo que de él podemos conseguir es atenuar los síntomas de la enfermedad, sin que por sí solo sea capaz de extirparla de raíz. (p. 51)
Agrego a lo anterior que la etiología de la histeria está basada en expresiones como “vale más precaver que curar” ya desde el inicio de su tesis (p. 8), procedimiento muy frecuente en los tesistas, no solo en Firmat. En este caso, mientras que una máxima o refrán previene sobre las consecuencias peligrosas de la enfermedad, otra desafía el mito que relaciona su origen con la no satisfacción de deseos sexuales femeninos o que es provocada por el útero: dos expresiones pseudocientíficas, de procedencia popular, que dan cuenta de las limitaciones del lenguaje psiquiátrico y a la vez, instalan la tópica de la enfermedad como incurable, que debe controlarse, y a la mujer como posible sujeto peligroso y descontrolado.
El prólogo y el primer capítulo de la tesis presentan una exposición sobre el origen, causa y etiología de la “enfermedad” a través del encadenamiento de términos vacíos de contenido científico y fuertemente ideológicos. La herencia, puede leerse, tiene dos orígenes o causas, uno es psíquico y el otro es hereditario. Entre las causas de tipo mental se encuentra la educación y las influencias emocionales en los seres predispuestos que provocan “traumatismo psíquico”. Las causas hereditarias se transmiten en el caso de alcoholistas, epilépticos, sifilíticos, paralíticos, etc., a través de “entidades patológicas” que se descomponen “de organismo en organismo, de generación en generación, para dar lugar a producciones nuevas, curiosa metamorfosis que ha recibido el nombre de herencia indirecta y que pudiéramos con justica llamar herencia por transformación” (p. 9). El autor apela otra vez al recurso biológico de una herencia supuesta, imaginaria, caracterizado por expresiones que vinculan los dos campos léxicos de la enfermedad: componentes mentales – “psíquico”, “entidades”- y componentes anatómicos – “traumatismo”, “patológico”, “organismo”, “metamorfosis”-: articula la enfermedad mental con la biología.
La exposición también recurre al recurso de la estadística con la cita de fuentes extranjeras, procedimiento típico del alienismo: por cada hombre histérico hay 3, 10 o 20 mujeres, según la fuente. También las estadísticas anotan los peligros de la menstruación: las mujeres americanas menstruarían en edades más jóvenes que las europeas, por lo que estarían más expuestas a los peligros de la histeria. La asociación menstruación-histeria fundamentará una causa más a atender. Las afirmaciones carecen de causas, motivos, relaciones demostrativas entre elementos. Son comprobaciones estadísticas aisladas y tan amplias o diferentes que hasta resultan contraargumentativas. Ambos procedimientos ocupan un destacado lugar, legitimado por la práctica, que dan fundamento a las afirmaciones sin tener en cuenta el contenido.
Otro recurso es la analogía o correspondencias entre los sistemas psíquico y biológico. Hay frecuentes menciones de términos tomados de la biología como son “entidades patológicas” asociados, por ejemplo, a las “malas condiciones higiénicas” del trabajo físico, que pueden ocasionar la histeria, es decir, se asocia la histeria con las causas relacionadas con la fiebre amarilla o la tuberculosis.
La histeria también se aprende y adquiere a través de la educación y las profesiones. Las recomendaciones, profilaxis y tratamientos son similares al campo de la higiene: hay correspondencias entre el campo de la enfermedad física con el de la enfermedad psíquica. Alejar al niño de la madre, evitar el contacto físico entre ambos, fomenta la “higiene intelectual” y el refrán “mens sana in corpore sano” ((p.14) confirma la afirmación. El eje biológico es el argumento preventivo para el eje psíquico elaborado a partir de la teoría de las “correspondencias”.
Se suma a esta problemática una fuerte exigencia sobre las mujeres porque recaían en ellas obligaciones relacionadas con el futuro de la nación, el mejoramiento de la raza, la educación de los niños, por lo que también podía resultar peligrosa la desviación de los mandatos que imponía ese modelo. Como explica Arturo Balbastro en su tesis La mujer argentina (1892) era necesario controlar la moralidad y hasta corregir la conducta de las mujeres. Su tesis es una de las que mejor expresa el ideario alienista sobre ciencia, raza, herencia y mujer. La técnica de la observación, de carácter individual, presenta una demostración “científica” con un recorte semiótico particular de la mirada médica. A diferencia del ejemplo, en la observación los acontecimientos se relatan cronológicamente a partir de un desconocimiento previo de lo que sucede y que el relato médico, en este caso, sitúa como si estuviera presente, trae la escena médica al presente o la actualiza, la describe detalles, como si hubiera cierta concomitancia temporal. En el ejemplo el enunciador sabe por anticipado el valor del recurso.
La primera observación aborda la problemática acerca de si una niña de 11 años fue violada, según sostiene el padre o padece una infección vaginal, afirma ella. Se trata de una pequeña escena (Arnoux, 2012) sin discurso directo pero comentado “La enfermita muy inteligente negaba en absoluto haber sido violada” que otorga una momentánea inquietud al relato (“muy inteligente” pero “enfermita”) y cierto suspenso que se resuelve al final. La ausencia de himen, metaforizado (“sagrado velo que cierra las puertas donde nacen los hombres” (p. 13) se diagnostica como infección vaginal y una anomalía congénita (p.13 y s.), pero el lector debió aguardar el resultado. Como modo de clausurar la posibilidad de la violación el enunciador enlaza una explicación sobre la imposibilidad de vida sexual en la infancia, es decir, articula la experiencia médica de la observación de la niña con una explicación científica. El relato de la observación se encadena con la explicación para reforzar la infección/negar la violación o, peor, de pérdida de himen. En La mujer argentina, (1892) Balbastro expone:
Observación 1- María L. de once años de edad, entró a la sala 5° del Hospital San Roque el 5 de septiembre de 1890. Presentaba una violenta inflamación de la vulva, de la que manaba abundante flujo moco-purulento, tan irritante que producía la escoriación de las partes que con él se ponían en contacto. Comprimido el medio no daba pus. Fiebre moderada. No tenía señales de violencia en ninguna parte de su cuerpo. Buscado el himen a la entrada de la vagina en el punto de unión del conducto vulvar y el conducto vaginal no se encontró. La introducción de una pequeña cánula irrigadora se efectuaba muy difícilmente y con gran dolor. La región hipogástrica muy dolorosa. La enfermita muy inteligente negaba en absoluto haber sido violada; en cambio el padre creía lo contrario. Examinado el pus al microscopio se diagnosticó Vulvo-vaginitis simple. La enferma pasó ya curada a la Casa de Aislamiento por una amigdalitis infecciosa.
Esta niña que fue objeto de la curiosidad de todos los internos, sufrió el examen de varios médicos para quienes fue muy difícil llegar a las conclusiones siguientes: la enferma no ha tenido contacto impuro; si el himen faltaba era por una anomalía congénita.
Durante el primer período de la vida de la mujer no tiene otra particularidad en cuanto al sexo se refiere que lo que acabamos de estudiar. El niño como la niña no viven hasta alcanzar el primer decenio de su existencia más que para la vida animal. La inteligencia, la razón, el sentido moral, el amor que lentamente se formaban en su evolución de perfeccionamiento comienzan a constituirse. (…). (p.13 y s.)
La segunda observación se realiza en el marco de una exposición de teorías sobre el significado de la menstruación, otro objeto de fuerte interés para el alienismo. El objetivo de la observación es demostrar que la ausencia de menstruación no indicaría imposibilidad de embarazo para lo cual menciona ejemplos y por último introduce un relato sobre una mujer embarazada que tenía menstruaciones. La explicación le permite organizar una distribución de la menstruación por clima, clase social y raza. La dinámica de la demostración es encadenada, una observación, denominada por el tesista como “caso” pero en realidad son ejemplos encadenados debido a que ratifican sus afirmaciones o esclarecen las ideas. El proceso de enlace o encadenamiento está acompañado por evaluaciones de carácter subjetivo con modalidades que refuerzan lo axiológico del discurso. Se reitera el uso de letra cursiva en las denominaciones del término mujer. La idea de la precocidad de las mujeres negras como compensatorio de la inferioridad de la raza refuerza la ideología racista determinista. Es evidente la confusión entre caso y observación, que tendrían valor de indagación y conocimiento, y el ejemplo, con valor confirmativo de un concepto. El dispositivo argumentativo está presentado en la observación.
Por último, en la página 27 el enunciador presenta dos ejemplos de carácter antagónico citados primero como tales y luego como observaciones, que tienen la función de ejemplo demostrativo de la presencia de la menstruación a cualquier edad. El antagonismo, la contradicción de síntomas, la hipérbole, la metáfora, recursos frecuentes, compusieron la técnica de observación que supondría el registro de datos, la descripción de la enfermedad, síntomas o conductas con desarrollo temporal: la menstruación como tabú y como objeto de descubrimiento médico era un peligro latente a cualquier edad. Evidentemente la ciencia que indagaba mujeres estaba en formación con técnicas semidesarrolladas, subjetivadas y mitologizadas.
Observación II. S. V. argentina (Provincia de Corrientes), que a pesar de haber llegado a los 24 años nunca tuvo sus reglas, ni siquiera el más ligero amago. Goza de la más excelente salud; casada desde hace cuatro años no ha tenido familia. Es alta y bien conformada; las mamas tienen un desarrollo notable. Fui consultado por el marido de esta señora que conociendo la amenorrea natural de su esposa me preguntaba si podía abrigar esperanzas de tener hijos.
He observado ejemplos también de personas que fueron madre de numerosa prole, a pesar de no haber tenido nunca sus menstruos; los autores citan observaciones de mujeres que solo vieron aparecer la menstruación en el momento de quedar embarazadas, tenerla periódicamente mientras duró el embarazo, desapareciendo al terminar la lactancia. Son estas verdaderas curiosidades suministradas por la observación, susceptibles de la misma interpretación que la que se da a esas pretendidas menstruaciones observadas varias veces en mujeres que habían sufrido la extirpación completa de ambos ovarios.
1- En una niñita de tres meses la madre vio con sobresalto desarrollarse los pechos y cubrirse de pelos las partes genitales y las axilas, empezando a correr después las reglas como en una mujer bien formada (…)
2- Carus vio una niña que comenzó a estar reglada a los dos años y se hizo embarazada… a los ocho. (¡!) Vivió hasta edad avanzada durante la cual gozó de muy buena salud.
Análogas a las observaciones que acabo de citar se encuentran muchas en la literatura médica que vienen a confirmar que la actividad o la potencia genital es muy variable según los individuos, y que la idiosincrasia ejerce sobre la primera aparición de las reglas una influencia más considerable que las exteriores como el clima, la latitud, etc. (La mujer argentina, p.23/27).
Domingo Cabred realizó su tesis sobre la locura refleja (1881) basada en una casuística de mujeres que padecían locura como reflejo o consecuencia de alteraciones genitales. Fundamentó la necesidad del estudio de esa “patología mental” debido al carácter polémico que suscitaba esta enfermedad en los estudios internacionales y locales. A diferencia de otros tesistas, Cabred fue específico con su objeto de estudio: “los trastornos mentales determinados por la alteración de un órgano más o menos lejano y sin relaciones directas con el cerebro (…) produce la aparición de la vesania” (p. 6), es decir, las “locuras” tienen un correlato físico.
La locura refleja, vinculada con alteraciones de la menstruación, útero u ovarios será abordada a través de la técnica de la observación bajo el interrogante acerca de “¿cómo la alteración material de un órgano o trastorno de su función determina la aparición de la locura?” (p. 14). No obstante y más allá de la observación, sostiene que la locura es una enfermedad frecuente en la mujer puesto que “la mujer trae ya al nacer una predisposición a sufrir ciertas neurosis por ser su sistema nervioso más impresionable, y esta predisposición no es dominada en algunas sino por la educación o por la fuerza innata de su poder intelectual” (p. 14), a alteraciones de la genética femenina y a la menstruación además de otras causas como la herencia, la moral o a la excitabilidad nerviosa por personalidad sensible, intelectual o afectiva (“desviaciones diversas y los descensos” (p. 18); las alteraciones de los ovarios; el embarazo, como se aprecia en las observaciones. Nuevamente las tópicas que proponen el universo genital femenino como peligroso, desviado o alterado.
La primera observación menciona datos como identificación por nombre, edad, enfermedad y raza (“enferma”, “negra”), edad, estado civil, ocupación, semblante y herencia como antecedente posible de la alienación. Luego se mencionan los síntomas del cáncer de útero que Eulogia confunde con embarazo. Finalmente, la realización de la autopsia confirma el cáncer. No se menciona tratamiento físico ni psiquiátrico. De acuerdo con la hipótesis que presenta la tesis, la enfermedad física, el cáncer de útero, sería la causa de la enfermedad mental, en estos casos, locura refleja.
La segunda observación, además de los datos y la descripción de síntomas, relaciona dos tópicas, la ginecológica y la psíquica, una causa de la otra, motivo confirmado por la tópica de la herencia (sin locura). No hay detalles sobre el tratamiento psiquiátrico más que la internación, y el ginecológico fue insuficiente. De esta manera hay una relación causal entre malestar ginecológico y locura, observación que refuerza la hipótesis inicial de la tesis.
La tercera observación confirma la relación entre la hemorragia y la locura, demostrada a través de episodios de violencia hacia los otros y a sí misma-se muerde-, no tiene apetito ni duerme, salta y grita violentamente. Tuvo delirio erótico y habló de desengaños amorosos y ataques a su honor. Se administra cloral y morfina, baños tibios, largos, “con chorros de agua fría a la cabeza, el bromuro de potasio asociado al hidrato de coral; pero en lo que más se insistió, en vista del origen de su enfermedad, fue en restablecer y normalizar la función menstrual” (p. 45).
En Contribución al estudio de la locura refleja, tesis de 1881, se presentan las siguientes observaciones, entre otras:
Observación I
Eulogia T… negra, 45 años, casada, sin hijos, cocinera, temperamento nervioso, constitución empobrecida, entró al manicomio el día 21 de febrero de 1879. No ha habido ningún alienado en la familia de esta enferma. Su marido da los datos siguientes respecto de su enfermedad.
A principio del año 1876 sintió algunos trastornos en el útero; sensación de peso; a veces dolores; suspensión de la menstruación, que no ha vuelto a presentarse desde entonces. Tuvo vómitos, apetito caprichoso y algunos desvanecimientos pasajeros. Creyó que por primera vez estaba embarazada… (p. 35)
A los seis meses de haber sentido estos trastornos, un tumor ocupaba todo el bajo vientre y simulaba un embarazo correspondiente a ese tiempo. Entregose entonces a la más viva alegría y, llena de esperanzas, formaba los proyectos más halagüeños para el día en que fuese madre.
El abdomen siguió aumentando de volumen, y a los nueve meses el tumor uterino llegaba a la altura del ombligo (…) (p.35).
Observación II
Eufemia C… argentina, soltera, de 45 años de edad, temperamento nervioso, constitución regular, entró al manicomio el 23 de septiembre de 1880. (…)
Antecedentes. En la familia de esta enferma hasta sus abuelos no ha habido ningún caso de locura, ni de ninguna neurosis que hubiera podido influir en la aparición de la enfermedad.
Hace ocho años descendiendo de una escalera perdió el equilibrio y cayó sobre el sacro, produciéndose una violenta hemorragia uterina que puso en peligro su vida. Acompañando a la hemorragia prodújose también un descenso del útero. (…)
Después de este violento traumatismo cambió completamente la enferma su modo de ser; cayó en una profunda tristeza, rehusando el trato de la familia y pasando las horas encerrada en su cuarto entregada a la lectura y escribiendo innumerables cartas a sus amigas en las que revelaba tener ya ideas de persecución. Aseguraba que oía decir a muchas personas que ella era una mujer deshonrada y libertina, mereciendo el desprecio de la gente virtuosa. (…)
(…) Desde entonces casi todas las noche veía asesinos, oía ruidos de armas, despertándose asustada porque le decían al oído que durante la noche iba a ser asesinada. (…)
Carta de una paciente a Señor F.T.B.
Estimado Señor: Ha de saber que desde hace dos años soy la mujer más desgraciada de la tierra. Sin haber hecho daño a nadie, ni cometido ninguna mala acción, soy perseguida incesantemente por enemigos que han jurado mi muerte, y que tienen tomadas sus medidas para lograrlo de un modo seguro. No vaya usted a creer, como mi familia, que son ideas mías puramente; tengo la mayor seguridad de que voy a ser la víctima inocente de esos pícaros bandidos que apenas llega la noche oigo (…). (p.39 y ss).
Observación III
Luisa G…., italiana, soltera, de 22 años de edad, temperamento nervioso marcado, constitución delicada; entró al Manicomio el 15 de julio de 1880.
Antecedentes: el padre de esta enferma murió loco en un manicomio de Génova; su madre ha s ido siempre sana.
A la edad de quince años aparecieron sus reglas, que se establecieron en medio de un cambio notable en sus funciones afectivas.
La función menstrual no se ha ejercido bien nunca; unos meses se presentaba con vivos dolores en el hipogastrio, siendo la pérdida sanguínea en cantidad insignificante; otras veces, con los mismos dolores, perdía tal cantidad de sangre que más bien era una metrorragia que flujo normal, y raro era el mes, por fin, que esta función se ejercía con alguna normalidad. Al aproximarse los menstruos, una tristeza inmotivada se apoderaba de ella unas veces, una alegría ruidosa otras; durando estos cambios, que se alternaban, el tiempo de la duración del flujo sanguíneo que era de tres a cuatro días. (…)
Habiendo experimentado un enfriamiento brusco el 12 de julio de este año, día en que apareció la función menstrual, cesó esta, sintiendo dolores intensos en el hipogastrio, en la
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región lumbar y una fuerte hemicrania, pérdida del apetito, insomnio; estallando el día 14 un delirio violentísimo que motivó su conducción al Manicomio el día 15. (…) (p.43 y s.).
Las observaciones desarrollan estudios de caso breves que además de ilustrar las escenas, demuestran la relación entre una enfermedad ginecológica y la locura refleja. Si bien el enunciador conoce de antemano el desarrollo de los acontecimientos, los relatos están realizados cronológicamente, de manera ordenada para la comprensión y el impacto del destinatario (en este caso, el jurado de tesis). El conocimiento surge a consecuencia de incógnitas, el proceso de la observación resulta en un conocimiento. Las observaciones fueron realizadas posteriormente a los hechos, son relatos reducidos. Contienen datos precisos, se asemejan a una historia clínica, poseen antecedentes, clasificación de pacientes. Se ignora la procedencia de datos (¿las propias mujeres aportaron? ¿Quién/quiénes observan? ¿Cómo se realiza su obtención?) que además están sesgados, no se combinan o encadenan con ejemplos o casos, uno de ellos ofrece un discurso directo de la mujer como fenómeno novedoso en las tesis.
Las observaciones médicas fusionan problemas de ginecología con locura femenina, refleja, y desarrollan una modalidad de construcción diferente a los anteriores: relacionan los géneros académicos con las historias clínicas y los estudios de caso más desarrollados. Presentan organización, estructura y procedimiento demostrativo de la hipótesis que afirma que la locura refleja es el inconveniente de un órgano genital.
Los tratamientos médicos se limitan al tratamiento de síntomas ginecológicos, excluyen las conductas. La desaparición de la “locura refleja” está asociada a una reparación ginecológica, resultado que se “confirma” con las observaciones realizadas en las autopsias -que aportan detalles ginecológicos, no mentales para lo cual se examina el cerebro-.
La causa de la locura refleja es provocada por el útero, es decir, la causalidad procede del paradigma anatómico nuevamente -y también parcialmente desconocido-; lo biológico físico femenino está evaluado en términos de temor y enfermedad; la finalización del tratamiento ginecológico exitoso garantiza la resolución de los desórdenes mentales: la eliminación de la locura refleja se realiza por tratamiento ginecológico.
Conclusiones
La retórica alienista estableció la enfermedad mental como una causalidad orgánica, sin caracterización específica, ocupó un espacio no definido, fundamentado con técnicas de conocimiento como fueron el uso de ejemplos, observaciones y casos. Se suma a esto que la selección léxica que acompañó a la demostración de las hiperbólicas hipótesis.
Como consecuencia, los casos y observaciones no aportaban más conocimiento del que tienen, no interrogaban a los médicos acerca los propios, ni abrían nuevas vías de conocimiento, sino que cumplían la función de demostrar lo ya sabido.
La ciencia adquirió valor subjetivo, fue demostrada a través de datos frecuentemente incomprobables como recuerdos o episodios referidos anecdóticamente. Las técnicas demostrativas destinadas a realizar búsquedas solo reforzaban las hipótesis, y su manipulación no condujo a la exploración de las problemáticas subyacentes.
Las mujeres fueron analizadas a partir de una retórica discriminatoria racista (mujeres de raza negra sin mención del país de origen), clasista (la ocupación circunscribe la inscripción social de trabajadoras) y hereditaria (antecedente de enfermedad mental) que asigna a lo biológico un privilegio en detrimento de lo psíquico. Esta retórica se encuadra en la tópica que plantea a las mujeres como sujetos débiles y trastornados ya desde el origen desde la constitución genética de lo femenino. Esta tópica no puede más que desencadenar problemáticas vinculadas con la peligrosidad de la locura, fortalecida por los rasgos mencionados anteriormente como raza, clase social y herencia.
Se describen procedimientos específicos para el tratamiento de la enfermedad ginecológica mientras que la psíquica fue tratada como orgánica, bajo formas violentas o reprimida con encerramiento. La sintomatología psíquica asignó valor al “cuerpo”, a lo orgánico en detrimento de lo psicológico o psiquiátrico.
Se establecieron los motivos de la enfermedad sin tener en cuenta los contextos o relaciones familiares o sociales. Tampoco se observa el establecimiento de vínculos con otras personas en el interior del manicomio u hospital como por ejemplo los médicos a través de interrogatorios o consultas. No hay palabra sino para los médicos, entre ellos.
También las mujeres fueron referidas como sujetos débiles y enfermos valorados negativamente y que enloquecían más fácilmente que los hombres. La enfermedad mental se relacionaba o era consecuencia de algo, procedía por herencia biológica o un desequilibrio del sistema nervioso. Se establecieron correspondencias entre principios biológicos -fiebre amarilla o cólera- y principios de la enfermedad mental.
La reiteración de componentes semánticos como subjetivemas axiológicos, evaluativos y apreciativos sobre las mujeres regularizan una posición común de inferioridad con relación al hombre de cuerpo e intelecto. También es frecuente la extensión semántica de mujer a mujer enferma o “enfermita”.
El cuerpo femenino fue un territorio a explorar, controlar, explotar, narrar y a regular. La construcción científica está narrada de manera fantasiosa, sin comprobación. También los comportamientos masculinos diferentes (especialmente en el siglo XX).
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